«Las afueras» de Luis Goytisolo: valoración final

(A la memoria de los fallecidos en el accidente ferroviario de Santiago, con mis mejores deseos para la recuperación de todos los heridos y el afecto solidario para tantas familias afectadas. Con mi felicitación también al pueblo gallego, por su ejemplar reacción frente a esta desgracia, en un día que era de fiesta y acabó convertido en tragedia.)

Por lo que se refiere al estilo, se suele señalar que Las afueras de Luis Goytisolo es una obra bien escrita, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de una novela redactada a muy temprana edad, la primera de su autor. Cada capítulo es independiente de los demás en cuanto al contenido y también en lo concerniente a la elaboración técnica. Por ejemplo, el 4.º y el 7.º son exclusivamente narrativos, sin casi diálogos, en tanto que otros (por ejemplo el 3.º) son, por el contrario, todo diálogo. Este episodio reproduce el habla coloquial, vulgar (recordemos que la acción tiene lugar en bares frecuentados por personajes de baja condición social). En cualquier caso, siempre nos encontramos con un narrador tradicional, omnisciente en tercera persona.

García de Nora habla de un estilo «tenso, sobrio, con algunos finos y acerados filos poéticos, que nunca llegan a desviar la bien encauzada fluencia del relato»[1]. Notemos que se trata de una novela perteneciente al realismo social, y ya sabemos que en aquel momento importaba más la intención (compromiso, denuncia) que el primor estético, el qué se decía más que el cómo se decía, el fondo (temas, contenido) antes que la forma o expresión, según la dicotomía clásica. En suma, interesaba más la claridad y la sencillez en lo que se exponía que el mero placer estético o el arte de jugar bellamente con las palabras (lo que no implica, ni mucho menos, que esto último no tenga cabida en Las afueras y en otras obras de esta corriente).

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Puede decirse que en esta primera novela de Luis Goytisolo, escrita a sus veintitrés años, está en germen lo que será buena parte de su producción posterior, el ámbito literario que le será luego propio, tal como señalara el autor:

La evolución de su obra es la evolución del aprendizaje de un oficio, por llamarlo de alguna forma. De hecho, como en pocos casos, está muy claro que estoy escribiendo siempre el mismo libro y mis dos primeras novelas (Las afueras y Las mismas palabras) son intuiciones de lo que yo pretendía decir, que se desarrollan plenamente y cristalizan, en un momento determinado, en Antagonía[2].

En fin, Las afueras resultaba a la altura de 1958 una obra renovadora formalmente, hasta cierto punto, pero no fue un capricho o un experimento gratuito el que Luis Goytisolo hubiese ordenado así su libro. En entradas precedentes he pretendido mostrar que, aunque para varios críticos se trata de un libro de relatos (y es posible que la intención inicial del autor fuera precisamente esa, escribir siete relatos independientes), no obstante, la obra tiene una unidad (de espacio, de tiempo y de personajes o, mejor, de los nombres de los personajes, así como una unidad temática) y que, considerada en conjunto, adquiere una amplitud, una intensidad y una intencionalidad mayores. Tiene, pues, una razón de ser el que Goytisolo haya estructurado así su, digámoslo ya definitivamente, novela, pues como tal novela puede ser leída y considerada. Sea como sea, como punto de partida en la trayectoria literaria de Luis Goytisolo, no se trató de ningún mal principio[3].


[1] Eugenio García de Nora, La novela española contemporánea, Madrid, Gredos, 1962, vol. III, p. 319.

[2] Entrevista con el autor, publicada en Ínsula, 146, enero de 1959, p. 4: «Las letras en Barcelona. Entrevista con Luis Goytisolo».

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Sobre el realismo social de Las afueras (1958) de Luis Goytisolo», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 263-282.

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Un pensamiento en “«Las afueras» de Luis Goytisolo: valoración final

  1. desde un suburbio de Los Angeles, me uno al dolor que aqueja a la gran familia gallega, otro accidente de alta velocidad propio de nuestra economía urbana, cada vez más rápido, no da tiempo a pensar; hubo una época en que las afueras, feas y todo, era un lugar tranquilo

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