Lope de Vega y Góngora (1)

El caso de Góngora merece unas pocas palabras más[1]. Refleja toda una compleja trayectoria de respeto e irritación por parte de Lope, y de distanciado desprecio por parte de Góngora. No se trata ya solo de actitudes personales, sino del enfrentamiento de dos modos de concebir la poesía, y la relación de los dos se enmarca en un ambiente de polémicas literarias en torno a la «nueva poesía» de los gongorinos.

Don Luis de Góngora, poeta de minorías, consciente de la revolución que estaba protagonizando, obsesionado por la perfección estética, distante del odiado vulgo, no podía menos que despreciar la fama popular y la facilidad torrencial de Lope.

Don Luis de Góngora y ArgoteCada vez que sale una obra de Lope la recibe Góngora con un desprecio. Escribe el soneto «A un señor que le envió La Dragontea de Lope de Vega» donde le dice que «para ruido de tan grande trueno / es relámpago chico», y que el poeta navega mal porque «potro es gallardo, pero va sin freno»; para La Arcadia va el conocido «Por tu vida, Lopillo, que me borres / las diez y nueve torres del escudo / porque aunque todas son de viento, dudo / que tengas viento para tantas torres» (pues Lope, que no era noble, había estampado al frente del libro el escudo del apellido Carpio); parodia otro soneto de Lope en «Embutiste, Lopillo, a Sabaot / en un mismo soneto con Ylec», etc. Y ultimadamente se burla de la «llaneza» de la poesía castellana de Lope y sus seguidores en el tantas veces citado

Patos de la aguachirle castellana,
que de su rudo origen fácil riega
y tal vez dulce inunda nuestra Vega,
con razón Vega por lo siempre llana:

pisad graznando la corriente cana
del antiguo idïoma y, turba lega,
las ondas acusad, cuantas os niega
ático estilo, erudición romana.

Los cisnes venerad cultos, no aquellos
que escuchan su canoro fin los ríos;
aquellos sí, que de su docta espuma

vistió Aganipe. ¿Huís? ¿No queréis vellos,
palustres aves? Vuestra vulgar pluma
no borre, no, más charcos. ¡Zabullíos!


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

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