«Los de abajo» de Mariano Azuela: Demetrio Macías o el desencanto de la Revolución (4)

Revolución mexicanaPero sigamos con la escena de la batalla en la novela de Mariano Azuela. Poco después nos indica el narrador, refiriéndose a Solís: «Su sonrisa volvió a vagar siguiendo las espirales de humo de los rifles y la polvareda de cada casa derribada y cada techo que se hundía. Y creyó haber descubierto un símbolo de la Revolución en aquellas nubes de humo y en aquellas nubes de polvo que fraternalmente ascendían, se abrazaban, se confundían y se borraban en la nada» (p. 144)[1]. Entonces es alcanzado por una bala perdida. El idealista Solís, idealista desilusionado, muere, pese a haber permanecido al margen del combate: «Sintió un golpecito seco en el vientre, y como si las piernas se le hubiesen vuelto de trapo, resbaló de la piedra. Luego le zumbaron los oídos… Después, oscuridad y silencio eternos…» (p. 144).

Con la toma de Zacatecas se consigue acabar con el régimen de Huerta. La Revolución ha triunfado, pero la lucha no acaba ahí. Anastasio no comprende lo que ocurre: «Porque lo que yo no podré hacerme entrar en la cabeza —observó Anastasio Montañés— es eso de que tengamos que seguir peleando… ¿Pos no acabamos ya con la Federación?». Y apostilla el narrador:

Ni el general ni Venancio contestaron, pero aquellas palabras siguieron golpeando en sus rudos cerebros como un martillo sobre el yunque. Ascendían la cuesta, al tranco largo de sus mulas, pensativos y cabizbajos. Anastasio, inquieto y terco, fue con la misma observación a otros grupos de soldados, que reían de su candidez. Porque si uno trae un fusil en las manos y las cartucheras llenas de tiros, seguramente que es para pelear. ¿Contra quién? ¿En favor de quienes? ¡Eso nunca le ha importado a nadie! (pp. 194-195).

Sí, deben seguir pelando, ahora entre los propios revolucionarios, para hacerse con el poder. Así se lo comunica Natera a Demetrio: «¡Cierto como hay Dios, compañero, sigue la bola! ¡Ahora Villa contra Carranza!» (p. 191). Pregunta a Demetrio qué le parece, y éste alza los hombros: «Se trata, a lo que parece, de seguir peleando. Bueno, pos a darle, ya sabe, mi general, que por mi lado no hay portillo» (p. 191). Natera le pregunta de parte de quién se va a poner. Pero Demetrio no tiene ideas propias: solo sabe hacer lo que le mandan, no tiene criterios para juzgar cuál de los dos bandos es mejor y no quiere la responsabilidad de tener que tomar esa decisión:

Mire, a mí no me haga preguntas, que no soy escuelante… La aguilita que traigo en el sombrero usté me la dio… Bueno, pos ya sabe que no más me dice: «Demetrio, haces esto y esto»… y se acabó el cuento (pp. 191-192).


[1] Cito por Mariano Azuela, Los de abajo, ed. de Marta Portal, Madrid, Cátedra, 1980.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s