Cervantes y la libertad (1)

Dos grandes temas completan el retrato moral del Cervantes hombre: uno es su apasionada defensa de la libertad, ante todo trance y en toda circunstancia, tema bien estudiado por Luis Rosales en los dos volúmenes de su libro Cervantes y la libertad; el segundo, su espíritu de tolerancia. Comenzaremos hoy el abordaje de la primera de esas cuestiones[1].

Don Quijote, entre otras cosas, es un héroe de la libertad, y su anhelo supremo de este ideal le lleva hasta el extremo de liberar a unos malhechores, los galeotes: en ese episodio narrado en Quijote, I, 22, el hidalgo manchego, saltando por encima de la justicia de los hombres y de cualquier otra consideración, da libertad a unos criminales castigados a galeras. Sancho le dice que es «gente forzada del rey» y le indica claramente que van condenados por los delitos que han cometido, pero don Quijote no oye más explicaciones: para su actuar le basta con saber que «van de por fuerza, y no de su voluntad» (p. 236). Él, que todavía es el Caballero de la Voluntad, no puede consentir que nadie —ni siquiera el mismo rey— atropelle la libre voluntad de otra persona, aunque se trate de unos desalmados.

Don Quijote libera a los galeotes

Si analizamos el hecho sólo desde el punto de vista racional, la acción de don Quijote es la de un anarquista que se opone a la justicia humana y a la autoridad real. Pero, en un sentido más profundo, lo que hace no es un disparate. Don Quijote se atiene únicamente a la religión de la caballería andante y se remite, en última instancia, a la infinita justicia divina:

… porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres. Cuanto más, señores guardas […], que estos pobres no han cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo, que no se descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello (p. 244).

Esta aventura cobra mayor significado como metáfora hiperbólica de la necesidad de poner el criterio de justicia y libertad por encima de todo. Recordemos también que Sancho Panza, tras decidir abandonar el gobierno de la ínsula Barataria, tan sólo desea retornar a su «antigua libertad». Y recordemos asimismo las hermosas palabras con que don Quijote alecciona a su fiel escudero en II, 58 tras abandonar la «prisión» que para ellos ha sido el Palacio ducal:

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (p. 1094).


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Crítica, 1998 (con revisiones posteriores).

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