Cronología y semblanza de Miguel de Unamuno (1864-1936)

1864 Nace en Bilbao[1].

1880 Inicia su labor literaria y periodística en España Moderna y Los lunes de El Imparcial.

1891 Catedrático de griego en la Universidad de Salamanca, de la que llegará a ser Rector.

1895 Publica En torno al casticismo, recopilación de ensayos.

1897 Paz en la guerra.

1902 Amor y pedagogía.

1905 Vida de don Quijote y Sancho.

1907 Poesías.

1911 Rosario de sonetos líricos.

1913 Del sentimiento trágico de la vida.

1914 Niebla (nivola).

1916 Aparecen los tres primeros volúmenes de Ensayos, de los siete publicados por la Residencia de Estudiantes entre ese año y 1918.

1917 Abel Sánchez.

1920 El Cristo de Velázquez. Tres novelas ejemplares y un prólogo.

1921 La tía Tula.

1922 Andanzas y visiones españolas.

1923 Rimas de dentro.

1924 Teresa (poesía). Fedra (teatro). Es confinado en Fuerteventura (Canarias) y después desterrado a París y Hendaya por sus críticas a la dictadura del general Primo de Rivera.

1925 De Fuerteventura a París (poesía).

1926 Cómo se hace una novela.

1928 Romancero del destierro (poesía).

1930 Regresa a España.

1931 La agonía del cristianismo. San Manuel Bueno, mártir.

1932 El otro (teatro).

1933 La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez.

1934 El hermano Juan (teatro).

1936 Rompe con el franquismo en la apertura del curso académico 1936-1937 de la Universidad de Salamanca. Acaba su Cancionero el día de los Inocentes, justo tres antes de sobrevenirle la muerte, en Salamanca.

 Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936) es uno de los intelectuales más importantes de todo el siglo XX. En su persona se mezclan las facetas de literato, pensador y hombre público, con reiterados intentos de intervención en la vida española desde las columnas periodísticas, la cátedra universitaria y la actividad política. Como literato, cultivó diversos géneros, aunque toda su producción queda unificada por una profunda impronta filosófica que caracteriza aun a sus textos líricos.

Piezas de tono más ensayístico son En torno al casticismo (1895), cinco artículos en los que Unamuno expone sus ideas regeneracionistas para España; Vida de don Quijote y Sancho (1905), una interpretación personal del inmortal libro de Cervantes, con profundas reflexiones sobre «lo español» y el alma de España, entreveradas de un marcado tono poético; Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913), donde, haciendo gala de un rico bagaje de lecturas filosóficas, muestra su obsesión por la inmortalidad personal, por eternizarse, y reflexiona sobre la existencia de Dios y la fe, para terminar proclamando desde su agnosticismo un «escepticismo salvador»; Como se hace una novela (1926) está entre el relato y el libro de memorias: es una especie de novela autobiográfica que recoge la experiencia del destierro, a través de un personaje, Jugo de la Raza, que es fiel trasunto del autor; en fin, La agonía del cristianismo (1931) constituye una especie de historia interna del sentimiento cristiano en la que expone su idea de que el cristianismo es una agonía, en el sentido etimológico de esa palabra griega, que significa ‘lucha’.

Sus libros de viajes son Por tierras de Portugal y España (1911) y Andanzas y visiones españolas (1912), dos obras en las que nos transmite la emoción del paisaje castellano, o mejor, hispano-lusitano. Como otros noventayochistas nacidos en la periferia del país, Unamuno descubre en Castilla un paisaje trascendido y trascendente, que no es puramente físico, sino capaz de elevar el espíritu.

La producción narrativa de Unamuno es muy importante, hasta el punto de haber sido considerado el primer narrador existencialista moderno. El escritor bilbaíno es el creador del género que denominó nivola, esto es, algo similar a la novela, pero concebida como un vehículo para exponer sus reflexiones y plasmar la agonía de la vida, que es sueño, sombra, niebla… En estas obras, los personajes son proyecciones del autor, porque para Unamuno toda novela es autobiografía. Más que la peripecia externa, predomina en ellas el diálogo y el monólogo; son obras, por tanto, de acción interior, eminentemente líricas y subjetivas, no exentas de un humor cáustico. Paz en la guerra (1897) recoge sus experiencias del bombardeo de Bilbao por los carlistas en 1874; el personaje Pachico Zabalbide es un alter ego del Unamuno niño. Amor y pedagogía (1902) constituye una cruda burla del cientifismo positivista, mientras que Abel Sánchez. Una historia de pasión (1917) es una revisión del sentimiento cainita (la envidia, la rivalidad, el odio…), tan arraigado en España, una tierra donde la premisa es «odia a tu prójimo como a ti mismo». La tía Tula (1921) narra el drama personal de Gertrudis, mujer que entabla una dura lucha entre su profunda aversión a la sexualidad, al deseo físico, y su exacerbado instinto de maternidad.

