Semblanza de Ángel María Pascual (1911-1947)

Ángel María Pascual[1], nacido en Pamplona en 1911, fallecido en 1947, fue, ante todo, periodista. Como se ha señalado, en sus varios trabajos como articulista, dibujante y diseñador tipográfico en Diario de Navarra, Arriba España de Pamplona y la revista Jerarquía se encuentra la base de su producción literaria. Él mismo escribió a este respecto: «Yo veo la literatura a través de los oficios humildes y gloriosos de la tipografía y del periodismo». En efecto, después de afiliarse a Falange, fue fundador y director de Arriba España, y editor y artífice asimismo de Jerarquía. Desempeñó además otros cargos públicos: Delegado provincial de Educación Nacional de Navarra, Jefe provincial del Sindicato del Papel, Prensa y Artes Gráficas, Presidente de la Asociación de la Prensa de Pamplona, director de la Hoja del Lunes, concejal y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Pamplona. Como periodista, mantuvo diversas secciones, por ejemplo en Diario de Navarra «Cymbalum Mundi» y «Tijerefonemas»; otra destacada columna suya fue «Silva curiosa de historias» (de 1931 a 1937). Colaboró en El Español con la sección «Cartas de Cosmosia», que son «breves artículos de actualidad vistos y tratados desde el prisma de una pequeña capital de provincia»[2]. Colaboró además en numerosas publicaciones: Juventud, Estafeta Literaria, Vida Vasca, Vértice, Santo y Seña y La Voz de España de Santiago de Chile.

Ángel María Pascual

Sus principales títulos literarios son Amadís (Madrid, Espasa Calpe, 1943), novela de tendencia anti-realista en la que acomoda el mito literario caballeresco a la historia coetánea (José Antonio Primo de Rivera es equiparado a Amadís); Don Tritonel de España (Bilbao, Departamento de Propaganda. Frente de Juventudes SEU, 1944); Capital de tercer orden. Versos del amor de disgusto (1947, con una segunda edición de 1971 y otra más reciente, en el año 1997, a cargo del Gobierno de Navarra); y ya póstumos: Catilina. Una ficha política (1948, con reedición de Barcelona, Sirmio, 1989); San Jorge o la política del dragón (1949, reeditada hace unos años junto con Eugenio o Proclamación de la primavera de Rafael García Serrano, Madrid, Fundación Editorial San Fernando, 1995); Glosas a la ciudad (Pamplona, Morea, 1963), que es una recopilación de artículos periodísticos de Arriba España escritos entre octubre de 1945 y abril de 1947 con semblanzas, recuerdos, paisajes, evocaciones nostálgicas, etc.; y Silva curiosa de historias (Pamplona, Pamiela, 1987), con introducción y selección de Miguel Sánchez-Ostiz. También es autor de una traducción del tratado De monarchia de Dante (Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1947). En los últimos años el Gobierno de Navarra está publicando —con estudios preliminares de Miguel Sánchez-Ostiz— las obras completas de este interesante, cuanto poco conocido, autor pamplonés, que incluso cuando desciende al terreno del panfleto de propaganda política —caso del Don Tritonel de Españaconserva en su prosa rasgos de buena literatura.

Es esta una curiosa obra de Pascual publicada como número 10 de una colección llamada «Ediciones para el bolsillo de la Camisa Azul». Comienza calcando las técnicas y estructuras narrativas de los viejos libros de caballerías: se refiere en ella la educación del niño Tritonel, que fue encontrado en el agua, dentro de un tonel, por el ermitaño Beltenebros, que antes había sido caballero y ahora vive en una isla deshabitada. Los consejos del anciano se mezclan con diversas reflexiones y evocaciones de la España imperial, cuyo espíritu trata de recuperar la Falange, de forma que el librito pronto degenera en panfleto político. Por su corta extensión podría ser una novela corta, pero es obra difícil de clasificar desde el punto de vista genérico —lo mismo que Amadís—, situada entre la literatura y la política.

