El soneto «No me mueve, mi Dios, para quererte…»

Un texto que no puede faltar en nuestro recorrido por la literatura del ciclo de la Pasión es el del famoso soneto «No me mueve, mi Dios, para quererte…». Se trata de una composición muy conocida, que ha generado abundante bibliografía[1] y que ha sido atribuida a numerosos autores (entre otros, a san Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, y también a san Francisco Javier y a san Ignacio de Loyola, sin que haya faltado tampoco la atribución a Lope de Vega y otros escritores), pero que a día de hoy podemos seguir considerando anónimo.

El poema expresa la teoría del puro amor a Dios, al que el hablante lírico ofrece amar sin necesidad de un premio eterno (cielo) y temer sin necesidad de la amenaza de un castigo igualmente eterno (infierno). Nótese, en fin, que el poema puede entenderse como una «composición de lugar» ignaciana, en el sentido de que quien lo lee o recita tiene delante un crucifijo («muéveme el verte / clavado en esa cruz»), siendo el Jesús enclavado el interlocutor al que se dirige la voz enunciadora del poema:

Cristo crucificado, de Zurbarán

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes qué dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


[1] Ver, entre otros trabajos, los siguientes: Raymond Foulche-Delbosch, «Le sonet “A Cristo crucificado”», Revue Hispanique, 2, 1895, pp. 120-145; y 6, 1899, p. 56-57; Domingo Hergueta, «El famoso soneto “A Cristo crucificado”, llamado también Acto de Contrición y Jaculatoria», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, XXI, enero 1927, pp. 99-112; Sister Mary Cyria Huff, The Sonnet «No Me Mueve, Mi Dios» -Its Theme in Spanish Tradition. Washington (DC), The Catholic University of America Press, 1948; Marcel Bataillon, «El anónimo del soneto “No me mueve, mi Dios”», Nueva Revista de Filología Hispánica, IV, 1950, pp. 254-269; Eladio Esparza, «Sobre el soneto “No me mueve, mi Dios”», Príncipe de Viana, núms. 38-39, 1950, pp. 105-110; Leo Spitzer, «No me mueve, mi Dios», Nueva Revista de Filología Hispánica, VII, 1953, pp. 608-617; Ignacio Elizalde, «Sobre el autor del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte…” y su repercusión en el mundo literario», Revista de Literatura, tomo 13, núms. 25-26, 1958, pp. 3-29; José Jurado, «Dos sonetos espirituales de José de Villarroel: imitaciones del “No me mueve, mi Dios”», Bulletin Hispanique, 77, 1-2, 1975, pp. 125-139; Luce López-Baralt, «Anonimia y posible filiación espiritual musulmana del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Nueva Revista de Filología Hispánica, XXIV, 1975, pp. 243-266; John V. Falconieri, «“No me mueve, mi Dios” —y su autor», en Eugenio de Bustos (ed.), Actas del cuarto Congreso Internacional de Hispanistas, vol. 1, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1982, pp. 491-500; Mark Kelly, «The Sonnet “No me mueve, mi Dios” and Sant John of the Cross», Bulletin of Hispanic Studies, 62.3, 1985, pp. 281-288; Manuel Alvar López, «Un aviso de San Juan de la Cruz y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Homenaje al profesor Darío Cabanelas Rodríguez, O.F.M., con motivo de su LXX aniversario, Granada, Universidad de Granada-Departamento de Estudios Semíticos, 1987, vol. 2, 1987, pp. 383-386; Margherita Morreale, «Apuntaciones para la lectura del soneto anónimo “No me mueve, mi Dios, para quererte” y del de Gabriel Fiamma “Qual paura, qual danno o qual tormento”», en Alberto Porqueras Mayo y José Carlos de Torres Martínez (coords.), Francisco Mundi Pedret (dir.), Estudios sobre Calderón y el teatro de la Edad de Oro. Homenaje a Kurt y Roswitha Reichenberger, Barcelona, PPU, 1989, pp. 419-456; Abilio Enríquez Chillón, «Sugerencias en torno al soneto “No me mueve, mi Dios”», Naturaleza y gracia: revista cuatrimestral de ciencias eclesiásticas, 2, 2002, pp. 297-332; Gabriel María Verd Conradi, «El P. Roque Menchaca, San Ignacio y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo teológico granadino, 67, 2004, pp. 111-148; José Eugenio Uriarte, «Apuntamientos y extractos para una disertación sobre el soneto: “No me mueve, mi Dios, para quererte”: edición, notas y comentarios de Gabriel María Verd Conradi, S. I.», Archivo teológico granadino, 68, 2005, pp. 111-152; Gabriel María Verd Conradi, «El soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte” y su versión latina en los Países Bajos», Archivo teológico granadino, 69, 2006, pp. 49-70; Arnulfo Herrera, «Un avatar de San Francisco Xavier en su autoría del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Ignacio Arellano Ayuso, Alejandro González Acosta y Arnulfo Herrera (eds.), San Francisco Javier entre dos continentes, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2007, pp. 123-132; Gabriel María Verd Conradi, «San Francisco Javier y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Congreso Internacional «Los mundos de Javier»: Pamplona, 8 a 11 de noviembre de 2006, Pamplona, Gobierno de Navarra (Departamento de Cultura y Turismo, Institución «Príncipe de Viana»), 2008, pp. 487-508; Gabriel María Verd Conradi, del que menciono únicamente su artículo reciente «San Ignacio de Loyola y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo teológico granadino, 75, 2012, pp. 99-166; Gabriel María Verd Conradi, «Santa Teresa de Jesús y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo teológico granadino, 76, 2013, pp. 191-239; Gabriel María Verd Conradi, «“En tus penas el orbe sentimiento”. Una glosa hispano-mexicana del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», en Alain Bègue y Antonio Pérez Lasheras (eds.), Hilaré tu memoria entre las gentes: estudios de literatura áurea (en homenaje a Antonio Carreira), Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014, vol. 2, pp. 327-342; Gabriel María Verd Conradi, «Fray Miguel de Guevara (O.S.A.), Alberto María Carreño y el soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo teológico granadino, 77, 2014, pp. 5-91; Gabriel María Verd Conradi, «Historia de la atribución a San Francisco Javier del soneto “No me mueve, mi Dios, para quererte”», Archivo teológico granadino, 78, 2015, pp. 27-104. Remito también a un trabajo de Elvezio Canonica disponible on line«Una oración en forma de soneto: “No me mueve, mi Dios, para quererte”. Entre espiritualidad jesuítica y mística sufí». En estos otros enlaces puede escucharse el soneto recitado por Jorge Trujillo Ortiz o cantado por Ximena Gray.

