El narrador en «Doña Blanca de Navarra» de Navarro Villoslada (2)

Grabado de Doña Blanca de Navarra (Gaspar y Roig)He mencionado en una entrada anterior que el narrador de esta novela de Francisco Navarro Villoslada[1] controla todos los resortes del relato. Su presencia organizativa aparece denunciada por la frecuente inclusión de muletillas del tipo: «preciso es confesar», «dijimos en el penúltimo capítulo», etc. Son también muy frecuentes sus apelaciones al lector, al que se dirige con expresiones del siguiente jaez: «rogamos al lector que se haga cargo», «quizá no haya olvidado el lector», «el lector ya sabe la verdad», «debemos advertir al lector», «como supondrán nuestros lectores», «figúrese el lector»… Estas llamadas cómplices a su atención se reiteran con gran frecuencia, no solo en el texto de los capítulos, sino también en los títulos de algunos de ellos: «De cómo Jimeno dio muchos pasos en balde para averiguar lo que irá sabiendo el curioso lector sin necesidad de mover un pie» (parte I, cap. II); «Que parece inútil […]. Se publica, sin embargo, para el que quiera leerlo» (parte II, cap. XXX).

El narrador marca su lejanía con relación a los acontecimientos narrados por medio de comentarios que constituyen claras alusiones a situaciones o hechos contemporáneos del autor. Por ejemplo, establece paralelismos o semejanzas entre aspectos del pasado con otros del presente; en tales casos, muestra preferencia por la elección de términos de comparación pertenecientes al terreno de la política o del periodismo, dos actividades que resultaban bien conocidas para Navarro Villoslada y en las que llegaría a ocupar puestos destacados:

Los cronistas de antaño venían a ser lo que los periodistas de hogaño: curiosos, observadores y muy dados a las ciencias cronológicas y chismográficas.

Pero los taquígrafos de aquellos tiempos, como los de ahora, sabían extractar en dos líneas las oraciones más largas y mejor decoradas, y he aquí el brevísimo resumen que nos han dejado del discurso de la reina doña Leonor.

En ocasiones, el narrador introduce comentarios de carácter general, extraídos a partir de un hecho particular relativo a alguno de los personajes; suele tratarse de afirmaciones que encierran una enseñanza de tipo moral, de acuerdo con el ideario hondamente cristiano del autor:

Es admirable la facilidad que tiene el hombre para formar propósitos, y más siendo malos, como es igualmente maravillosa la dificultad de cumplirlos, y sobre todo cuando son buenos y confía en sus propias fuerzas.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

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