Lucinda, más hermosa que Angélica la Bella

En un poema de «Lope de Vega a Lucinda», puesto al frente de La hermosura de Angélica, escribe el Fénix estos versos donde explica que el retrato idealizado de su heroína, Angélica la Bella, es trasunto del de su enamorada[1]:

Volved a estar bien conmigo,
pues nunca me ayude Dios
si no he sacado de vos
cuanto de Angélica digo.

Y, efectivamente, en el canto V de esa obra leemos este pasaje en el que declara que, si Lucinda hubiera vivido en tiempos de Angélica, se vería que su belleza aventajaba a la de esta:

Agradézcalo Angélica, que tuvo
seiscientos años antes hermosura,
que aquellos ojos en que solo estuvo
tener clara victoria o fama escura.
Estrella celestial, si aquí no subo
tu claro nombre a la mayor altura,
si no te doy el premio, es porque entiendo
que el mundo es poco y que tu cielo ofendo.

Si en aquella famosa edad vivieras,
hermosura inmortal, bella Lucinda,
¿quién duda que de Angélica vencieras
la que hoy con el tercer planeta alinda?
Tú solo el justo premio merecieras,
y aun es razón que su laurel te rinda,
conociendo que haberle merecido
fue por no haber tu oriente amanecido.

Que si mostraras esos ojos bellos,
azules como el cielo y los zafiros,
de donde Amor, aunque se abrase en ellos
hace a las almas amorosos tiros;
si mostraras la red de tus cabellos,
dulcísima prisión de mis suspiros,
que los excede si en amarme calmas,
y ojalá que suspiros fueran almas;

si mostraras la boca envuelta en risa,
la blanca mano y el nevado pecho,
basas de la columna tersa y lisa
en que se afirma aquel divino techo,
sospecho que bajaran tan aprisa
almas como laureles, a despecho
de tantos pretendientes; pero ignoro
quién fuera de tus méritos Medoro.

Angélica y Medoro, de Jean-Baptiste Bénard

Y aunque Micaela es analfabeta y no sabe siquiera firmar, Lope no tiene reparo en atribuirle diversos poemas laudatorios puestos al frente de distintas obras suyas.

Estos amores con Micaela durarán hasta 1608, fecha a partir de la cual deja de tenerse noticia de ella. Fruto de su relación serán cuatro hijos: Juan (nacido en Sevilla en 1601 y muerto en la niñez), Félix (nacido en Sevilla en 1603, registrado a nombre del esposo de Micaela, y fallecido también en la infancia) y dos de los predilectos de Lope: Marcela (nacida en Toledo en 1605, que sería monja trinitaria y moriría en Madrid en 1688) y Lope Félix (vendría al mundo en Madrid en 1607 y hallaría la muerte en la isla Margarita en 1634). Los otros cinco hijos que tuvo Micaela (Agustina, Dionisia, Ángela, Jacinta y Mariana) eran de Diego Díaz, aunque a veces se ha atribuido al Fénix la paternidad de alguna de esas niñas.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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