Lope de Vega, María de Zayas y Vicente Espinel

A la escritora María de Zayas elogia con grandes extremos de inmortal ingenio en la silva VIII del Laurel de Apolo[1].

Vicente Espinel

Gran respeto y cariño profesó a Vicente Espinel, a quien trató a menudo de maestro, y de quien se confesó discípulo, con gran satisfacción del autor del Marcos de Obregón, en cuyo prólogo leemos:

Con el divino ingenio de Lope de Vega, que como se rindió a sujetar sus versos a mi corrección en su mocedad, yo en mi vejez me rendí a pasar por su censura y parecer…

Lope, en carta de julio de 1617, escribe por su parte al duque de Sessa: «merece Espinel que Vuestra Excelencia le honre, por hombre insigne en el verso latino y castellano, fuera de haber sido único en la música».


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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