Párrafo aparte merecen otras dos novelas, Niebla (1914) y San Manuel Bueno, mártir (1931). La primera describe el despertar de la personalidad de un individuo, Augusto Pérez, que vive en una nebulosa sentimental y llega a dudar de su identidad; el relato alcanza su clímax en la entrevista del personaje con Miguel de Unamuno, en la que descubre que solo es un ente novelesco –nivolesco–, que va a morir porque así lo quiere el autor. La idea fundamental es que tanto los hombres como los personajes literarios son aniquilados en el momento en que alguien (Dios, en un caso, el escritor, en otro) deja de soñarlos. La segunda plantea uno de los grandes temas unamunianos, el de la fe. La historia del sacerdote don Manuel, que no tiene fe, pero que mantiene el engaño para no perjudicar la salud espiritual de sus parroquianos, es un compendio de las preocupaciones de Unamuno. Es una novela breve pero muy enjundiosa, altamente simbólica y perspectivística, con distintos planos de narración.

Unamuno escribió además otras novelas cortas: Tulio Montalbán y Julio Macedo, La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez, Un pobre hombre rico, El sentimiento cómico de la vida… Publicó asimismo varios poemarios: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920), Rimas de dentro (1923), Teresa (1924), De Fuerteventura a París (1925), Romancero del destierro (1928) y Cancionero (obra póstuma, 1953). En cuanto a su teatro, ha tenido poco éxito porque son los suyos unos dramas estáticos que nacen, por así decir, muertos para la escena: en efecto, al igual que las novelas, son un mero vehículo para la expresión de conflictos religiosos y existenciales (por eso, en vez de dramas los llamó drumas); en ellos la acción queda reducida a lo esencial, siendo patente la huella del teatro simbólico conceptual de Ibsen (ideas abstractas encarnadas en personajes). Este apartado de su producción incluye dos dramas de la crisis de 1897: La esfinge y La venda, que versan sobre el tema la fe; piezas cortas como La princesa doña Lambra o La difunta, Fedra (1924), versión libre del Hipólito de Eurípides; Soledad (1921), que presenta de nuevo la idea de la maternidad frustrada; Raquel encadenada; y los denominados dramas de la personalidad: El pasado que vuelve, Sombras de sueño (1931), El otro (1932), El hermano Juan o El mundo es teatro (1934). Para completar su producción, a lo anterior habría que sumar sus artículos periodísticos, sus cuentos y otras obras menores.

Es difícil resumir en pocas palabras el rico pensamiento unamuniano, tan complejo como su agónica personalidad. Es un pensamiento cuasi-filosófico, que usa la contradicción como método: de ahí los juegos de palabras y las dilogías tan frecuentes en sus textos. El mayor drama de Unamuno fue que, deseando creer, no podía creer. Tuvo «hambre de inmortalidad»; en el fondo imperaba en él el deseo de rebelarse contra la nada, contra el no ser, contra la muerte. Unido al conflicto religioso está el problema de la personalidad: la lucha entre el yo externo que perciben los demás y el yo íntimo de cada uno, la dualidad escindida entre el ser y el parecer, etc. Se comprende, por tanto, la angustia existencial de Unamuno, quien defiende la existencia como valor supremo. No hay que olvidar tampoco el tema de España, en el que recibió el influjo de Costa. Como buen regeneracionista, fue un agitador de conciencias, tanto en el plano político (su militancia socialista) como en el existencial. Los principales temas unamunianos son la paternidad como sombra de la inmortalidad; el sueño de la vida y de la muerte (nacer es morir y morir es nacer); el otro; el mito de Caín, el de don Juan…


[1] Texto extractado de José del Guayo y Lecuona y Carlos Mata Induráin, Los autores del 98 en la Biblioteca del Nuevo Casino de Pamplona. Catálogo de la exposición bibliográfica del Nuevo Casino de Pamplona. Noviembre de 1998, Pamplona, Nuevo Casino de Pamplona, 1998.

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Un pensamiento en “Cronología y semblanza de Miguel de Unamuno (1864-1936)

  1. A mi sí me gusta su teatro, creo que intenta renovar el teatro con un teatro de ideas, posiblemente difícil de representar, pero sugerente y profundo. Nada en Unamuno es lo que debería, sus novelas son a veces monólogos interiores, o diálogos, su poesía es filosofía y su teatro es debate, incluso político o histórico, pero a tener muy en cuenta, incluso abunda en “arquetipos” muy españoles como Cain y Abel o Don Juan o de tragedia griega, cosa que también hará Lorca pero menos intuitivo que éste y más cerebral y denso. Otra cosa a tener en cuenta es su carcajeante teatro de humor, poco estudiado. Creo que no ha encontrado su director escénico.

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