El paso de Lope de Vega por Alcalá de Henares

Como bien señalan Rennert y Castro, «Toda esta primera parte de la vida de Lope está todavía envuelta en la más profunda oscuridad»[1]. Tal confusión tiene que ver, por ejemplo, con los muy probables —pero no seguros— estudios universitarios de Lope en Alcalá de Henares, cuestión que ha sido muy debatida.

Universidad de Alcalá de Henares

Ciertamente, no quedan pruebas documentales de su paso por las aulas complutenses (al menos, su nombre no aparece consignado en los registros y libros de matrículas de los años 1572-1584), pero parece que podemos dar por buenos esos estudios pues Lope los menciona en muchas ocasiones, por ejemplo en su Epístola al doctor Gregorio de Angulo, incluida en  La Filomena:

Criome don Jerónimo Manrique,
estudié en Alcalá, bachillereme,
y aun estuve de ser clérigo a pique;

cegome una mujer, aficioneme,
perdóneselo Dios, ya estoy casado;
quien tiene tanto mal, ninguno teme.

Los versos del primer terceto aluden tanto a su paso por la Universidad de Alcalá como a la protección de don Jerónimo Manrique de Lara, obispo de Cartagena, que con el tiempo lo sería de Ávila. Los del segundo, al abandono de tales estudios por el hecho de haberse enamorado ciegamente de una mujer. Pero vayamos por partes…

Podemos imaginar que, tras la muerte del padre en 1578, la economía familiar se habría resentido bastante y que hubieron de buscar alguna ayuda para su mantenimiento. Pues bien, son numerosos pasajes de su obra en los que Lope alude a la bondad y agradece la protección del obispo Jerónimo Manrique, al que siempre recordaría con cariño. Así, por ejemplo, en su dedicatoria al duque de Maqueda de la comedia Pobreza no es vileza:

Crieme en servicio del ilustrísimo señor don Jerónimo Manrique, obispo de Ávila y Inquisidor general, uno de los príncipes que ha tenido esa clara sangre, en el estado eclesiástico […] y cuantas veces me toca al alma sangre Manrique, no puedo dejar de reconocer mis principios y estudios a su heroico nombre, como en tantas partes se conoce mi agradecimiento.

Y también en otra ocasión escribe:

Serví al obispo mi señor don Jerónimo Manrique […]. El amor que le tuve fue inmenso, las obligaciones iguales, las pocas letras que tengo le debo.

Cabe suponer que fue gracias a su apoyo económico como pudo ir Lope a estudiar a la Universidad de Alcalá, aunque no hay mucha seguridad sobre las fechas. Según algunos biógrafos, se habría matriculado hacia 1577, cuando contaba unos quince años, para permanecer allí cuatro años, saliendo hacia 1581-1582. Otros autores reducen el tiempo de permanencia en Alcalá y señalan que posiblemente estudió allí los años 1580-1582. Pérez de Montalbán relata su acomodo con don Jerónimo Manrique y la entrada en la universidad de la antigua Compluto tras la escapada por tierras castellanas y leonesas:

Luego que llegó a Madrid, por no ser su hacienda mucha y tener algún arrimo que ayudase a su lucimiento, se acomodó con don Jerónimo Manrique, obispo de Ávila, a quien agradó sumamente con unas églogas que escribió en su nombre, y con la comedia La pastoral de Jacinto, que fue la primera que hizo de tres jornadas, porque hasta entonces la comedia consistía solo en un diálogo de cuatro personas que no pasaba de tres pliegos; y destas escribió Lope de Vega muchas, hasta introducir la novedad de las otras. Para que sepan todos que su perfección se debe solo a su talento, pues las halló rústicas y las hizo damas, y cuantos después acá las han escrito (aunque alguno bárbaramente lo niegue) ha sido siguiéndose por esta pauta […] Los aplausos que se le siguieron con el nuevo género de comedias fueron tales, que le obligaron a proseguirlas con tan feliz abundancia que en muchos años no se vieron en los rótulos de las esquinas más nombres que el suyo, heroicamente repetido. Mas pareciéndole que sería importante saber de raíz la filosofía para no hablar en ella acaso (desgracia que sucede a muchos), hizo elección de la insigne Universidad de Alcalá, donde cursó cuatro años, hasta graduarse, siendo el más lucido de todos sus concurrentes, así en las conclusiones como en los exámenes.

Si damos por bueno el carácter autobiográfico del personaje de don Fernando en La Dorotea, a esos estudios complutenses aludiría este pasaje en el que conversa con Dorotea y Felipa:

Yo, señoras, la que habla y la que no habla, nací de padres nobles, en este lugar, a quien dejaron los suyos poca renta; mi educación no fue como de príncipe, pero con todo eso quisieron que aprendiese virtudes y letras: enviáronme a Alcalá de diez años, con el que está presente [Julio], que tendría entonces veinte, para que me sirviese de ayo y de amigo, como lo ha hecho con singular amor y lealtad… De la edad que digo ya sabía yo la Gramática y no ignoraba la Retórica. Descubrí razonable ingenio, prontitud y docilidad para cualquiera ciencia; pero para lo que mayor le tenía era para los versos, de suerte que los cartapacios de las liciones me servían de borradores para mis pensamientos, y muchas veces las escribía en versos latinos o castellanos. Comencé a juntar libros de todas letras y lenguas, que después de la griega y ejercicio grande de la latina, supe bien la toscana y de la francesa tuve noticia… Murieron mis padres y un solicitador de su hacienda cobró lo que pudo y pasose a las Indias, dejándome pobre.

Como decíamos, no hay datos para corroborar de forma fehaciente las fechas de permanencia en Alcalá y la hipotética culminación de los estudios. Pérez de Montalbán dice que «cursó cuatro años, hasta graduarse»; el propio Lope, en la cita antes transcrita, escribe «bachillereme». Sin embargo, lo más probable es que no llegase a concluir ningún estudio, aunque los que siguió estarían sin duda relacionados con la posibilidad de ingresar en el estado eclesiástico (lo que parece indicar el citado verso «y aun estuve de ser clérigo a pique»). Alcalá era una ciudad en la que bullía el ambiente estudiantil, y sin duda el tumultuoso Lope gustaría mucho más de la libre vida estudiantil, con sus juergas y francachelas, que de las aulas y los estudios.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011.

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