Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (y 3)

Esta lista de reminiscencias bíblicas podría ampliarse fácilmente con otros pasajes del teatro y la poesía de Cervantes[1]:

—Hay una alusión a Judas Macabeo al final de la Jornada II de La casa de los celos, en este parlamento de Buena Fama:

Aquí, con inmortal, alto trofeo,
notado tengo en la verdad que sigo
aquel gran caballero Macabeo,
guía del pueblo que de Dios fue amigo…[2]

El triunfo de Judas Macabeo, de Rubens

—En La elección de los alcaldes de Daganzo, dice el escribano Estornudo: «no quiere Dios del pecador más malo / sino que viva y se convierta»[3].

—Apreciamos ecos de la Epístola de San Pablo a Timoteo en la elegía en tercetos a la muerte de doña Isabel de Valois[4].

—En Quijote, I, 27 (ed. del Instituto Cervantes dirigida por F. Rico, p. 303), el segundo soneto de Cardenio que comienza «Santa amistad, que con ligeras alas…» canta el motivo clásico de la amistad que abandona la tierra para volar al cielo. El yo lírico pide a la amistad —la amistad verdadera, se entiende— que deje el cielo, es decir, que regrese a la tierra; o, en todo caso, que no permita que el engaño se vista su librea, esto es, que haga lo necesario para que el engaño no ande disfrazado de verdadera amistad y se confunda con ella: si la amistad no lo despoja de esa falsa apariencia, su poder destructor —concluye el texto— llevaría al mundo a una situación semejante a la de «la discorde confusión primera» (v. 14), que es una clara alusión al pecado original, la primera disensión entre el ser humano y Dios[5].

En la «Canción desesperada» de Grisóstomo, cuando el personaje afirma: «ofreceré a los vientos cuerpo y alma / sin lauro o palma de futuros bienes» (Quijote, I, 14, p. 150) tenemos una alusión velada a su posible suicidio (sabe que no irá al cielo, no espera el lauro y palma de la santidad y el martirio). Y en el mismo sentido debemos leer su afirmación: «y en voz baja / —si ya a un desesperado son debidas— / canten obsequias tristes, doloridas» (Quijote, I, 14, p. 151), es decir, ‘si se pueden dedicar obsequias a un suicida’.

—Una evocación de San Juan, como precursor de Cristo, aparece en la canción «Niña, la que esperas» de Pedro de Urdemalas[6], y otra alusión a la fiesta de San Juan de Dios en El viejo celoso[7].

Como es lógico, este tipo de alusiones microtextuales podrían multiplicarse fácilmente, pero pongo ya punto final a este recorrido por los elementos religiosos de la poesía cervantina.


[1] Ver, para más detalles, P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 109-137.

[2] La casa de los celos, en Obras completas, ed. Florencio Sevilla Arroyo, Madrid, Castalia, 1999, p. 929a; ver Antolín, 1948, p. 115.

[3] Citado por Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 122.

[4] Ver Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», p. 134.

[5] Ver Carlos Mata Induráin, «Del amor y la amistad en la primera parte del Quijote: los sonetos de Cardenio y Lotario», en Chul Park (ed.),  Actas del XI Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas. Seúl, Universidad Nacional de Seúl, 17-20 de noviembre de 2004. In memoriam José María Casasayas, Seúl, Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, 2005, pp. 147-161.

[6] Ver Miguel de Cervantes, Poesía, selección e introducción de José Manuel Caballero Bonald, Barcelona, Seix Barral, p. 254.

[7] Ver Cervantes, Poesía, ed. Caballero Bonald, pp. 268-269.

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