Los cuentos de José María Sanjuán: «La espera»

El libro de cuentos El ruido del sol (1968) de José María Sanjuán se abre con «La espera» (pp. 17-27)[1], que va encabezado por una cita de Edward Glover, con la que enlaza el comienzo del relato. Julián y una muchacha acuden a la habitación del matador para saludarlo y desearle suerte. El torero confiesa a un periodista que tiene miedo. En la habitación el calor es grande, y más que a la acción invita a la reflexión, lo que se traduce en el ritmo lento del relato:

Es ahora cuando llega la sombra aciaga y se enturbian los pensamientos. Y sucede así porque todavía la cabeza funciona bien y los gritos del público y el fragor de la fiesta no ha emborrachado al ídolo. Se ve muy claro el peligro y la figura de la bestia (p. 24).

Al maestro le acompaña Rafael, su mozo de espadas. Las varias frases que se van reiterando en el discurso narrativo indican que todo sigue igual, que no pasa el tiempo o que pasa muy lentamente.

Torero

Poco a poco se acerca la hora decisiva: el torero siente un gusano en el pecho, reza, tiene miedo… hasta que salta a la arena: «Luego, en la plaza, se pasa» (p. 27). Ha llegado la hora de la verdad: «De pronto rompió la tarde un ruido de músicas. Y fue como la liberación de todo». No hay otro desenlace. Sanjuán ha construido el relato tomando como centro, no el momento culminante de la faena, sino las lentas horas previas (el relato termina precisamente cuando aquella va a empezar) y sabe transmitir al lector la angustiosa espera del matador.


[1] Citaré por José María Sanjuán, El ruido del sol, 2.ª ed., Barcelona, Destino, 1971 (colección Áncora y Delfín, núm. 372), prólogo de José María Pemán.

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2 pensamientos en “Los cuentos de José María Sanjuán: «La espera»

  1. Coincidí con José María San Juan en la Clínica Universitaria de Pamplona en 1968. Estaba en tratamiento médico por la enfermedad que le causaría la muerte. No sé por qué pero establecimos conversación a menudo, yo estaba entonces acompañando a un familiar operado. Me habló – sin mencionar la muerte- cuando yo le hablé de mi pariente. de lo malo que era estar enfermo y no tener osibilidades de nada. No habló de él, pero tu crónica sobre el tema de su novela, que no he leido, me hace pensa en el desdoblamiento de su propia angustia. Cuando yo le ví, era un hombre muy angustiado, tal vez sabía su diagnóstico. Te lo cuento, por si ves semejanzas.

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