Enfermedad de Lope y agravamiento de Marta de Nevares

En marzo y abril de 1628, Lope está enfermo de gravedad y decaído (a sus 66 años es una persona anciana, dada la esperanza de vida de la época)[1]. Así se percibe en las cartas al de Sessa, que ya no se muestra tan espléndido como antes:

Ya tiene Vuestra Excelencia, gracias a Dios, a Lope de Vega, que hasta hoy no le tenía: así se dudó de mi vida. Truje en pie este negro mal, que negro debe ser, pues Vuestra Excelencia me receta negras, más de veinte días con grande trabajo y pena, tanto que entendí que me había vuelto don Juan de Alarcón; y al fin caí en la cama, hoy hace dieciocho días, de una hinchazón tan dolorosa, que me encendía en terribles calenturas y me causó tantos males que ya me lloraban las musas domésticas y extrañas. Sea Dios alabado, su Santísima Madre y San Isidro, que estoy en puerto de claridad, que en abril, y no pocos años, mucho había que temer.

Lope de Vega

Por lo demás, su amada Marta sigue sin vista y con frecuentes accesos de locura. De alguna manera, en este cuidar de la amada enferma —circunstancia que trasladará tanto a sus cartas como a sus versos, por ejemplo en su égloga Amarilis (1633)— Lope rehabilita su persona:

Solo la escucho yo, solo la adoro
y de lo que padece me enamoro…

[…]

Ejemplo puede ser mi amor de amores,
pues quiere amor que más aumente y crezca,
que si en amar defectos se merece,
ese es amor que en las desdichas crece.

Terminaré esta sección de la biografía lopesca citando unas palabras de Villacorta que hacen balance de esta relación, la que fue, sin duda alguna, la gran pasión de madurez del Fénix:

Si el amor de Lope por Micaela de Luján fue ciego y desde una plenitud física, el que sintió por Marta de Nevares fue febril, más desesperado, suplicante y desde las carencias físicas. Fue un último amor que se tornó en compasivo y purificador. Fue un honroso colofón a tantas aventuras irrelevantes.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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