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9 pensamientos en “El soneto «No me mueve, mi Dios, para quererte…»

  1. Gracias, Carlos, por recordar este hermosisimo soneto; Aqui te mando unos cuantos textos que me parecen estar relacionados con el texto. Felices Pascuas de Resurreción.
    Elvezio

    Fray Juan de Ávila, Audi filia, cap. L :
    “Aunque no hubiese infierno que amenazase, ni paraíso que convidase, ni mandamiento que constriñese, obraría el justo por sólo el amor de Dios lo que obra”
    “Cuando yo, mi buen Jesús, veo cómo de tu costado sale el hierro de la lanza, esa lanza es una saeta de amor que me traspasa…”
    “No solamente la cruz, mas la misma figura que en ella tienes nos llama dulcemente a amor; la cabeza tienes reclinada para oírnos y darnos besos de paz, con la cual convidas a los culpados; los brazos tienes tendidos para abrazarnos; las manos agujereadas para darnos tus bienes; el costado abierto para recibirnos en tus entrañas; los pies enclavados para esperarnos y para nunca te poder apartar de nosotros. De manera que mirándote, Señor, en la cruz, todo cuanto vieren mis ojos, todo convida a amor: el madero, la figura y el misterio, las heridas de tu cuerpo; y sobre todo, el amor interior me da voces que te ame y nunca te olvide mi corazón”.

