«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la preocupación ética (1)

Son varios los poemas en los que podemos apreciar lo que he denominado «preocupación ética» de Jorge Guillén. El poeta, en el discurrir de sus versos, va apuntando distintos valores o virtudes que deberían constituir, según él, el código de comportamiento moral del hombre[1]. Este sería el aspecto personal, individual, de esa preocupación ética. Por otra parte, existen numerosos poemas en los que la preocupación está centrada en aspectos sociales: es decir, el hombre en relación con los demás hombres. Son poemas de contenido incluso político que se relacionan con los de la parte tercera de Final, «Dramatis personae» (y, de los libros anteriores, con Clamor).

Comentaré primero el aspecto personal de la preocupación ética guilleniana. Por ejemplo, en «Job, múltiple doliente» se elogia la paciencia y la humildad de aquel varón: la primera parte del poema es la exposición de la historia bíblica con la aceptación sin condiciones por parte de Job de todas las desgracias y adversidades que inopinada e injustamente le llegan; la segunda viene a ser su aplicación práctica pues, como se indica, «Sin cesar Job renace, sufre, clama».

Santo Job, de Léon Bonnat

Los poemas «Diógenes», «Con Lao-Zi» y la traducción libre de «En la partida de Zaragoza», de Selomó Ibn Gabirol —este poema es ya de «Otras variaciones»— pueden relacionarse por contener los principios ante la vida del filósofo cínico, los del filósofo taoísta y los de un sabio que vive entre personas ignorantes y rudas. Después de reconocer que «El arte de vivir es muy difícil», los valores que se afirman en el primer poema son la esperanza, que es el «valor máximo de la vida»; la libertad: «libertad ante todo»[2]; la humildad: «Yo he despojado toda vida humana / De su soberbia»; la sobriedad: «Pan, alforja, sayal, bastón y copa»; y, sobre todo, la dignidad humana en sí misma: «—Si eres hombre ¿no sientes / Que es fiesta cada día?».

En el segundo poema se insiste en algunos de estos valores —la humildad, la sobriedad— y se añaden otros: el amor, la autenticidad, la prudencia, la sabiduría. Así, leemos frases como: «Lo auténtico se busca»; «Por rutas de ambición se pierde el hombre. / Se quiere ser auténtico»; «“Poseo tres tesoros: El amor, / Sobriedad. No atreverme a ser primero”»; «La verdad ante todo» o «“Todo es siempre difícil para el sabio”».

En el poema de «Otras variaciones» se añade la amistad: «Y tal sed tengo / De amistad que se cree saciada sin estarlo»; y una actitud de aceptación serena ante la muerte: «Toda alegría es dolor. / Mi último dolor será alegría».

En definitiva, recapitulando, paciencia, humildad, sobriedad, libertad, autenticidad, prudencia, sabiduría, amor, amistad; tales serían los principales valores que apuntalarían el código ético guilleniano sugerido —no expuesto sistemáticamente— en estos poemas.

En «Contemplando Florencia» se nos habla de un paseante que se recrea en las «concretas maravillas» del paisaje; parece querer decir el poeta que basta con desear cosas sencillas para alcanzar la felicidad: «Son a las que yo aspiro». Muy importante me parece también el poema «Una sabiduría», en el que Guillén contrapone la ley vetotestamentaria «“el quinto, no matar”» con la enseñanza de Jesucristo «“Amaos ya los unos a los otros”». En definitiva, lo que se quiere decir es que como pauta de comportamiento no debe bastar el no hacer daño a los demás, sino que cada persona debe buscar el bien de sus semejantes, del prójimo. Toda una doctrina ética encerrada en siete versos, en un solo verso: «“Amaos ya los unos a los otros”»; así lo afirma el poeta: «He ahí mi mejor sabiduría».

Frente a esos valores positivos que se van esbozando, van apareciendo los principios negativos que se alzan en el mundo; en el poema «Vida corta», relativo a la muerte de Lucano, Guillén habla ya de una «feliz Barbarie rozagante»; «Inferno», con título dantesco, es una reflexión sobre los distintos infiernos de violencia y destrucción que el hombre es capaz de crear para sí y para sus semejantes en este mundo: «Los destructores siempre van delante»; «Triunfa el secuestro con olor de hazaña, / Que pone en haz la hez del bicho humano» (nótese el efecto de la paronomasia). En este poema no se aprecia el más mínimo resquicio por el que pueda entrar la luz de una cierta esperanza; todo se reduce aquí a «El infierno al alcance de la mano». Al principio del poema figura como lema una cita de Dante: «Ma tu perché ritorni a tanta noia?».

«Purgatorio» constituye una reflexión sobre la envidia: se inspira en un personaje de la Divina comedia dominado por la pasión de la envidia y que además es consciente de ella, por lo que llega a envidiar los valores positivos de los demás. Es el reverso de los poemas anteriores que propugnaban el tópico de la aurea mediocritas, de aquella dorada medianía que deseaban Diógenes y Lao-Zi, cada uno de los cuales deseaba pasar su vida «ni envidiado ni envidioso», como dijera fray Luis de León.

El poema «Crisis» es importante porque introduce otro factor negativo, el suicidio al que puede conducir esa crisis: «Soledad destruye»; pero se niega en última instancia que el suicidio sea una solución válida: «Alguien llega. Se habla con el mundo. / Hay que vivir. La realidad se impone». La colocación de este poema, prácticamente al final de la primera sección, parece ser la contestación afirmativa a todos aquellos poemas anteriores en los que no se mencionaba la esperanza: es una afirmación de la vida, que hay que vivir además en compañía, de forma solidaria[3].


[1] Ya en Cántico existe un poema titulado precisamente «Virtud» en el que podemos leer: «Tendré que ser mejor: me invade la mañana. / Tránsito de ventura no, no pesa en el aire. / Gozoso a toda luz, ¿a dónde me alzaré? / Tránsito de más alma no, no pesa en el aire. / Me invade mi alegría: debo de ser mejor».

[2] En «Pueril Paraíso», el referirse al pecado original cometido por Adán y Eva da pie al poeta para reflexionar sobre el ejercicio de esa libertad: los actos del hombre deben consistir siempre en «conciencia, libertad, elección responsable».

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

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