El «Quijote»: la «historia de la narración» (1)

Quijote3Uno de los aportes de mayor modernidad en el Quijote reside en el terreno de las técnicas narrativas[1]. La obra de Cervantes no solo nos cuenta la historia de unos personajes, sino que incorpora a la narración la historia de la propia narración. Esto va a suponer la introducción de un complejo juego de perspectivas y de voces narrativas. Evidentemente, el autor de la novela es Miguel de Cervantes Saavedra, quien en el prólogo de la Primera Parte confiesa que «aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote» (p. 10). Que el autor se confiese padrastro de su personaje —por extensión, de la obra entera— puede causar extrañeza a quien va leyendo estas líneas del prólogo, pero la afirmación de Cervantes se va a aclarar, va a cobrar pleno sentido más adelante, como explicaré en una próxima entrada.

La historia de las aventuras de don Quijote es presentada por un narrador personal que se manifiesta ya en las primeras líneas de la obra: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…» (I, 1, p. 35; cursiva mía). Es una voz que no corresponde a la de un personaje protagonista de los sucesos que se van a narrar, es decir, no estamos ante un narrador protagonista como el de la novela picaresca. Sin embargo, tampoco se trata del tradicional narrador en tercera persona característico de la novela de caballerías. Es el del Quijote un narrador que no sabe todo acerca de los hechos que va a contar o, dicho de otra forma, tiene un conocimiento limitado de la materia objeto de su narración. En muchos momentos este narrador se declara dependiente de fuentes anteriores, por ejemplo en ese mismo capítulo I, 1, cuando alude a un detalle tan importante como el nombre de su protagonista:

Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada» o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana» (pp. 36-37; destacado mío).

Y en el capítulo I, 2 añade:

Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento; pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre (p. 48; destacados míos).

Es decir, el narrador maneja distintas fuentes (autores, los anales de la Mancha…) que le brindan información acerca de las andanzas de don Quijote. De esta forma, este narrador aparece como un compilador de la historia, una especie de pseudo-historiador que trata de presentar todos los hechos narrados como una «historia verdadera». De hecho, sintagmas de este tipo («verdadera historia», «grande historia», «puntual y verídica historia»…) se repiten continuamente a lo largo del relato y en los títulos de los capítulos.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.
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