    Juan de Valdés, Alfabeto cristiano (original italiano de 1546)
    Giulia Gonzaga: “Ahora, para decir la verdad y hablar con vos libremente, queriendo yo examinar bien mi ánimo, hallo que no me movería a obrar cosa ninguna, si no fuese por temor del infierno, y a veces por amor de la gloria, mas ninguna por puro amor de Dios. Porque yo sé de mí que si no hubiese infierno ni paraíso, me lo pasaría muy bien en este mundo, viviendo en esta vida moral y loable a los ojos del mundo como he vivido hasta aquí, sin cuidarme de buscar más adelante. […] en efecto conozco que no me muevo a ello por amor de Dios sino por amor mío. […]
    Valdés: Vos tenéis, Señora, un esclavo, comprado por vuestros dineros: y aunque es vicioso, malvado y mal inclinado, le queréis bien; y para que él no ponga en efecto sus maldades y vicios, le amenazáis continuamente con la galera y con otros fuertes castigos. Si este tal esclavo tiene ingenio, por no ir a galeras y por no ser castigado (y aun entendiendo que vos le hacéis estas amenazas para bien suyo), no solamente trabaja para refrenar sus vicios, sino que comienza a quereros bien. Conociendo vos esto, comenzáis a tratarlo bien. Él, sintiendo y gustando el buen tratamiento y la afición que le tenéis, comienza también a serviros con diligencia, para que le honréis y le deis de buen grado lo que ha menester. Así lo hacéis y cuanto más vos, en esto, le mostréis el amor que le tenéis, tanto más crece en él el amor y la voluntad que tiene de serviros. De modo que ya no se abstiene de los vicios y maldades por temor de la galera, ni es diligente en vuestro servicio por el buen tratamiento que le hacéis, sino por la buena voluntad y la afición que le tenéis: y aunque no hubiese galeras, y aunque no le pudieseis tratar bien, no dejaría de serviros, porque se halla obligado por lo pasado, y porque conoce en vos que merecéis ser servida y obedecida. Entonces, viendo vos la bondad del esclavo, dándole carta de libertad, le hacéis libre, y ya él os obedece por amor y no por temor, y os sirve como libre, y no como esclavo, y por gratitud y no por interés. De este mismo modo se porta Dios con nosotros, porque conoce la mala inclinación, la malignidad y la iniquidad de que somos herederos por el pecado de nuestros primeros padres, queriéndonos bien por habernos criado y redimido con la preciosísima sangre de su Hijo Jesu Cristo, nuestro Señor: y para que no pongamos en ejecución nuestros desordenados apetitos, nos pone delante el infierno. Y de aquí nacen las continuas amenazas de que está llena la sagrada Escritura. Los que, de nosotros, abrimos lo ojos y creemos que hay infierno y sabemos de cierto que Dios hará lo que dice en castigar nuestros vicios con las penas del infierno, trabajamos por apartarnos de los vicios, para no incurrir en la pena, y asimismo porque en algún modo conocemos que Dios nos ama. Y en tal caso, aun cuando no nos movamos por puro amor, todavía Dios, vista nuestra obediencia, nos abre más los ojos a fin de que conozcamos el bien del Paraíso. Conocémosle, y deseándole comenzamos a aplicarnos a hacer la voluntad de Dios para que nos dé su gloria. Entonces, aceptando Dios nuestra buena voluntad, nos abre más los ojos para que conozcamos de una parte nuestra malicia y de otra su infinita bondad. Con este conocimiento comenzamos a enamorarnos de Dios y a obedecerlo y a servirlo, no ya por medio del infierno ni por amor de la gloria, sino porque hemos conocido que Él es digno de ser amado y que infinitamente nos ama. Entonces Dios nos da carta de libertad, y nosotros no salimos de su servicio por haber tenido la libertad, antes le estamos más sujetos y más obedientes, pero no como esclavos, sino como libres, no como mercenarios, sino como hijos: y en esto consiste la libertad cristiana…”
    (cit. en : Marcel Bataillon, Varia lección de clásicos españoles, Madrid, Gredos, 1964, pp. 425-426).

