La superstición en la novela histórica romántica española (y 3)

Así pues, las referencias a distintas supersticiones salpican constantemente las páginas de estas novelas históricas; pero lo más curioso es que el narrador siempre ofrece una explicación racional para todos esos fenómenos extraños: el supuesto fantasma nunca es tal, sino un personaje con una vestidura blanca en medio de la noche; los aullidos de carácter sobrenatural se explican por el roce del viento en las hojas de los árboles, y así sucesivamente. Los novelistas no parecen dispuestos a dar entrada en sus obras a lo irreal o irracional; solo incluyen lo aparentemente sobrenatural, tal como han destacado Guillermo Carnero e Inés L. Bergquist:

La novela histórica española es condenable desde varios puntos de vista. Dejando al margen la cuestión de su originalidad, que carece en sí de importancia, tiene en general un gravísimo defecto: la poca audacia que demuestra al dar siempre una explicación racional a lo extraordinario, y la tosquedad con que plantea las explicaciones de carácter psicológico. Es sintomático el procedimiento por el cual se destruye a sí mismo el rico entramado de la ficción sobrenatural en Los bandos de Castilla. ¿Falta de genialidad o de audacia en nuestros novelistas, autocensura con vistas a la acogida del público? Una y otra razón no serían más que efectos y crisis de carencias de la España y de la Europa burguesa del XIX, más profundas y graves que la incapacidad para admitir la aventura espiritual que propone la genuina literatura fantástica[1].

Lo sobrenatural, incluido en nuestras novelas, como en buena parte de la novela gótica, para hacer correr un delicioso escalofrío por el espinazo del lector, es siempre explicable. La apariencia de lo sobrenatural es admisible, pero nuestros autores —y, es de suponer, su público— son demasiado racionalistas para tratarlo como realidad[2].

Por ejemplo, el narrador adopta esa actitud desmitificadora al final de El lago de Carucedo, después de señalar la aparición de un hábito y de un cisne sobre las aguas del lago recién formado por el terremoto que se produce después de desaparecer los dos amantes:

Y es lástima en verdad que todo ello no pase de una de aquellas maravillosas consejas, que donde quiera sirven de recreo y de alimento a la imaginación del vulgo ansiosa siempre de cosas milagrosas y extraordinarios sucesos. […] Por lo demás, el lago de Carucedo tiene el mismo origen que la mayor parte de los otros, y lo único que lo ha producido son las vertientes de las aguas encerradas en un valle sin salida. […] Tal es la verdad de las cosas, desnuda y fría, como casi siempre se muestra (p. 250).

Castillo de Cornatel

En otras ocasiones, en fin, la superstición de un personaje sirve simplemente para introducir un rasgo de humor. Aznar avanza por un corredor oscuro y escucha una voz; entonces se deja llevar por su exaltada imaginación caballeresca:

—¿Quién eres? —respondió el almogávar— ¿Eres, por ventura, alguna dama encantada, de esas que dicen que suelen habitar en estos palacios y castillos? […] Y aun si quieres que te desencante y está en poder humano, yo lo haré de muy buena voluntad que, puesto que seas mora, todavía ha de valerte la dulzura de tu voz y la hermosura que en ti estoy ya imaginando. […]

—Menos imaginaciones, seor almogávar, y vamos a las obras. Yo no soy mora, ni estoy encantada, ni soy otra cosa que la honrada Castana (La campana de Huesca, pp. 169-170)[3].


[1] Guillermo Carnero, «Apariciones, delirios, coincidencias. Actitudes ante lo maravilloso en la novela histórica española del segundo tercio del XIX», Ínsula, mayo de 1973, núm. 318, p. 15.

[2] Inés L. Bergquist, El narrador en la novela histórica española de la época romántica, Berkeley, University of California, 1978, pp. 32-33.

[3] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Anuncios

Un pensamiento en “La superstición en la novela histórica romántica española (y 3)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s