El poema «Alma del suelo» de Olga Bruzzone (1909-1996)

Olga BruzzoneOlga Bruzzone, nacida en La Paz (Bolivia), en 1909, fallecería en 1996 en Canadá. Dirigió la revista femenina Superación y fue vocera de la Confederación Nacional de Instituciones Femeninas (CONIF). Ganadora de varios premios literarios, es autora del poemario Hondo, muy hondo (1960) y de las novelas Tras la cortina de incienso (1974) y Torbellino de horas, que obtuvo el Segundo Premio «Erich Guttentag» en 1984. En su Índice de la poesía boliviana contemporánea, Juan Quirós nos ofrece esta valoración de su obra poética:

Desentraña las propias emociones con palabras vigorosas y vibrantes. Por sobre todas las cosas es una poetisa maternal. Ningún matiz que se roce con el tema de la madre falta a sus versos, desde el diseño leve hasta el grito encrespado, disconforme y bronco. Olga Bruzzone de Bloch es autora de Hondo, muy hondo, 1960[1].

Copiaré su composición «Alma del suelo», que este mismo crítico incluye entre los cien mejores poemas bolivianos. Se construye, en esencia, como una serie de metáforas aposicionales a la palabra inicial, Indio. Cabe aclarar que el pututu mencionado hacia el final del poema es un instrumento de viento andino, que originariamente se fabricaba con una caracola marina:

Indio: recio vocablo,
indómito y sonoro.

Canción del pajonal libre del hierro.

Luz replegada en ardientes lavas.

Petrificada audacia de los Andes.

Adjetivo del Sol.

Bronce de eco distante
enraizado en la paja brava.

Polen del páramo.

Vendaval retenido en el surco, en la huella.

Oteador de la Aurora.

Dios de ti mismo.

Conoces el lenguaje de la estrella,
el idioma del agua,
la voz de las tormentas.

Autóctono. Telúrico.
Fecundado en la tierra por el viento.

Agresivo,
desafiante,
audaz, tímido,
desconfiado,
huidizo.

Huanacu y Cóndor.

Inmersión de la altura en el abismo.

Vivificada piedra.

Alma del suelo.

Trasmutación estática del tiempo.

Rastreador de milenios.

Zampoña del dolor, amante quena.
Rebelión encerrada en el pututu.

Enturbiado caudal,
remanso claro.

Tienes los ojos nuevos
y aunque en el día leas la cartilla,
lees en la noche las estrellas[2].


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 199.

[2] Cito por Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 202-203.

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