Apunte de urgencia sobre Camilo José Cela (1916-2002)

Nacido en Iria Flavia-Padrón (La Coruña, 1916), Camilo José Cela es una de las grandes figuras de la literatura española del siglo XX y un clásico de las letras hispánicas. La crítica considera que su primera novela, La familia de Pascual Duarte (1942), escrita a los veintiséis años, inaugura la narrativa española de posguerra. Es un libro de hondo pesimismo, que se detiene en los aspectos crueles y amargos de la existencia del protagonista. Por esta razón fue catalogada como novela tremendista, esto es, novela que gusta de presentarnos una vida desquiciada y violenta, sin ocultar ciertos hechos desagradables o incluso repulsivos. Tres este sonoro éxito publicó dos nuevos títulos, Pabellón de reposo (1943) y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944).

Camilo José Cela

La colmena (1951) es otra de sus novelas más exitosas, que al no superar los problemas de la censura española hubo de publicarse en Buenos Aires. Con técnica pretendidamente realista y objetiva, el autor nos muestra «un trozo de la vida» madrileña de posguerra, «trozo» organizado por medio de secuencias independientes (como las celdas de una colmena), y que cobran vida gracias a un nutrido grupo de personajes que actúan a modo de protagonista colectivo. Al autor le siguen interesando, en esta obra, ciertos rasgos de la dureza de la vida: el hambre, el miedo, la anulación sexual.

Los siguientes títulos de Cela son Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953), La catira (1955), Tobogán de hambrientos (1962), San Camilo 1936 (1969), Oficio de tinieblas 5 (1973); y ya en los años 80 y 90, Mazurca para dos muertos (1983), Cristo versus Arizona (1988), El asesinato del perdedor (1994), La cruz de San Andrés (1994, Premio Planeta de ese año) y Madera de boj (1999).

Su extensa obra se completa con varios volúmenes de cuentos y «apuntes» diversos (Esas nubes que pasan, 1945; El bonito crimen del carabinero, 1947; El gallego y su cuadrilla, 1949; Nuevo retablo de don Cristobita, 1957; Once cuentos de fútbol, 1963; Rol de cornudos, 1976, y varios títulos más, hasta sus Historias familiares, 1999), numerosos libros de viajes (Viaje a la Alcarria, 1948; Del Miño al Bidasoa, 1952; Viaje al Pirineo de Lérida, 1965; Nuevo viaje a la Alcarria, 1986), novelas cortas (Café de artistas, 1953), artículos (coleccionados en volúmenes como Mesa revuelta, 1945; Cajón de sastre, 1957; Los vasos comunicantes, 1981; A bote pronto, 1994; El color de la mañana, 1996), poemarios (desde Pisando la dudosa luz del día; 1936, hasta Reloj de arena, reloj de sol, reloj de sangre, 1989; su Poesía completa fue recogida 1996) y libros de memorias (La rosa, 1959; Memorias, entendimientos y voluntades, 1993). También cultivó el teatro, y cuenta en su haber asimismo con obras de carácter lexicográfico y adaptaciones de clásicos literarios españoles (Poema de mío Cid, La Celestina o El Quijote).

Cela ha sido novelista de muy variados registros, poco amigo de seguir una línea única; antes al contrario, optó siempre por la indagación y la búsqueda de nuevas formas narrativas, incluso experimentales como en San Camilo 1936 o Cristo versus Arizona. Es, sin duda alguna, un escritor cuya obra —y cuya personalidad— ha generado opiniones contrapuestas, y que solo a muy pocos puede dejar indiferentes. La calidad de sus escritos se vio confirmada en 1989 con la concesión del Premio Nobel de Literatura, al que hay que sumar otros importantes galardones como el Premio Planeta (1994) y el Premio Cervantes (1995).

