Opiniones contemporáneas sobre la novela histórica romántica (1)

Desde el momento en que comienza a producirse este tipo de novela en España hubo división de opiniones al respecto, y surgen voces que defienden o atacan el nuevo género narrativo; y si en el Correo de las Damas de 20 de marzo de 1834 se puede leer que la novela romántica es un «tejido interminable de acontecimientos horrorosos aglomerados uno sobre otro con la mayor confusión posible»[1], para Milá y Fontanals, en cambio, esa novela histórica constituía el logro más glorioso de la literatura contemporánea (si bien es cierto que se refiere a la europea en general)[2].

Copiaré a continuación la definición de novela histórica que ofrece Lista, así como su opinión sobre las licencias que se puede permitir el novelista en el tratamiento de la historia, a propósito de una obra francesa que falsea los usos y caracteres históricos:

Con esta expresión compuesta, cuyas voces parece que se excluyen una y otra, se significan aquellas fábulas en las que, aunque haya aventuras y accidentes fingidos, pertenece sin embargo a la verdad histórica el cuadro en que se ajustan[3].

Acaso se responderá a nuestra censura que es lícito al poeta y al novelista desfigurar los hechos. Nosotros no les concedemos más licencia que la de embellecerlos, añadiendo episodios probables que se liguen e incorporen con ellos[4].

Repullés, al anunciar su colección, señala que lo único que se puede pedir al novelista histórico es la verosimilitud:

Lo más que puede exigirse del novelista es la verdad histórica conservada en la tinta particular y marcado colorido que a las costumbres de la época escogida sepa darle en el diálogo, en los hechos principales y circunstancias, formas características de ellas[5].

En el Prólogo de López Soler a su novela El primogénito de Alburquerque, indica el autor que su intención es pintar el reinado de Pedro el Cruel; y añade que si su intento de reconstrucción histórica no satisface a la erudición de sus lectores, a pesar de los estudios e investigaciones realizados, debe perdonársele «en gracia siquiera del laudabilísimo objeto que nos ha obligado a acometerlo»[6].

Portada de El primogenito de Alburquerque

Y en una reseña de esta novela, aparecida en la Revista Española el 2 de marzo de 1834, se lee respecto de la mezcla de ficción e historia:

La imaginación y la invención no deben ceder nunca su puesto a la narración de los hechos […] porque nadie, por más histórica que sea una novela, irá a beber en ella los datos que haya menester, y porque si un autor quiere escribir historia verdadera y fidedigna ni se lo impide nadie, ni nadie le obliga a que la llame Novela, antes al contrario agradeceríamoslo mucho todos, pues buena falta nos hace[7].


[1] Citado por Edgar A. Peers, Historia del movimiento romántico español, Madrid, Gredos, 1954, vol. II, p. 53.

[2] Manuel Milá y Fontanals, Compendio de arte poética, Barcelona, 1844, p. 112. Ver Peers, Historia del movimiento romántico español, vol. II, p. 35.

[3] Alberto Lista, Ensayos literarios y críticos, Sevilla, Calvo-Rubio, 1844, vol. I, p. 156.

[4] Lista, Ensayos literarios y críticos, p. 162.

[5] Citado por Reginald F. Brown, La novela española (1700-1850), Madrid, Dirección General de Archivos y Bibliotecas, 1953, p. 29.

[6] Tomo este dato de Enrique Tierno Galván, «La novela histórico-folletinesca», en Idealismo y pragmatismo en el siglo XIX español, Madrid, Tecnos, 1977, p. 74, nota.

[7] Citado por Reginald F. Brown, «The Romantic Novel in Catalonia», Hispanic Review, XIII, 1945, p. 300.

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