Ramón López Soler (1806-1836), novelista histórico

Ramón López Soler (Manresa, 1806-Barcelona, 1836) utilizó en muchas de sus novelas el seudónimo de Gregorio Pérez de Miranda. No se debe confundir con un tal Ramón Soler (a veces aparecen a nombre de uno las obras del otro). Es uno de los autores más importantes en la materia que nos ocupa, no solo por publicar en España la primera novela histórica romántica (Los bandos de Castilla o El Caballero del Cisne, Valencia, Cabrerizo, 1830), sino porque le siguieron en los años siguientes varias más, a saber: El pirata de Colombia, Henrique de Lorena, Kar-Osmán. Memorias de la casa de Silva, Jaime el Barbudo o sea La sierra de Crevillente (las cuatro de 1832), La hija del bey de Argel (del 32 o del 33, de la que no se conoce ejemplar), El primogénito de Alburquerque (1833-1834), La catedral de Sevilla (versión de 1834 de Notre-Dame de Paris) y Memorias del príncipe de Wolfen (adaptación de una obra de Jules Janin, póstuma), publicadas en Valencia, Barcelona y Madrid. También escribió una novela de costumbres, Las señoritas de hogaño y las costumbres de antaño.

Portada de Los bandos de Castilla

Como ha señalado la crítica, se le puede considerar como el verdadero fundador de la novela histórica española; fue acusado de plagiario de Walter Scott, pero él mismo advierte en el prólogo de Los bandos de Castilla que va a imitar, adaptando o traduciendo incluso algunos fragmentos, las obras del escocés; y existen otros pasajes en los que demuestra su capacidad imaginativa personal. Lo que importa es que funda una tendencia de la novela en España que se prolongará todo el siglo. Sus reconstrucciones históricas son bastante buenas, como es normal en los mejores novelistas históricos; el gusto por lo que de poético y cristiano tiene la Edad Media tiñe toda su obra (no olvidemos que es fundador de El Europeo y de El Vapor, dos periódicos barceloneses en los que se dio cabida a Scott y a los temas medievales). Escribe notables diálogos, y a veces impregna su estilo con algunos arcaísmos de sabor cervantino. Destaca también el tono sentimental y melancólico de sus narraciones, especialmente en algunas notas de sus descripciones de la naturaleza (aspecto muy romántico, como es sabido).

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