«El borriquillo», de Óscar Alfaro (1921-1963)

BorricoProbablemente el rucio de Sancho Panza y Platero de Juan Ramón Jiménez (que, por cierto, está de centenario este año) sean los burros más famosos de la literatura española. Tampoco conviene olvidar, entre los clásicos latinos, una obra como El Asno de Oro de Apuleyo. Sea como sea, son muchos más los burros, asnos y borriquillos que «protagonizan» o, al menos, aparecen en numerosas obras literarias, en distintos géneros y de distintos países.

Óscar AlfaroExiste, pues, todo un subgénero de «literatura asnal»[1], y como una pequeña muestra de poesía borriquil traigo hoy al blog el poema «El borriquillo», del boliviano Óscar Alfaro. Óscar González Alfaro (San Lorenzo, Tarija, 1921-La Paz, 1963) es autor que cultivó especialmente la literatura infantil y juvenil, que firmó con el nombre de Óscar Alfaro. En La Paz, donde se desempeñó como docente en varios colegios e institutos, perteneció a la segunda generación del grupo literario Gesta Bárbara. Fue Militante del Partido Comunista de Bolivia. Publicó los libros Canciones de lluvia y tierra (1948), Bajo el sol de Tarija (1949), Cajita de música (1949), Alfabeto de estrellas (1950), Cien poemas para niños (1955), Cuentos infantiles (1962) y La escuela de fiesta (1963), títulos a los que se sumarían muchos otros de forma póstuma, publicados por su viuda, Fanny Mendizábal.

Juan Quirós comenta que Óscar Alfaro recreó a los niños

con composiciones fáciles y sentidas, no limpias siempre porque a menudo enseñaba consignas políticas a los pequeños. Los romances que escribió llevan el sello de la gracia y de la espontaneidad. Hay en los mismos una indisimulada influencia de Campero Echazú[2].

Este es el texto, de rimo sencillo y cantarín, de su poema «El borriquillo»:

El borriquillo del cerro
cruza sembrando canciones
con su canoro cencerro
por calles y callejones.

Y con ritmo cantarino
los sellos de sus herrajes
van dibujando tatuajes
sobre la piel del camino.

En el paisaje de estío
tocan su líquida orquesta
las ranas que están de fiesta
bajo las aguas del río.

Y por el dulce sendero
que cruza los olivares
sigue regando cantares
el borriquillo coplero.

Sobre su lomo de seda
descienden los ruiseñores
como una lluvia de flores
desde la fresca arboleda.

Y el borriquillo paciente,
cubierto de aves y trinos,
es un concierto viviente
que viaja por los caminos…[3]


[1] Ver Carlos Mata Induráin «Notas sobre “literatura asnal”. Un curioso libro de Primo Feliciano Martínez», Pregón Siglo XXI, núm. 22, 2003, pp. 82-88 y núm. 23, 2004, pp. 82-83. Asunto relacionado, aunque distinto, es la existencia en diversos países (Colombia, Etiopía, etc.) de las burrotecas: el esfuerzo de tan humildes y sufridos animales equinos permite llevar libros y disfrutar de la lectura a personas que viven en lugares apartados y poco accesibles.

[2] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 269.

[3] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, p. 271.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s