El personaje de don Quijote y sus interpretaciones simbólicas

Don QuijoteEn este sentido, interesa recordar que, para los contemporáneos de Cervantes, don Quijote era, exclusivamente, un personaje cómico, una figura ridícula, caracterizada por su comportamiento grotesco y disparatado: un loco del que todos se podían burlar para divertirse y reírse a su costa[1]. En el siglo XVIII, momento en que empiezan a aparecer estudios más profundos sobre la obra y el personaje, este se leerá en clave satírica, como personificación del daño que pueden causar las lecturas de ficción caballeresca. Y tendremos que esperar al siglo XIX, a las interpretaciones románticas, para ver convertido a don Quijote en un personaje más rico y complejo, de profundo carácter simbólico.

Cada generación irá añadiendo nuevas lecturas, nuevas interpretaciones del Quijote y de don Quijote, con una enorme pluralidad de enfoques y perspectivas. Así, don Quijote pasará a convertirse en símbolo de la lucha por la justicia y la libertad, o del conflicto entre lo ideal y lo real. Con la Generación del 98 se refuerza la lectura hispanista: las derrotas de don Quijote son el reflejo de la decadencia de la España heroica y caballeresca. Para Ortega y Gasset, unos años después, don Quijote es el espejo del hombre que tiene un proyecto vital auténtico y desarrolla la idea filosófica del heroísmo del fracaso: el personaje cervantino es un héroe que surge del fracaso, y en ese fracaso nos está brindando una enseñanza. Más recientemente, otros estudios (en especial los de Augustin Redondo[2]) han puesto de manifiesto el carácter cuaresmal del personaje, en el contexto de una interpretación en clave carnavalesca del conjunto de la novela. Etcétera.

Sea como sea, don Quijote es un personaje entrañable y rebosante de humanidad, coherente siempre con sus ideales hasta las últimas consecuencias, cuya peripecia vital no está exenta de tragedia y patetismo (recordemos las numerosas ocasiones en que resulta herido, sufre caídas, termina con los huesos molidos, pierde dientes y muelas…); un personaje que con su vivir y actuar nos lega una enseñanza que sigue plenamente vigente, pues viene a mostrarnos que la mayor hazaña del hombre es vencerse a sí mismo; un personaje, en fin, cuyas aventuras nos hacen reír muchas veces, en ocasiones sonreír y quizá también, en algunos momentos, llorar amargamente.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

[2] En Otra manera de leer el «Quijote». Historia, tradiciones culturales y literatura, Madrid, Castalia, 1997, especialmente el capítulo II.2, «El personaje de don Quijote», pp. 205-230.

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