«Los de abajo» de Mariano Azuela: Demetrio Macías o el desencanto de la Revolución (5)

Como sabemos, Pánfilo Natera (y con él Demetrio) se une a Pancho Villa, que a la postre resultaría el perdedor (recordemos que también Mariano Azuela se unió a ese bando).

Pancho Villa y Pánfilo Natera

Al final, Venancio trae las nuevas de la derrota: «¡Un desastre! Villa derrotado en Celaya por Obregón. Carranza triunfando por todas partes. ¡Nosotros arruinados!» (p. 198)[1]. El loco Valderrama le contesta con escepticismo que él ama la Revolución, no a los caudillos (ya se sabe que los locos, los niños y los borrachos dicen las verdades; quizá por eso incluye Azuela al final de su novela la figura de este “loco” que dice algunas verdades como puños):

¿Villa?… ¿Obregón?… ¿Carranza?… ¡X… Y… Z! ¿Qué se me da a mí?… ¡Amo la Revolución como amo al volcán que irrumpe! ¡Al volcán porque es volcán, a la Revolución porque es Revolución!… Pero las piedras que quedan arriba o abajo, después del cataclismo, ¿qué me importan a mí?… (p. 198).

Como ha señalado la crítica, la incorporación de Demetrio Macías a las tropas de Natera marca la cima de su fama, convertido ya en mito; luego, comienza el declive; como certeramente ha señalado Manuel Prendes,

a este momento de apoteosis del héroe sigue una progresiva fase declive, cuya clave esté probablemente en su misma incorporación «oficial» a la lucha revolucionaria. El héroe ya no lucha por una causa propia, ha cedido su identidad, asumiendo como auténtica imagen de sí mismo la mitificación que los revolucionarios han hecho de su figura, lo cual es índice de que empieza para él un proceso de degradación que, en última instancia, acaba en su aniquilamiento[2].

Cuando llegan a Juchipila exclama solemne Valderrama: «¡Juchipila, cuna de la Revolución de 1910, tierra bendita, tierra regada con sangre de mártires, con sangre de soñadores… de los únicos buenos!…». Y un exfederal que pasa a su lado completa brutalmente la frase: «Porque no tuvieron tiempo de ser malos» (p. 202). El mensaje de desilusión no puede ser más claro: todos los que entraron en el proceso revolucionario fueron malos; si hubo algún bueno, fue porque no tuvo tiempo de llegar a hacerse malo…


[1] Cito por Mariano Azuela, Los de abajo, ed. de Marta Portal, Madrid, Cátedra, 1980.

[2] Manuel Prendes, «Los de abajo», de Mariano Azuela [guía de lectura], Berriozar (Navarra), Cénlit Ediciones, 2007, p. 47. Y en otro lugar añade: «Demetrio Macías, con todas sus virtudes de héroe, demuestra también su falta de ideales, además de ser mujeriego, bebedor y hasta cruel» (p. 71).

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