La doble vida del Fénix en Toledo

Lope alterna su dedicación a la vida literaria (sigue escribiendo comedias para los corrales, publica sus libros…) con otros asuntos de índole familiar[1]. Así, instala a Micaela de Luján y su prole en Toledo (el domicilio se sitúa en la feligresía parroquial de la Magdalena), mientras que su abandonada mujer, Juana de Guardo, toma casa en la misma ciudad, bastante cerca de la otra, en el callejón de San Justo. Escribe Entrambasguas:

Por fin logró Lope su propósito. En Toledo tiene casi juntos los dos hogares, las dos familias suyas. Uno, el de doña Juana de Guardo, el legítimo, le hastía, le es odioso; otro, el ilegítimo, el de su amante con la atracción de la belleza de Camila Lucinda y los hijos que ha tenido con ella. Y es realmente asombroso cómo ha de mantenerse esta equívoca situación durante años.

El dramaturgo permanecerá en Toledo desde 1604 hasta 1610, compaginando —no sabemos bien cómo— el hogar legítimo y el adúltero. En efecto, el verano y otoño de 1604 está con su mujer; pero el 8 de mayo de 1605 nace Marcela, hija suya y de Micaela…

Por lo demás, Lope frecuenta el ambiente literario toledano: su talento y su personalidad destacan en la tertulia patrocinada por don Francisco de Rojas y Guzmán, a la que asiste también su amigo Baltasar Eliseo Medinilla, junto con otros ingenios.

Baltasar Eliseo Medinilla

En la justa poética para celebrar el nacimiento del príncipe de Asturias, el futuro Felipe IV, Lope, que figura como «poeta toledano», incluye un «Soneto de Lucinda, serrana». Por estas fechas empieza a vender sus comedias al autor Alonso de Riquelme.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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Un pensamiento en “La doble vida del Fénix en Toledo

  1. y asumimos que ellas eran como unas monjitas esperándole en la total castidad (como Elena Osorio) pero muy cuidadosas de que no saliera nada a luz para que Lope no las deshonrara en público con coplas indecentes; ¡menudo sinver el Lope!, corriendo de arena en arena, escribiendo comedias a escote a garrafa de vino por noche. Me parece que está dedicado a Lope esto:

    –Tienes razón, Sancho -dijo don Quijote-, porque este pintor es como Orbaneja, un pintor que estaba en Ubeda; que cuando le preguntaban qué pintaba, respondía: “Lo que saliere”; y si por ventura pintaba un gallo, escribía debajo: “Este es gallo”, porque no pensasen que era zorra.

    Apeáronse en un mesón, que por tal le reconoció don Quijote, y no por castillo de cava honda, torres, rastrillos y puente levadiza; que después que le vencieron, con más juicio en todas las cosas discurría, como agora se dirá. Alojáronle en una sala baja, a quien servían de guadameciles unas sargas viejas pintadas, como se usan en las aldeas. En una dellas estaba pintada de malísima mano el robo de Elena, cuando el atrevido huesped se la llevó … Elena no iba de muy mala gana, porque se reía a socapa y a lo socarrón…. (Quijote II, 71)

    Al menos, el Fénix tuvo a bien de su consciencia ocuparse de sus hijos; con todo y eso, Lopillo le salió otro vivalapepa; y Antonia Clara se saltó una noche el muro del convento sin más protocolo

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