La admiración, la verosimilitud y lo maravilloso en el «Persiles» (1)

Tres aspectos esenciales dentro de la teoría de la novela cervantina son la admiración, la verosimilitud y lo maravilloso, puestos de relieve por varios comentarios metaliterarios que Cervantes introduce por boca del narrador o de sus personajes. El autor debe despertar la admiratio de los lectores[1], que es al mismo tiempo la admiración de los personajes de la novela.

Admiración

Se podrían multiplicar hasta la saciedad las citas del Persiles que hablan de cómo quedan admirados todos cuantos contemplan la belleza, la nobleza, la virtud y la discreción del «hermoso escuadrón» de peregrinos (en particular las de Auristela y Periandro, capaces de conmover a los más bárbaros). Así, tras su llegada a tierras portuguesas leemos:

Ya salía de Belén el nuevo escuadrón de la nueva hermosura: Ricla, medianamente hermosa, pero estremadamente a lo bárbaro vestida; Constanza, hermosísima y rodeada de pieles; Antonio el padre, brazos y piernas desnudas, pero con pieles de lobos cubierto lo demás del cuerpo; Antonio el hijo iba del mismo modo, pero con el arco en la mano y la aljaba de las saetas a las espaldas; Periandro, con casaca de terciopelo verde y calzones de lo mismo, a lo marinero, un bonete estrecho y puntiagudo en la cabeza, que no le podía cubrir las sortijas de oro que sus cabellos formaban; Auristela traía toda la gala del setentrión en el vestido, la más bizarra gallardía en el cuerpo y la mayor hermosura del mundo en el rostro. En efecto, todos juntos y cada uno de por sí, causaban espanto y maravilla a quien los miraba; pero sobre todos campeaba la sin par Auristela y el gallardo Periandro (p. 761b)[2].

En III, 16 se describe un aposento todo de luto, y un caballero anciano de lo mismo, formando «la más extraña visión que habréis visto en vuestra vida» (p. 793b). El anciano les anuncia que pronto verán una gran maravilla: se refiere a Ruperta, mujer del conde Lamberto de Escocia, asesinado por el desdeñado Claudino Rubicón. Ruperta, que conserva y lleva consigo la cabeza descarnada de su esposo en una caja de plata, ha jurado sobre ella vengar su muerte; y hasta que no consiga su objetivo, su vestido, su aposento y todos sus objetos son de color negro[3], resolución que deja admirados a todos.

Dos capítulos después aparece una dama toda vestida de verde, con un antifaz también verde. Se trata de Isabela Castrucho, que finge estar endemoniada para evitar el casamiento no deseado que su familia ha dispuesto y poder unirse a su verdadero amado, Andrea Marulo (que, a su vez, se finge igualmente loco para rehuir el matrimonio señalado por sus padres). Más tarde se descubre que los únicos demonios que poseen a Isabela son sus amorosos pensamientos. Su historia, de nuevo, pone admiración en el alma de todos los circunstantes.

Asimismo, causa admiración la historia del aventurero Ortel Martín Banedre, quien indica en III, 6: «me han sucedido cosas de que quizá pudieran hacer una gustosa y verdadera historia» (p. 774b). En III, 7 los peregrinos le piden que refiera sus hechos con todas las menudencias, porque eso acrecienta la gravedad del cuento. Así lo hace el polaco, dejando a todos «admirados de sus sucesos y del buen donaire con que los había contado» (p. 776a)[4].


[1] Ver Edward C. Riley, «Aspectos del concepto de admiratio en la teoría literaria del Siglo de Oro», en Studia Philologica. Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1963, vol. III, pp. 173-183.

[2] Cito el Persiles por la edición de Florencio Sevilla Arroyo en Miguel de Cervantes, Obras completas, Madrid, Castalia, 1999.

[3] Como vemos, causan admiración tanto la belleza y nobleza de los protagonistas como las historias que se van intercalando en el relato.

[4] Antes se había indicado que «la salsa de los cuentos es la propiedad del lenguaje en cualquiera cosa que se diga» (p. 775a). Por supuesto, en este apartado de la admiración habríamos de añadir todas las aventuras y sucesos extraordinarios propios del molde de la novela griega: tormentas, naufragios, asaltos y combates, profecías, elementos de magia y superstición, uso de disfraces, etc. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El Persiles de Cervantes, paradigma del arte narrativo barroco», en Ignacio Arellano y Eduardo Godoy (eds.), Temas del Barroco hispánico, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 197-219.

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