José de Espronceda: retrato físico y carácter

Un buen retrato físico de José de Espronceda, el célebre poeta romántico, es el que nos dejó el dramaturgo José Zorrilla, que viene a coincidir con el de los pintores Manuel Arroyo y Antonio María Esquivel:

La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad. Su cara pálida por la enfermedad, estaba coronada por una cabellera negra, rizada y sedosa, dividida por una raya en medio de la cabeza y ahuecada por ambos lados sobre las orejas, pequeñas y finas, cuyos lóbulos inferiores asomaban en rizos. Sus cejas, negras, finas y rectas, doselaban sus ojos límpidos e inquietos, resguardados por riquísimas pestañas; el perfil de su nariz no era muy correcto… Su mirada era franca, y su risa, pronta y frecuente, no rompía jamás en descompuesta carcajada[1].

Retrato de José de Espronceda

Por lo que toca a su carácter, recordaré esta opinión de Felipe B. Pedraza Jiménez y Milagros Rodríguez Cáceres:

La sucinta relación biográfica que antecede pone de relieve el espíritu inquieto, aventurero, movedizo y bullidor del poeta. Una imagen mítica, pero algo alejada de la realidad, ha hecho de Espronceda el símbolo de comportamiento antiburgués, de la ruptura con los valores de la clase media. Creemos que es sacar las cosas de quicio. Su personalidad y su obra son, sin duda, el más fiel reflejo de la burguesía española de su tiempo[2].

En efecto, se creó en su época la leyenda de un personaje aventurero, tarambana y calavera; hay en ello algo de autenticidad, pero parece que se trata más bien de una pose romántica y bohemia. Esa falsa leyenda es debida en parte a las opiniones de Antonio Ferrer del Río, quien trazó la semblanza del poeta en su Galería de la literatura española (1846):

Impetuoso el cantor de Pelayo y sin cauce natural a su inmenso raudal de vida, se desbordó con furia gastando su ardor bizarro en desenfrenados placeres y crapulosos festines: a haber poseído inmensos caudales, fuera el Don Juan Tenorio del siglo XIX […]. Gallardo de apostura, airoso de porte y dotado de varonil belleza, le hacía aún más interesante la tinta melancólica que empañaba su rostro: cediendo a los impulsos de su corazón, centro de generosidad y nobleza, pudiera haber figurado como rey de la moda entre la juventud de toda ciudad donde fijara su residencia; mas, abrumado por sus ideas de hastío y desengaño, pervertía a los que se doblaban a su vasallaje. Hacía gala de mofarse insolente de la sociedad en públicas reuniones, y a escondidas gozaba en aliviar los padecimientos de sus semejantes; renegaba en la mesa de un café de todo sentimiento caritativo, y al retirarse solo, se quedaría sin un real por socorrer la miseria de un pobre. Cuando Madrid gemía desolado y afligido por el cólera morbo, se metía en casas ajenas a cuidar los enfermos y consolar los moribundos. Espronceda en su tiempo venía a ser una joya caída en un lodazal donde había perdido todo su esmalte y trocádose en escoria. Se hacía querer de cuantos le trataban y a todos sus vicios sabía poner cierto sello de grandeza: hace tres años y medio que le lloramos sus amigos; desde entonces luce de continuo sobre su sepulcro una guirnalda de siemprevivas[3].

También tuvo Espronceda fama de impío, de cínico (quizá por transposición a su persona de las características, acciones y palabras de algunos de sus personajes, como el don Félix de Montemar de El estudiante de Salamanca). El marqués de la Pezuela afirmó de él que fue un buscarruidos[4] y, de hecho, se recuerdan algunas travesuras proverbiales, como las protagonizadas por la célebre «Partida del Trueno». Pero, como ha escrito Alonso Cortés,

Patricio de la Escosura, íntimo amigo de Espronceda, conocedor perfecto de su persona y hechos, se encargó de desmentir en cuatro palabras la fama de impiedad, cinismo y vida desenfrenada que siguió al autor de El diablo mundo después de su muerte, y que fue originada en parte por los convencionales alardes románticos del mismo poeta, y en parte por la nociva admiración de algunos de sus amigos, románticos de tumba y hachero, que de ese modo creyeron darle una aureola más gloriosa. Con amplitud habló de este asunto José Cascales. De la bondad, generosidad y nobleza que encerraba el alma de Espronceda, están convencidos cuantos le conocieron[5].

