Desde la Ínsula

Destacado

Aquí estoy, me uno a la GRISOSFERA con mi blog “Ínsula Barañaria” (vaya titulito para esto de Internet, con acento en la primera mayúscula y una “ñ” en la segunda palabra…). Soy nuevo en estas lides blogueras, así que no sé cómo lo haré hasta que le vaya cogiendo el tranquillo al asunto…

Un puente hasta la ÍnsulaEl título, además de ser un guiño cervantino, se explica por mi lugar de residencia: Barañáin, un pequeño municipio cercano a Pamplona. Aquí es donde uno intenta tener su refugio y retiro, su lugar apartado del mundanal ruido: mi personal Ínsula Barañaria, un lugar tranquilo, salvo cuando se oyen las campanas tocando a rebato y alteran su paz los Guerreros de la Ínsula (que son solo dos, pero a veces parecen seis o siete). Ah, en la Ínsula hay también una Princesa, pero creo que no le gustará mucho que se hable aquí de ella… En la Ínsula Barañaria se han firmado ya los prólogos de algunos libros, y desde la Ínsula se irán escribiendo estas nuevas páginas.

Escudo de BarañáinEste será un blog fundamentalmente académico: se hablará aquí, con un “orden desordenado”, de literatura, de libros y lecturas, de autores clásicos y modernos (Cervantes, a la fuerza, habrá de estar presente); aparecerán citas y versos que alguna vez me han gustado; también tendrán cabida las investigaciones personales en curso y, cómo no, los proyectos del GRISO, etc., etc.

-Oiga, ¿y se hablará también de la vida?

-Sí, vida y literatura, literatura y vida van siempre unidas, y algo también se dirá en estas páginas acerca de la vida…

«Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos», de Federico Muelas

Vaya para este día de la Epifanía del Señor el sencillo «Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos» de Federico Muelas, autor conquense que ya se ha hecho presente en otras ocasiones en el blog con versos de sabor navideño[1].

Adoración de los Reyes Magos

—¡Baza de Reyes!,
canta el alcor.
—¡El alba!…
—María,
no es el alba, no.
Que son Baltasar,
Gaspar y Melchor,
los Magos de Oriente,
de la estrella en pos
para ver al Niño
que de ti nació.

Cantaban los gallos.
El alba entreabrió
su puerta dorada.
¡Aún dormía el sol![2]


[1] Pueden verse sus poemas «Por atajos y veredas» y «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero».

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 201. Añado una coma al final del v. 4.

«Epifanía», de Jorge Guillén

Es Noche de Reyes, noche de ilusión para chicos y grandes, y desde el blog la queremos celebrar compartiendo este poema de Jorge Guillén (Valladolid, 1893-Málaga, 1984) que canta la silenciosa adoración de los Reyes Magos a un Dios humanado que, al hacerse presente en el mundo, «viene a familia de obrero,  / sindicato de la madera».

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Llegan al portal los Mayores,
Melchor, Gaspar y Baltasar,
se inclinan con sus esplendores
y al Niño adoran sin cantar.

Dios no es rey ni parece rey,
Dios no es suntuoso ni rico.
Dios lleva en sí la humana grey
y todo su inmenso acerico.

El cielo estrellado gravita
sobre Belén, y ese portal
a todos los hombres da cita
por invitación fraternal.

Dios está de nueva manera,
y viene a familia de obrero,
sindicato de la madera.
El humilde es el verdadero.

Junto al borrico, junto al buey,
la criatura desvalida
dice en silencio: No soy rey,
soy camino, verdad y vida[1].


[1] Cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 201-201. En el v. 17 añado la coma final.

«De cómo María dice su sorpresa por el nacimiento del Niño y pregunta a José cómo ocurrió», de Carlos Murciano

Vaya para el día de Año Nuevo una hermosa composición de Carlos Murciano, poeta nacido en 1931 en Arcos de la Frontera (Cádiz) que ha cantado, muchas veces[1] y con mucha delicadeza, el tema poético de la Natividad del Señor. Buena prueba de ello la tenemos en este soneto incluido en La calle nueva (1965)  que lleva por título «De cómo María dice su sorpresa por el nacimiento del Niño y pregunta a José cómo ocurrió»:

portalnieve

José, sobre Belén está nevando.
No le queda a la noche ni un camino.
¿Y esta nieve pequeña cómo vino
tan sin sentir, si estábamos velando?

Estábamos los dos rezando, cuando
—¿o hablábamos, José?— se hizo más fino
el aire y, de repente, como un trino,
estaba ya sonando y encantando.

Dime, José… ¿O acaso tú tampoco
sepas cómo se puso el heno lleno
de nieve viva, aquí, bajo techado?

Dime, José, cómo le tengo y toco
y cómo fue desde mi seno al heno
y volvió desde el heno a mi costado[2].


[1] Véase, por ejemplo, su «Soneto para la madrugada de un seis de enero», o el «Romance viejo de la madre nueva», escrito al alimón con su hermano Antonio.

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 132.

«Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero», de Federico Muelas

Es Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974) un escritor que se acercó en repetidas ocasiones en sus versos al tema navideño. Entre su creación literaria se cuentan títulos como Rodando en tu silencio (1964), Los villancicos de mi catedral (1967) o Cuenca en volandas (1967). Ya en otra ocasión transcribí su hermosa composición «Por atajos y veredas». Hoy, para este día de Nochevieja, copiaré su «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero», de sencilla y hermosa formulación…

—Tomad, lana pobre…
—¿Qué dices, José?
—No fue en el aprisco
donde la esquilé.

Miradla, dorada
como el oro, tibia.
Reclinad en ella
al Niño, María.

Dejadlo en su mano
blanda, sin temor.
¡Y que a carpintero
huela el Redentor![1]

SanJose.jpg


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 246.

«De cómo al contemplar por vez primera los ojos de su hijo, nació una estrella nueva», de Luis Rosales

¡Aleluya, aleluya, ha nacido el Salvador!

El poema para el día de Navidad nos lo brinda en esta ocasión Luis Rosales, autor que cultivó con asiduidad los temas navideños. Se trata de un soneto perteneciente a su libro Retablo sacro del nacimiento del Señor (Madrid, Escorial, 1940). Como escribe Alicia María Raffucci de Lockwood,

Rosales se conforma, en la mayoría de los poemas, a los temas tradicionales de los villancicos de Navidad, pero añade otros temas nuevos que vienen a reiterar el tema de la paz y el descanso que el niño promete. Añade el tema de una nueva estrella que surge de la mirada de la Virgen a su hijo[1].

Nacimiento2.jpg

Este es el texto del soneto, en su versión revisada, con el título «De cómo al contemplar por vez primera los ojos de su hijo, nació una estrella nueva»:

Como un cendal la estrella fugitiva
se levantó en la luz de la mirada
con la extensión del agua sosegada
y el verde silencioso de la oliva.

En la dulce pupila pensativa
nació la luz y se encontró agraciada,
como crece el silencio en la nevada
y se funde en el mar la nieve viva.

Nació de aquel mirar nuestra alegría
—el humano mirar en cuyo vuelo
el silencio de Dios buscaba al hombre—,

y una estrella nació, la que aún nos guía,
la estrella de Belén que está en el cielo
como se forma en nuestra boca un nombre[2].


[1] Ver Alicia María Raffucci de Lockwood, «Luis Rosales», Cuadernos Hispanoamericanos, núms. 257-258, mayo-junio de 1971, pp. 489-520; la cita en la p. 511.

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 130. La versión original, bajo el título «Una nueva estrella», ofrece algunas diferencias significativas: en el v. 1 se añade una coma tras «Como un cendal»; en el v. 8 se lee «se funde» en vez de «descansa», y varían completamente los tercetos: «Quedó llena de luz la primavera, / los ojos donde nace la alegría / se unieron en tan cándida corriente, // que descansó el marino en la ribera, / perdido con la estrella que lucía / por vez primera en el azul doliente» (ver Raffucci de Lockwood, «Luis Rosales», pp. 511-512).

«Villancico de la nieve y el fuego», de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

La Virgen sueña caminos,
está a la espera.
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.

Vaya para celebrar esta Noche Buena el «Villancico de la nieve y el fuego», de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un breve poema, un romancillo con rima aguda en , que tiene en su sencillez la gracia de la mejor poesía tradicional.

Nacimiento

En la Noche Oscura
y el frío helador
alfombra de nieve
pisaba el Dolor.

La luna de plata
pide al Niño Dios:
—Por robarte el frío,
por darte el calor,
dígasme tú, el Niño,
¿cómo hiciera yo?

En la Noche Blanca
prodigios en flor:
Luna milagrera,
sonrisa de Dios,
estufas de nieve.
Divino Calor…

En la Noche Buena
sonrisa de Dios,
con besos de nieve
nacía el Amor[2].


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, p. 60.

 

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (y 14)

Como hemos podido apreciar a lo largo de sucesivas entradas, en esta comedia de El gobernador prudente de Gaspar de Ávila, que forma parte de la campaña de propaganda impulsada por la familia Hurtado de Mendoza (primero por el propio don García y, tras su muerte, por su hijo), destacan varios elementos: en primer lugar, el retrato del personaje —ya desde el título— como buen gobernante que, pese a su mocedad, actúa con prudencia, justicia, sabiduría, modestia y humildad[1]. En segundo término, encontramos la faceta bélica: los elogios de propios y extraños, españoles y araucanos, destacan continuamente su valor personal y sus dotes de mando militar, al tiempo que se pone de manifiesto su astucia, su sagacidad para descubrir el ardid de los araucanos (la falsa embajada de paz de Colocolo).

Don García Hurtado de Mendoza

En este retrato cobran importancia igualmente los elementos relacionados con la religión (don García es piadoso, actúa como un catequista con los indios y, al final, acaba equiparado a un santo). En suma, en esta obra panegírica de Gaspar de Ávila don García Hurtado de Mendoza es un personaje modélico y todas sus palabras y acciones conforman un compendio del buen gobernante. Diestro en armas y letras, este don García / San García es, como dijera Colocolo y recoge Bocafría en el ultílogo, el «piadoso vencedor» y el «gobernador prudente»[2].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para más detalles sobre la comedia que nos ocupa ahora, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.