El desengaño del mundo en «Desengaños místicos» de fray José Alberto Gay

Comentaba en la entrada anterior que la última sección de los Desengaños místicos (1757) del tudelano fray José Alberto Gay es la más interesante del libro. Ya los primeros versos nos sitúan frente a los tópicos clásicos de la «vida retirada» y del desengaño del mundo:

Del mundo retirado,
huyendo tu fatal, infiel abismo,
en mí reconcentrado,
hablando el corazón consigo mismo,
con luz al desengaño, a que me inspira
conocerlo, del mundo me retira (pp. 56-57).

El yo lírico, desde sus «soledades» y «oculto del bullicio de las gentes», va a mostrar el carácter falso del mundo, en diversos aspectos: el amor es engañoso, la belleza resulta efímera (una flor que se marchita al más breve soplo)… todo es «engañosa apariencia», y cuando llega la muerte todo lo mundano queda convertido «en hediondez, en asco y en horrura» (p. 59). Tampoco es un bien estimable la nobleza, salvo únicamente la que se identifica con la virtud:

Es todo fantasía,
es apariencia todo y falsedades;
quien bien lo conocía
exclamó: vanidad de vanidades;
sin virtud no hay grandeza,
que sola la virtud es la nobleza (p. 69).

Ni siquiera la sabiduría debe llevar al hombre a enorgullecerse: el sabio presumido no debe olvidar que toda la ciencia que tiene se la debe a Dios. Del mismo modo, las riquezas no son un bien estimable. Al final, todo cede ante el poder igualador de la muerte:

Aquel que obstenta galas,
el otro que se engríe en la nobleza,
otra bizarra Palas,
otro armado de mando y de riqueza,
a un breve volver de ojos
los veo de la parca ser despojos (p. 62).

A continuación aparece la imagen tópica de la voltaria fortuna, con su rueda:

Con la suerte oportuna
se mira aquel feliz entronizado,
pues ciega la fortuna
en la cumbre le puso colocado;
pero, ¡ay!, ¿qué le sucede?
Que a otra vuelta desde lo alto ruede (p. 62).

Fortuna

Después, para desengañar la «loca fantasía» del hombre, introduce el poeta cinco imágenes simbólicas: la selva exuberante de belleza que se marchita en cuanto sopla el noto; los primorosos cedros convertidos en frágil heno; la fuente risueña que va a morir en el mar; el ave parlera atrapada en la red o en la liga; y el corzo ligero abatido por un disparo. Esta es la parte más bellamente elaborada del poema, con algunas hermosas imágenes de sabor barroco (en la línea de las de la «Canción real a una mudanza» de José de Sarabia):

La fuente corre aprisa,
risueña entre las guijas se dilata,
al campo causa risa,
es en el césped cítara de plata;
mas su curso armonioso
en el mar halla su sepulcro undoso.

El ave que, parlera,
se desmiente clarín del vago viento,
sirviéndole a la esfera
de vistoso plumaje con contento,
cuando más se divierte
en la liga, en la red halla la muerte.

El corzo que, ligero,
es viviente bajel de selva y prado,
pues natural velero
céfiro se desmiente desatado,
para infelicemente
siendo rémora al curso el plomo ardiente (pp. 62-63).

La conclusión es, en suma, que todo cuanto ofrece el mundo «embustero», «engañoso» e «inconsecuente», no son más que «gustos fugitivos», de ahí que el hombre deba poner sus ojos en objetivos más altos:

En Dios fija la mira,
este es amigo fiel y verdadero;
del mundo te retira,
que es falaz, mentiroso y lisonjero:
allá hay sin contingencia
lo que aquí solo ves en apariencia.

[…]

Maldigo tus halagos,
mentiras, falsedades y traiciones;
conozco tus estragos,
mundo engañoso, lleno de ficciones,
y escarmentado vuelo
a buscar a mi Dios, por quien anhelo (pp. 63-64).

No faltan en esta composición las alusiones mitológicas (Jano, Cupido, Venus, Palas, la parca…) y bíblicas («se ocultan para Abneres los Joabes», p. 57), junto con referencias a otros personajes históricos (san Francisco de Borja). Asimismo, advertimos la presencia de varios tópicos clásicos, como el virgiliano latet anguis in herba («solapadamente / encontré entre las flores la serpiente») o el medieval Ubi sunt? (al tiempo que se recrea un célebre verso gongorino):

¿Adónde están los Ciros,
Nabucos, Alejandros, Baltasares?
El orbe corre a giros,
reconoce sus glorias militares,
verás su honra pasada
disuelta en tierra, en humo, en sombra, en nada.

Sus soberbios palacios,
el cetro, la grandeza, la corona,
los diamantes, topacios,
y cuanto grande de su ser blasona,
del tiempo al voraz diente
todo es pasado, nada de presente (p. 60).

En fin, los Desengaños místicos del Padre Gay se cierran con una «Protesta» (una décima) en la que el autor pone todo lo escrito bajo la corrección de la Iglesia, según fórmula usual.

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2 pensamientos en “El desengaño del mundo en «Desengaños místicos» de fray José Alberto Gay

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