Aunque extensa, merece la pena reproducir asimismo esta cita del propio Escosura:

Hubo una época de su vida en que el desdichado Espronceda, porque en amor se había engañado, y a más de una Jarifa después trató acaso duramente, aunque no tan mal como todas ellas lo merecían, llegó, no diré a creerse, pero sí a desear que el mundo le creyese un segundo Don Juan Tenorio; pero yo debo aquí declarar en voz muy alta, porque así me consta, porque así lo creo en conciencia, porque así cumple a la justicia a los muertos debida, porque, en fin, así lo exige la honra de un nombre que me interesa mucho como literato, más como español, y, más todavía que por todo eso, porque los nietos del autor de El estudiante llevan juntamente, y antes que el apellido de Espronceda, el de Escosura; debo declarar, repito, que no conozco, que no hay, que es imposible citar en la vida de mi caro amigo una sola circunstancia que le haga capaz del dictado de segundo Don Juan Tenorio, excepción hecha de su varonil apostura y de las muchas dotes que para ser amado tenía. Caballero a toda ley con hombres y mujeres, buen hijo, tierno padre, entrañable amigo, ¿dónde están los varones por él engañados?, ¿dónde las doncellas por él seducidas y burladas?, ¿cuáles son sus sacrílegas tropelías? —No se confundan, no, porque son cosas muy distintas, las pasiones ardientes, las calaveradas excéntricas, las frases tan temerarias como se quiera, y hasta las inconveniencias mismas de un mozo, por comunes infortunios amorosos excepcionalmente conducido a un estado de febril exaltación, con las perfidias galantes y las no envidiables hazañas de El Burlador de Sevilla. —Espronceda fue, y no me cansaré de repetirlo, más hipócrita del vicio y de la impiedad, que impío y vicioso realmente[6].

En fin, podríamos recordar igualmente el juicio de Robert Marrast[7], uno de los mejores conocedores del autor y su obra:

Hoy, a la luz de los documentos, y aclarados muchos hechos de la vida del poeta, sabemos que fue un hombre recto, honrado, siempre dispuesto a defender las ideas más generosas. No sólo fue el más auténtico representante en España de lo que se llama el romanticismo; también comparte con Larra la gloria envidiable de haber sido uno de los testigos más lúcidos de su tiempo[8].


[1] Citado por Ricardo Navas Ruiz, El Romanticismo español, 4.ª ed. renovada, Madrid, Cátedra, 1990, p. 225.

[2] Felipe B. Pedraza Jiménez y Milagros Rodríguez Cáceres, Manual de literatura española, vol. VI, Época romántica, Tafalla, Cénlit, 1982, p. 513.

[3] Citado por Narciso Alonso Cortés, Espronceda: ilustraciones biográficas y críticas, 2.ª ed., Valladolid, Librería Santarén, 1945, pp. 67-68.

[4] Citado por Alonso Cortés, Espronceda: ilustraciones biográficas y críticas, p. 55.

[5] Alonso Cortés, Espronceda: ilustraciones biográficas y críticas, p. 55.

[6] Citado por Alonso Cortés, Espronceda: ilustraciones biográficas y críticas, pp. 68-71.

[7] Citado por Pedraza Jiménez y Rodríguez Cáceres, Manual de literatura española, vol. VI, Época romántica, p. 515. Robert Marrast es autor de una importante monografía, que puede leerse en español: José de Espronceda y su tiempo. Literatura, sociedad y política en tiempos del Romanticismo, trad. de Laura Roca, Barcelona, Crítica, 1989.

[8] Esta entrada está extractada de la introducción a José de Espronceda, El estudiante de Salamanca, ed. de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, Madrid, Cooperación Editorial, 2005 (col. Clásicos Populares, 14). Considérese, por tanto, el texto como coautoría de Insúa y Mata.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s