De mucha mayor calidad literaria son sus Glosas a la ciudad (1963). Escribe Miguel Sánchez-Ostiz:

Los motivos de los escritos literarios de Pascual son los hechos más anodinos de la realidad cotidiana, los más intrascendentes o los más relevantes, mostrados siempre desde su cara oculta. […] Todo lo que en sus primeros artículos e incluso en su Amadís era una mezcla de clasicismo y barroco, con mayor predominio de este segundo, se transforma en sencillez en las glosas; una sencillez que no renuncia a la riqueza del lenguaje, a la descripción exacta, al detalle minucioso y a un lirismo nada banal, alcanzando la intensidad del poema en prosa. Pecarán a veces, si se quiere, de una nostalgia complaciente hacia un mundo amable, mucho más amable que la época concreta en que estas glosas fueron escritas; pero también expresan el deseo de una ciudad mejor, de una sociedad mejor. Podrá mostrarse irónico, humorístico, mordaz o melancólico o entusiasmado hacia las cosas y las gentes de su ciudad; pero al fondo […] siempre está la «Capital de tercer orden» que Pascual quiso mejorar[3].

En 1987 la editorial Pamiela publicó otra selección de artículos periodísticos de Pascual titulada Silva curiosa de historias, coincidiendo con la celebración de unas Jornadas (los días 14-17 de diciembre de ese año) con motivo del 50 aniversario de su muerte. Estas silvas son, en opinión de nuevo de Sánchez-Ostiz,

historias «inéditas y antiguas» de Pamplona, de los siglos XVI al XIX, que componen un mosaico de los oficios, las devociones, los afanes, las diversiones, los grandes y pequeños acontecimientos que dejaron su huella en los legajos, los personajes de primer y segundo orden, los hechos de armas de la ciudad, unas viñetas escritas en un estilo voluntariamente anacrónico, paródico de un lenguaje arcaico y llenas de humor[4].

Asimismo cabe destacar el interés de la poesía de Ángel María Pascual. Su poemario Capital de tercer orden constituye un retrato de una ciudad provinciana, cuya vida anodina y gris va quedando reflejada en los versos de estos poemas («Consumos», «La calle», «Café», «Melopea parda», «Mercado», «Un balcón», «Urinario», «Novillada», «Hotel», «Pesadilla», «Casas baratas», «Vitrina de fotógrafo», «Soledad», «Casino», «Entierro», «Juerga», «Viático en el suburbio», «Jardín público» y «Estación»). Las composiciones van precedidas de la siguiente indicación: «Cualquier coincidencia con una ciudad existente es siempre casual», y el libro se cierra con un poético —y desengañado— «Envío». El citado Sánchez-Ostiz, en su estudio preliminar a la reedición del poemario, ha señalado que los poemas de Capital de tercer orden son menos formales y culturalistas y más decididamente prosaístas que otros inéditos suyos:

Son distintos a cuanto había publicado Pascual hasta entonces y una vez más, imagino, habrían chocado con toda seguridad en la Pamplona de 1947. Resultaban sobrecogedores por su desesperanza, por su amargura, por su dolor de fondo, por la crudeza con que nombra las cosas en apariencia quietas del mundo entorno, por el desconcierto del poeta que sostiene esos versos[5].

Reproduzco un fragmento de «Melopea parda», que refleja el ambiente de una ciudad —Pamplona o cualquier otra de la primera posguerra— gris y llena de tedio:

Es la hora indecisa. Pronto los gatos pardos
y los cerros pardos
y los tejados pardos
y los mendigos pardos.
Todo es pardo.

Viste de pardo el tardo labriego
y el santero que lleva un Niño milagrero
y el peregrino que canta su «Deogracias»
nocherniego.
Todo es pardo.

[…]

Junto a la última farola crece un cardo.
Color de miseria, nacional tabardo.
Todo es pardo.
pardo, pardo, pardo, pardo, pardo.


[1] Ver para más detalles el trabajo de Juan María Lecea Yábar, «Ángel María Pascual (1911-1947)», Príncipe de Viana, septiembre-diciembre de 1998a, año LIX, núm. 215, pp. 859-874.

[2] Miguel Sánchez-Ostiz, en Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1990, vol. IX, p. 45.

[3] Sánchez-Ostiz, en Gran Enciclopedia Navarra, vol. IX, pp. 46-47.

[4] Sánchez-Ostiz, en Gran Enciclopedia Navarra, vol. IX, p. 47.

[5] Sánchez-Ostiz, prólogo a Ángel María Pascual, Capital de tercer orden, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1997, p. 16.

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