    Je trouve dans ce n. de Prier (juillet-août 2011) des prières qui sont tout à fait dans la même ligne, notamment une d’une grande mystique musulmane soufie, Rabi’a Al-Adawiyya (717-801). Peut-être une source de notre sonnet espagnol ?
    « O mon Dieu
    Si c’est par crainte de la géhenne
    que je t’adore,
    brûle-moi dans la géhenne,
    et si c’est par espoir du paradis
    que je t’adore
    chasse-moi du paradis.
    Mais si je t’adore
    uniquement pour toi-même,
    ne me prive pas de ton éternelle beauté.

    O mon Dieu, tout mon désir en ce monde,
    C’est de me souvenir de toi.
    Et tout mon désir pour le monde à venir,
    C’est de te rencontrer.
    Pour mo, il en est ainsi.
    Mais toi, fais ce que tu veux ».

    « Première grande figure féminine dans l’histoire de la mystique musulmane soufie. Vivant en Irak, cette musicienne se convertit à l’islam et refusa le mariage pour mener une vie d’ascèse et de piété, dans l’adoration et l’extase. Elle fut la première à tant insister, dans sa religion, sur la notion d’amour divin. Elle demeure de nos jours très connue et aimée des musulmans ».

    Je trouve dans la revue Etudes (octobre 2011) un article intéressant sur le soufisme, écrit par un frère dominicain italien, Alberto Fabio Ambrosio, o.p., qui vit à Istanbul, et a fait sa thèse à Paris sur le sujet. Je relève en particulier, un apologue qui me fait penser au fameux sonnet « No me mueve mi Dios…. » :

    « Un jour, un groupe de jeunes gens vit Rabi’a qui courait en grande hâte, du feu dans une main et dans l’autre de l’eau. Ils lui demandèrent :
    -Où vas-tu ainsi, Maîtresse ? Que cherches-tu ?
    -Je vais au ciel, répondit-elle. Je vais porter le feu au Paradis et verser l’eau dans l’Enfer. Ainsi le Paradis disparaîtra, et seul apparaîtra Celui qui est le but. Alors les hommes considéreront Dieu sans espoir et sans crainte, et ainsi ils L’adoreront. Car s’il n’y avait plus l’espoir du Paradis ni la crainte de l’Enfer, est-ce qu’ils n’adoreraient plus le Véridique ? Est-ce qu’ils ne Lui obéiraient plus ? ».

    Et voici une des rares prières qui nous soient parvenues de Rabi’a (une mystique soufie du début du IXe siècle) :

    « Je T’aime de deux amours ; l’un, tout entier d’aimer,
    L’autre, pour ce que Tu es digne d’être aimé.
    Le premier, c’est le souci de me souvenir de Toi,
    De me dépouiller de tout ce qui est autre que Toi.
    Le second, c’est l’enlèvement des tes voiles afin que je Te voie.
    De l’un ni de l’autre, je ne veux être louée,
    Mais pour l’un et pour l’autre, louange à Toi ! »

    On découvre par ailleurs une aspiration commune dans cette prière de Saint François-Xavier (1506-1552), encore plus proche de notre sonnet:

    « Mon Dieu, je vous aime !
    Ce n’est pas pour le ciel que je vous aime,
    Ni parce que ceux qui ne vous aiment pas,
    Vous les punissez du feu éternel.

    A la croix, mon Jésus,
    Vous avez enduré les clous,
    Le coup de lance,
    le comble de la honte,
    les douleurs sans nombre,
    la sueur et l’angoisse,
    la mort…
    Tout cela pour moi,
    A ma place, pour mes péchés.

