«Los de abajo» de Mariano Azuela: Demetrio Macías o el desencanto de la Revolución (y 6)

Nos acercamos al final de la novela de Mariano Azuela. Demetrio regresa a casa y se encuentra con su mujer. Ella le pide que no se vaya y surge la pregunta inevitable: «¿Por qué pelean ya, Demetrio?». La respuesta es conocida. Demetrio arroja una piedra al fondo del cañón y dice: «Mira esa piedra cómo ya no se para…» (p. 207)[1]. Después solo queda la emboscada y la muerte, primero de sus hombres, por último de Demetrio: «Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como pórtico de vieja catedral, Demetrio Macías, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su fusil…» (p. 209).

José Clemente Orozco, "La trinchera"

Como indica Francisco Monterde, las obras de Azuela escritas entre 1913 y 1922, entre las que se cuenta Los de abajo, «reflejan los choques del idealista con la realidad y el consiguiente desencanto al ver que ésta le defrauda»[2]. Manuel Prendes, por su parte, escribe:

En su conjunto, el narrador y los personajes transmiten una clara ambigüedad en cuanto al código de valores de la Revolución, defendidos por la novela, huyendo del esquematismo de buenos-malos y mostrando (sin juzgarlo) el desajuste entre los principios originales de la lucha y sus motores efectivos.

En definitiva, se transmite un fatigado mensaje de desencanto: Azuela no es ni mucho menos antirrevolucionario, pero sí mantendrá siempre una posición crítica ante los caminos que adoptó el movimiento, cada vez más desviado del inicial entusiasmo maderista que se lanzó en su día a la militancia política y a seguir, como tantos de «los de abajo», las rutas de la Revolución[3].

El propio novelista dejó escrito: «Nuestro gran error no consistió en haber sido revolucionarios, sino en creer que con el cambio de instituciones y no la calidad de los hombres llegaríamos a conquistar un mejor estado social»[4]. Efectivamente, el mal no está tanto en unos sistemas determinados, sino en el corazón de cada hombre… He hablado a lo largo de varias entradas de desilusión. ¿No queda ninguna puerta abierta para la esperanza? La novela no lo dice explícitamente, pero Marta Portal cree hallarla en el hijo de Demetrio, en la joven generación que ha de construir el futuro. Cuando Demetrio habla con su mujer se fija, en efecto, en las facciones del niño: «Y su corazón dio un vuelco cuando reparó en la reproducción de las mismas líneas de acero de su rostro y en el brillo flamante de sus ojos» (p. 206)[5].

El sueño de la Revolución. La desilusión al comprobar el fracaso de sus objetivos. Cierta esperanza, quizá, para el futuro. Esos son los temas principales de la novela. Existen otros, pero menos importantes. Por ejemplo, el de la violencia, la crueldad y la muerte, subordinado al tema de la Revolución. Como hace notar la crítica, todas las escenas de la novela están teñidas por la violencia, salvo los episodios que ocurren en la ranchería de Camila: la recuperación de Demetrio tras ser herido constituye un breve remanso de la acción. Otra idea interesante que requeriría un análisis más detenido es la sugerida por Mónica Mansour de que todos los personajes corrompidos proceden de la ciudad, mientras que los nobles y sinceros son los campesinos, «pobres y derrotados, pero dignos como aztecas»[6]. Otros temas serían el tratamiento de la naturaleza, grandiosa, majestuosa (la función del paisaje es suavizar la impresión que nos dejan las escenas violentas de la Revolución), el caudillismo, el problema religioso, el amor y la mujer, etc.


[1] Cito por Mariano Azuela, Los de abajo, ed. de Marta Portal, Madrid, Cátedra, 1980.

[2] Francisco Monterde, introducción a Mariano Azuela, Obras completas, México, Fondo de Cultura Económica, 1958, vol. I, p. XIII.

[3] Manuel Prendes, «Los de abajo», de Mariano Azuela [guía de lectura], Berriozar (Navarra), Cénlit Ediciones, 2007, p. 78. Por su parte, Arranz Lago, que ha analizado el imaginario de la violencia en la obra, señala: «ninguna fuerza es capaz de combatir el movimiento inexorable de la Revolución, sinónimo de espanto, tinieblas y muerte en la segunda y tercera parte de la novela» (David Felipe Arranz Lago, «Azuela y el desasosegante imaginario de la violencia», Castilla. Estudios de literatura, 23, 1998, p. 41).

[4] Citado por Marta Portal, Proceso narrativo de la Revolución Mexicana, México, Ediciones de Cultura Hispánica, 1977, p. 77.

[5] Cito por Mariano Azuela, Los de abajo, ed. de Marta Portal, Madrid, Cátedra, 1980.

[6] Mónica Mansour, «Cúspides inaccesibles», en Jorge Ruffinelli (coord.), ed. crítica de Los de abajo, Madrid, CSIC (Colección Archivos), 1988, p. 262.

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