Lope de Vega: bajo el signo de Venus

La vida de Lope de Vega va a estar marcada por continuos amores y amoríos, con dos matrimonios y numerosas pasiones extraconyugales, algunas de largo recorrido y gran estabilidad y otras que no pasan de ser fugaces relaciones, de las que apenas nos quedan breves noticias o indicios, a veces ni siquiera el nombre de la mujer en cuestión[1].

Venus de Botticelli

Amor y literatura se darán la mano, se entrecruzarán continuamente en la biografía del Fénix y en su obra literaria. En La Dorotea (obra en la que un Lope maduro rememora literariamente su primer gran amor de juventud, Elena Osorio, al tiempo que asiste al declinar de su gran pasión de madurez, Marta de Nevares), el personaje de don Fernando afirma:

Porque amar y hacer versos todo es uno; que los mejores poetas que ha tenido el mundo al amor se los debe.

En un soneto en respuesta a Lupercio Leonardo de Argensola escribirá Lope:

¿Que no escriba decís, o que no viva?
Haced vos con mi amor que yo no sienta,
que yo haré con mi pluma que no escriba.

En su comedia El remedio en la desdicha, afirmará por boca de uno de sus personajes, que «Hacer versos y amar, / naturalmente ha de ser», y a fe que él amó e hizo versos, ambas cosas naturalmente. Lope amó de forma apasionada, pero con la misma intensidad que amaba estaba presto al olvido, una vez que desaparecía, por muerte o por ruptura, el objeto amado, haciendo suyo el consejo que en cierta ocasión daba al duque de Sessa:

Para huir de una mujer, no hay tal consejo como tomar la posta en otra, y trote o no trote, huir hasta que diga la voluntad que ha llegado donde quiere, y que no quiere lo que quería.

En su haber amoroso acumularía Lope dos esposas (Isabel de Urbina y Juana de Guardo), tres «amantes oficiales» cuya relación se prolongó en el tiempo (Elena Osorio, Micaela de Luján y Marta de Nevares), algunas relaciones más o menos pasajeras (Antonia Trillo de Armenta, Jerónima de Burgos y Lucía de Salcedo), aparte de otras aventuras más fugaces o esporádicas. Se ha llegado a sumar en el currículum amoroso del Fénix un total de trece mujeres «importantes» en su vida, con las que tuvo unos quince hijos, entre los legítimos y los bastardos, si bien muchos de ellos murieron al poco de nacer o en sus primeros años de vida. Sea como sea, podemos dar por buenas estas palabras de Felipe Pedraza:

La sucinta enumeración de sus relaciones amorosas puede transmitir la falsa imagen de un donjuán de sentimientos cambiantes e irresponsables. No fue así. Lope vivió cada amor con fervorosa intensidad. Cuando la muerte o los disgustos de la vida en pareja rompieron esas uniones, el poeta recogió en su casa a los hijos habidos con las diferentes mujeres. En los últimos años de su vida, reunió junto a sí a los hijos de Micaela de Luján, de Juana de Guardo y de su último amor: Marta de Nevares.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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