Historia y ficción en «Doña Blanca de Navarra» de Navarro Villoslada (1)

Una novela histórica se construye con una mezcla de elementos ficticios y de elementos históricos: las proporciones serán en cada caso distintas, pero en todas ellas cierto segmento de la historia novelesca se identificará con cierto segmento de la historia real. Por supuesto, el resultado final de esa mezcla será siempre una obra perteneciente a la Literatura, no a la Historia; en consecuencia, al novelista histórico no se le ha de pedir el mismo rigor científico que al historiador. Ahora bien, si el novelista es mínimamente riguroso —y Navarro Villoslada lo es en alto grado—, puede llegar a transmitir con sus novelas, no solo el placer estético de una obra de ficción, sino además una visión acertada de aquella época en la que ha situado su acción. Es decir, puede proporcionar al lector ciertos conocimientos históricos (la historia es maestra de la vida, según acuñación clásica), y animarle quizá a un mejor conocimiento de los hechos del pasado, sirviéndole de acicate para acudir a fuentes historiográficas.

Carlos d´Evreux y Trastámara, Príncipe de VianaComo suele ser habitual, en esta novela de Francisco Navarro Villoslada[1] los datos históricos esenciales se acumulan en los primeros capítulos, donde se ofrece un cuadro panorámico de la época para que el lector pueda hacerse una idea general de la misma y situar correctamente a los personajes. El marco histórico es aquí la guerra entre los bandos navarros de beamonteses (partidarios del Príncipe de Viana, Carlos, y luego de su hermana doña Blanca) y agramonteses (que apoyaron a Juan II, rey de Aragón), y ya desde la primera página del libro se alude a «las guerras intestinas en que estaba ardiendo a la sazón el reino de Navarra». Carlos, nieto de Carlos III el Noble, era el legítimo heredero al trono navarro al morir su madre doña Blanca; pero esta, en una cláusula de su testamento, dejó estipulado que no se proclamase rey sin contar con el permiso de su padre; en vista de que don Juan II retuvo injustamente en su poder el reino, incluso después de sus segundas nupcias con Juana Enríquez, el joven Príncipe de Viana hubo de debatirse entre el respeto filial y sus evidentes derechos, optando finalmente por el alzamiento armado. Carlos contó con el apoyo de los castellanos, interesados en el enfrentamiento entre padre e hijo, lo que contribuyó a que las discordias se prolongasen en Navarra durante cuarenta años.

Los beamonteses, que proclamaron rey a don Carlos, estaban encabezados por don Luis de Beaumont, Conde de Lerín. Su gran rival, cabeza del bando agramontés, era mosén Pierres de Peralta (el Joven), Condestable de Navarra, vasallo del rey don Juan. En la novela, se menciona la muerte del Príncipe de Viana, envenenado por orden de su madrastra y de su hermana doña Leonor. Todo esto es, más o menos, histórico: hoy en día parece probado que don Carlos murió de muerte natural, enfermo de tuberculosis; pero su muerte fue cuando menos sospechosa y durante mucho tiempo se especuló con su posible envenenamiento; algunos historiadores acogieron la idea y, por tanto, no tiene nada de extraño que Navarro Villoslada aprovechase para su obra la versión más dramática y novelesca.

Carlos, Príncipe de VianaLa muerte del Príncipe de Viana aparece aludida varias veces en la novela, pero el núcleo central del argumento lo constituye el fin de su hermana doña Blanca, heredera del título, de los derechos a la Corona navarra y también de las desgracias de don Carlos. La princesa doña Blanca fue enviada por su padre, Juan II, al castillo de Orthez, en el Bearn, en abril de 1462 con la excusa de que allí se concertaría su boda con el Duque de Berry, hermano del rey de Francia. Se trataba en realidad de todo lo contrario: de que permaneciese en poder de los Condes de Foix, don Gastón IV y doña Leonor, para que no pudiese contraer matrimonio, pues, siendo entonces ella la legítima heredera del trono, la descendencia que hubiese podido tener sería un obstáculo para los planes de don Juan. En la realidad, antes de su traslado a Francia doña Blanca permaneció recluida en varios castillos; en la novela, Navarro Villoslada finge la poco verosímil circunstancia de que la princesa ha decidido vivir en Mendavia disfrazada de labradora. También añade el autor el lance novelesco que supone su liberación temporal por parte de Jimeno. Doña Blanca vivió dos años encerrada en Orthez, para morir el 2 de diciembre de 1464; en cambio, el novelista sitúa su muerte a los pocos días de su llegada, concentrando temporalmente todos los acontecimientos de la novela, lo que sin duda proporciona mayor dramatismo a la acción.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

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