Los «Sonetos de humildad» de Héctor Cossío Salinas

Héctor Cossío SalinasAdemás de su faceta como literato, el abogado Héctor Cossío Salinas (Cochabamba, Bolivia, 1929-1972) llegó a ser diputado nacional y más tarde alcalde de su ciudad natal. Impulsó la revista Canata, fue miembro del grupo «Gesta Bárbara» y presidente de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Bolivia. Igualmente, fue asesor editorial y codirector de la Enciclopedia Boliviana de «Los Amigos del Libro». Con su libro Posada de los sueños  (1964) obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1963. Fue compilador de las antologías La tradición en Cochabamba (1969) y La poesía en Cochabamba (1972).

Juan Quirós señala que Cossío Salinas «Es ante todo un sonetista», y añade:

Como motivos permanentes de sus versos podemos señalar el amor y la tierra. No tanto el paisaje como fluido plástico —valga la frase— sino la tierra en explosión de vida. Ha tenido una sólida educación adquirida pacientemente en el conocimiento de los poetas clásicos españoles, tanto antiguos como modernos[1].

Un notable ejemplo de su buen hacer como sonetista (sencillez temática y acertado manejo del ritmo del endecasílabo) lo constituyen sus «Sonetos de humildad»:

Eres el pan presente cada día…
Eres el pan abierto de blancura
que en su interior creciente me asegura
la humilde devoción de la alegría.

Eres la espiga tierna que podría
retenerme en su cáliz de ternura
y conducirme al sueño que clausura
esta vida recóndita y vacía.

Eres el pan perenne y verdadero:
infancia rubia, dulce levadura
presentida de amor y de tibieza.

Y eres el pan moreno que yo quiero,
inmerso en el dolor que me inaugura
para otra forma de eternal pureza.

                    * * *

¿Dónde está la sustancia verdadera
que hizo del trigo pan; del amor, beso;
de los sedientos labios, embeleso,
y del sueño una eterna primavera?

Vecina de la muerte y de la espera,
¿esconderá la noche —lirio preso,
recóndito albedrío, amor confeso—
tu presencia purísima y ligera?

Compadéceme, amor, porque mi sueño
se acercó demasiado a lo imposible
del pretérito signo florecido.

Compadéceme, amor, que no soy dueño
de mi propia existencia en la terrible
serenidad de tu postrer olvido…

                    * * *

Trigo maduro y amarillo, trigo
ofrecido en la tarde jubilosa
desde la humilde mano silenciosa
serenamente próvido de abrigo.

Fruto lleno de paz, fruto mendigo
del necesario amor de cada cosa.
Al incluirme en tu alma luminosa
de blancura recóndita, te digo

mi palabra de canto y alabanza,
porque has llegado a mí con la esperanza
de una vida de eternas claridades.

Trigo maduro, de tu lado vengo
y en las manos abiertas sólo tengo
la serena emoción de otras edades[2].


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 353.

[2] Tomo los textos de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 353-354. En el tercer soneto, suprimo el punto que figura al final del verso octavo, tras digo.

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