El Fénix fracasa en su intento de ser nombrado cronista real

Un fracaso viene a amargar la alegría de Lope en este momento: no obtiene el cargo de cronista real que solicita insistentemente en 1620 (lo pide el 1 de junio de ese año, pero ya antes, en 1618, lo había pedido indirectamente a través de unos versos de su comedia El triunfo de la humildad)[1]. Este es el documento dirigido al rey:

Señor: Lope de Vega Carpio, Comisario del Santo Oficio y Fiscal de la Cámara Apostólica, dice que por muerte de Pedro de Valencia, Cronista de V. M., está vaco el dicho oficio; suplica a V. M. humildemente se sirva de hacerle merced de él, que el amor y voluntad con que siempre ha deseado emplearse en el servicio de V. M., mostrándolo en las ocasiones que se han ofrecido, le ayudará a acertar a servir a V. M. en este oficio en que la recibirá muy grande.

Pluma, papel y tintero

Pero su vida nada edificante ayudaba muy poco —más bien nada— a la petición, que le es denegada. Falla, pues, ese intento de vincularse a lo más alto de la nobleza, a la propia corona. Y continúa la precariedad económica: Lope quiere desligarse del duque de Sessa, cuyo servicio le sigue obligando a desempeños indecorosos, muy poco acordes con su condición sacerdotal, pero no consigue nuevos mecenas.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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