    Alors, ô Jésus très aimant,
    Pourquoi donc ne pas vous aimer
    D’un amour désintéressé,
    Oubliant le ciel et l’enfer,
    Non pas pour être récompensé,
    Mais simplement comme vous m’avez aimé ?
    C’est ainsi que je vous aime,
    Ainsi que je vous aimerai :
    Uniquement parce que vous êtes mon roi,
    Uniquement parce vous êtes mon Dieu.
    Amen

    C’est dans la droite ligne de la spiritualité ignacienne, comme le témoigne la célèbre prière qui clôt les Exercices spirituels :
    « Pour la plus grande gloire de Dieu….
    Recevez, Seigneur, ma liberté tout entière,
    Recevez ma mémoire, mon intelligence
    Et toute ma volonté.

    Tout ce que j’ai et tout ce que je possède,
    Vous me l’avez donné.
    Je vous le rends ; tout est à vous ;
    J’en laisse l’entière disposition
    A votre volonté.

    Donnez-moi seulement votre amour
    Avec votre grâce.
    Je suis dès lors assez riche
    Et je n’ai plus rien à vous demander.

  2. Este soneto anónimo me con-mueve con su “Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara,” pues siento que expresa exactamente lo que es el centro de mi fé (cristocéntrica, valga la redundancia). Más aun en estos días en que mi fé se tambalea, quizá por la influencia que sobre mí ejerce mi hija universitaria y su “religión civil” es decir la mezcla de secularismo, budismo y filopaganismo de la Madre Tierra, que es la religión nueva del XXI. Para mí Cristo es una presencia tan profunda dentro de mi ser que ni siquiera pueden con ella las dudas de fé, o los periodos de indiferencia (que en mí son poquísimos y cortísimos). Saludos Carlos y les echo de menos en Facebook pero no puedo entrar allí; no me dejan.

    • mi esperanza es que Teresa vuelva a abrir su corazón a Cristo pues es muy compasiva con los pobres y desafortunados, a la vez que muy alegre; a fin de que esto ocurra me mantengo en comunicación abierta con ella, la acompaño en sus exploraciones trascendentalistas; me anima el que esté en una universidad jesuíta y que quiera dedicarse, como futura abogada, a ayudar a los que no tienen dinero, para lo cual tendrá que entrar en la oficina del Public Defender. Es también esperazandor para su padre y para mí el que haya un jesuíta por estos lares como el P. Greg Boyle, al cual ella admira muchísimo.

  3. El soneto .No me mueve mi Dios para querete el cielo que me tienes prometido,ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
    Es un soneto bellísimo,con una Riqueza Espiritual grandísima.
    En lo particular cuando lo leí por primera vez me movió muchísimo y sentí que así es mi relación con ese CRISTO crucificado.
    Me gusta mucho declamar este soneto que de inmediato me lo memoricé.

    Graciela Vales de Casta.

  4. Al hilo de la autoría del soneto que cita Malón de Chaide , me he metido en internet y he encontado tu comentario en Insula Barataria. El soneto es extraordinario, así que no es extraño que todos quieran adjudicárselo a su orden. Yo descarto a San Juan, porque no es irracional e inefable , tiene sentido, no es místico aunque haya fusión; a Santa Teresa, que nunca escribe en metros renacentistas nuevos sino en coplas de arte menor; descarto a San Ignacio y a san Francisco Javier, porque , además de que el poema es de mucha altura, cosa que no sería normal en ninguno de los dos santos que no son líricos,me parece a mí que no responde a la religiosdad ignaciana más beligerante y basada en el miedo al castigo y las postrimerías- según “”Los ejercicios espirituales”. Descarto a Malón, porque es un soneto muy ajustado y preciso. En sus múltiples versiones (porque todos lo sabemos de memoria) creo que es muy buena la de Francisco Rico cuyo último terceto gana en expresividad y perfección tómica : “No tienes que me dar porque te quiera”, gana en expresividad al hacer recaer el acento en la cuarta sílaba 2-4- 6-1o.

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