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4 pensamientos en “Apunte de urgencia sobre Camilo José Cela (1916-2002)

  1. Carlos: gracias por la reseña biográfica de Camilo José Cela. Para mí, era un buen escritor (no genial), un provocador en términos intelectuales, pero como persona dejaba mucho que desear. La ética del individuo no desmerece la estética lograda de la obra, pero algunas cosas (no hablo de textos) que hizo (y cómo las hizo) en vida resultan irritantes o de plano repulsivas. Recomiendo la biografía de Ian Gibson, que da una idea bastante completa de su recorrido vital. La leí hace unos años, tras haber leído y admirado el arte de Cela en obras como “La familia de Pascual Duarte” y “La colmena”, y mi visión de él se enriqueció sustancialmente. Cela es un ejemplo, en todo caso, de cómo se puede ser un escritor de valía y, a la vez, una persona no del todo agradable.

    • Te refieres, Fernando, a este trabajo: Ian Gibson, Cela, el hombre que quiso ganar, Madrid, Aguilar, 2003. No he leído esta biografía, pero trasteando ahora por Internet, por pura curiosidad, encuentro algunas reseñas y entrevistas al autor sobre la publicación de este libro. Por lo demás, sí, en Cela (y en otros autores…) por un lado va el hombre y por otro el escritor. En efecto, la genialidad o el buen hacer como literato no tiene necesariamente que ir de la mano con la bonhomía…

  2. Creo que Cela fue justamente un Nóbel español que sabía utilizar el lenguaje magistralmente y lo recreaba, más el clásico, como el de una nueva picaresca , incluso de una manera artificiosa, o sea literaria, Me interesa , además, su experimentación con el arte de novelar y tambiém cómo utiliza el personaje colectivo, por ejemplo en “La colmena”. No cae en la novela social, la supera. novela, a veces tremendista como una pintura negra de Goya o de Solana. Hacer un juicio crítico de sus aportaciones a la novela del XX sería no complicado.Por supuesto fue bueno. Otra cosa distinta es hablar de su papel de dinamizador, o provocador, de la cultura de su época. Tuvo algo d “epatar al burgués” aunque él lo fuera, incluso disfrutara siéndolo y refutando rojos, aunque es cierto que ” Papeles de Son Armadans”fue un puente con los escritores del exilio. Como Dalí, creó su propio personaje, un poco histriónico que no resta mérito, aunque emborrona su figura pública. Muerto él, como en todo escritor, queda su obra. Buen novelista. Mal poeta. No juzgaré su moral, aunque indudablemente no encajará en los biografíados por Gibson, su signo fue contrartio.

  3. Lo del lenguaje es muy cierto. Su “Diccionario secreto” es una rica fuente lexicográfica, todavía útil, que evidencia la amplitud de sus lecturas. Igualmente, “Papeles de Son Armadans” cumplió un rol fundamental para abrir el espectro cultural en la península. De hecho, hay que admitir que, en términos personales, la revista le significó una proyección internacional muy importante y podría decirse que allí empezó su carrera hacia el Nobel. El título de la biografía de Gibson sintetiza bien los intereses de Cela: ganar, ser el mejor, a toda costa. Cosa que no tiene nada de malo, pero digamos que el énfasis en exaltar esa competitividad (que Cela destilaba en todo lo que hacía) es lo que, personalmente, me resulta un poco molesto. No niego que mi opinión esté fundada en la más pura subjetividad: algunos de mis héroes literarios contemporáneos son más bien “segundones”, escritores lejos del oropel y los reflectores. Pienso en Julio Ramón Ribeyro (que siempre tuvo perfil bajo, pese a ser, de lejos, uno de los mejores cuentistas hispanoamericanos del siglo XX) o en el propio Juan Carlos Onetti (que escribía tendido en la cama en papeles sueltos, casi con apatía y que nunca tuvo las pretensiones triunfalistas de alguien como Cela, aunque dudo que este último pudiera adjetivar con el virtuosismo del uruguayo). En fin, nuevamente tendremos que decir que sobre gustos y colores…

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