Garcilaso de la Vega, príncipe de los poetas españoles

Como es sabido, la serena y elegante poesía de Garcilaso de la Vega (Toledo, 1501 o 1503-Niza, 1536) vino a renovar profundamente el panorama de la lírica española. Aquel valeroso soldado y poeta genial —prototipo perfecto del caballero renacentista— manejó con igual maestría la pluma y la espada, aunando en su persona las armas y las letras. Y si las heridas que recibió en una de sus acciones bélicas fueron causa de su muerte, su extraordinaria habilidad en el manejo de los metros y formas estróficas de origen italiano le legaron la inmortalidad eterna de la fama. Fama muy notable que alcanzó en fecha temprana.

Sus poesías no fueron publicadas en vida, sino que salieron juntamente con las de su amigo Juan Boscán, unos pocos años después de la muerte de ambos: Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega, repartidas en cuatro libros (Barcelona, Carles Amorós, 1543). Pronto los editores desligaron del conjunto los poemas de Garcilaso, que de esta forma —en un pequeño volumen dado a las prensas en Salamanca el año 1569— empezaron a correr su suerte en solitario. Perdida la compañía de los versos de Boscán, encontraron la de eruditos comentaristas: en efecto, la poesía garcilasiana mereció en seguida los mismos honores rendidos por los humanistas del Renacimiento a las grandes obras de la Antigüedad greco-latina, al ser editada con comentarios y anotaciones relativas a fuentes y procedimientos estilísticos. Así, debemos recordar las ediciones del catedrático salmantino Francisco Sánchez de las Brozas, el Brocense (1574) y la del poeta sevillano Fernando de Herrera (1580). Unas décadas después, en 1622, se uniría a estas la edición de Tomás Tamayo de Vargas. Así pues, no en vida, pero sí poco tiempo después de su muerte, Garcilaso se había convertido ya en un clásico.

Otra prueba de la fama de Garcilaso y de la extraordinaria difusión de su producción lírica la tenemos en el hecho de que desde fechas tempranas conociera también diversas versiones a lo divino (lo mismo sucedería más adelante con obras de Cervantes, Lope, Góngora o Quevedo). Los autores de estos contrafacta trataban de aprovechar el éxito de la poesía garcilasiana para aumentar la difusión del mensaje didáctico-moralizante que querían transmitir, convirtiendo los inmortales versos de amor profano del modelo en versos de amor divino. El más conocido de entre los contrafactistas de Garcilaso es Sebastián de Córdoba, con su Garcilaso a lo divino (1575); pero también podemos recordar el centón que Miguel de Andosilla y Larramendi —madrileño de ascendencia navarra— compuso y publicó bajo el título Cristo Nuestro Señor en la Cruz, hallado en los versos del príncipe de nuestros poetas, Garcilaso de la Vega, sacados de diferentes partes y unidos con ley de centones (Madrid, por la viuda de Luis Sánchez, 1628).

En sucesivas entradas de esta Ínsula de Letras iremos comentando algunos de los mejores sonetos del «príncipe de los poetas españoles» (así lo denominó su comentarista Fernando de Herrera),  y recordaremos también que Garcilaso fue armado caballero de Santiago… en la ciudad de Pamplona. Por hoy, nos limitamos a remitir, como recomendación para una primera aproximación a su figura, su vida y su obra, a la página web que le dedicó el Centro Virtual Cervantes con motivo del 500 aniversario de su nacimiento, «500 años de Garcilaso de la Vega».

Anuncios

7 pensamientos en “Garcilaso de la Vega, príncipe de los poetas españoles

  1. Copio aquí este comentario que muy amablemente me hace llegar vía mail Carmen Vaquero Serrano, experta conocedora de la vida y la obra de Garcilaso: “La imagen que has puesto de Garcilaso de la Vega -ya lo explicó el marqués de Laurencín en 1914- no corresponde al excelso poeta, que era caballero de Santiago, sino a otro caballero de la Orden de Alcántara. No hay más que mirar la cruz que lleva en el pecho. No es la de Santiago. La única imagen que puede acercarse a la verdadera de Garcilaso es la de su estatua funeraria, que puedes encontrar fácilmente en la red.” Efectivamente, puse para ilustrar la entrada garcilasista una imagen que tradicionalmente se da como retrato de Garcilaso, sin mayores comprobaciones, pero aquí queda hecha la corrección del error, corrección que agradezco mucho. Aprovecho, en fin, para recomendar (de entre los varios trabajos de Carmen Vaquero Serrano sobre Garcilaso) su excelente biografía y semblanza titulada Garcilaso, poeta del amor, caballero de la guerra, Madrid, Espasa, 2002.

  2. Pingback: Versionando a Garcilaso («Cuando me paro a contemplar mi estado») | Ínsula Barañaria

  3. Pingback: Dos evocaciones de Garcilaso por Rafael Alberti | Ínsula Barañaria

  4. Pingback: Otros dos sonetos de Garcilaso comentados (XXIII y XXXVIII) | Ínsula Barañaria

  5. Pingback: Garcilaso visto por Altolaguirre | Ínsula Barañaria

  6. Pingback: Tres sonetos de Garcilaso de la Vega (I, V y VIII) | Ínsula Barañaria

  7. Pingback: Tres sonetos más de Garcilaso (X, XIII y XV) | Ínsula Barañaria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s