Cervantes poeta: sonetos de Erastro y Timbrio

Sigo comentando sonetos insertos en la prosa de La Galatea. En el primero de ellos, el yo lírico, cuya voz corresponde a Erastro, pondera su voluntad de seguir amando, su constancia amorosa, pese a las dificultades que encuentra: caminos ásperos, noche cerrada, oscura y fría, falta de fuerzas, cercanía de la muerte. A pesar de todo, tiene fe para seguir firme su difícil camino, calificado como «estrecha vía» (v. 6). El primer terceto introduce una alegoría muy grata a Cervantes, la de la vida (en particular la vida amorosa) como navegación: en medio de los peligros del mar, y puesto casi al borde de la muerte («morir me veo», v. 5), el yo lírico espera llegar a un puerto seguro de salvación, siendo su fe amorosa la luz que le guía, a modo de faro, en la oscuridad.

Por ásperos caminos voy siguiendo
el fin dudoso de mi fantasía,
siempre en cerrada noche escura y fría
las fuerzas de la vida consumiendo.

Y, aunque morir me veo, no pretendo
salir un paso de la estrecha vía;
que en fe de la alta fe sin igual mía,
mayores miedos contrastar entiendo.

Mi fe es la luz que me señala el puerto
seguro a mi tormenta, y sola es ella
quien promete buen fin a mi viaje,

por más que el medio se me muestre incierto,
por más que el claro rayo de mi estrella
me encubra amor, y el cielo más me ultraje.

(La Galatea, Libro V, en Obras completas, ed. Sevilla Arroyo, p. 108a)

En el segundo soneto de hoy, es Timbrio quien pondera su constancia amorosa, su esperanza bien fundada, su firmeza en el amor: su sentimiento, afirma, no sufrirá ningún cambio, y antes se acabará su vida que su confianza. La piedra de toque para el pecho enamorado es el tormento, y él sigue constante pese a todos los peligros, simbolizados aquí en los monstruos marítimos Scila y Caribdis.

Scila y Caribdis

Encontramos, pues, de nuevo la consideración del amor como una peligrosa navegación, en medio de la tormenta, de la que solo se salvan los que tienen la constancia y la fe de llegar a seguro puerto. Cabe destacar además el hermoso remate del soneto, con dos bellos versos bimembres y la paronomasia de mar / amor.

Tan bien fundada tengo la esperanza,
que, aunque más sople riguroso viento,
no podrá desdecir de su cimiento:
tal fe, tal fuerza y tal valor alcanza.

Tan lejos voy de consentir mudanza
en mi firme amoroso pensamiento,
cuan cerca de acabar en mi tormento
antes la vida que la confianza.

Que si al contraste del amor vacila
el pecho enamorado, no meresce
del mesmo amor la dulce paz tranquila.

Por esto el mío, que su fe engrandece,
rabie Caribdis o amenace Cila,
al mar se arroja y al amor se ofresce.

(La Galatea, Libro V, en Obras completas, ed. Sevilla Arroyo, p. 109a-b)

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