La poesía seria de José Joaquín Benegasi y Luján

En ocasiones, José Joaquín Benegasi y Luján (Madrid, 1707-Madrid, 1770) se acerca en su poesía a una temática seria, como en el soneto «Glosando “que lo demás es polvo, sombra, nada”», donde vuelve sobre el motivo tradicional de la caducidad de todo lo terreno:

Yo sé que he de morir, pero ignorando
estoy el cuándo, para disponerme;
con que, para lograr el no perderme,
dispuesto vivo, pues ignoro el cuándo.

De Dios la gran piedad me está llamando;
¿pues cómo tardo tanto en resolverme?
Ya voy, Señor, ya voy, sin detenerme,
pues que sois Vos el que me está esperando.

¿Qué es el mundo, el aplauso, la hermosura?
Pantanos que embarazan la jornada.
¿Y esto detiene? Sí, ¡fiera locura!

Pues alto ya, cuidado a la llamada
de quien la salvación nos asegura;
que lo demás es polvo, sombra, nada (Obras líricas jocoserias…, p. 11)[1].

Polvo entre las manos

Pero, incluso cuando el tema de la composición es serio, puede producirse en la parte final un quiebro que reconduce el texto hacia el terreno de lo jocoso, como sucede en el soneto «Hablando con la vanidad, y sin ella»:

«¡Vanidad! ¡Vanidad! ¿No me respondes?
¡Ah, vanidad!, ¿cómo eres tan grosera?
¡Ah, vanidad! ¡Ah, vanidad!, siquiera
respóndanme por ti duques y condes.

¡Ah, vanidad!, ¿adónde, di, te escondes,
con ser así que estás en un cualquiera?
¡Ah, vanidad!, saber de ti quisiera
con quién hoy día más te correspondes.

Sorda sin duda estás, bien lo colijo.
¡Jesús, qué voces! Basta de mal rato,
que tú vendrás quizá sin ser llamada.»

Así exclamaba yo, y una voz dijo:
«¿Para qué son los gritos, mentecato?
¿Cómo ha de responder, sobre ser nada?» (Obras líricas jocoserias…, p. 7).

Ese tono serio reaparece puntualmente en algunas otras composiciones, como por ejemplo en una décima «Reflexionando en la muerte»:

Como sé que he de morir,
y como vivo ignorando
el cómo, el dónde y el cuándo,
vivo sin poder vivir,
pues me quiero prevenir
cada instante, por si fuere
el último que tuviere;
porque, bien reflexionado,
solo quien muere en pecado
es quien propriamente muere (Obras líricas jocoserias…, p. 98b).

También en la siguiente del volumen, «Otra, mística»:

Sin Dios, todo va perdido,
con Dios, todo va ganado.
Sin Dios, nadie se ha salvado,
con Dios, nadie ha perecido.
Sin Dios, el que más ha sido
en la humana estimación
es nada, y su presumpción
es nada. Nada es por fin;
pues cuidado con el sin,
pues alerta con el con (Obras líricas jocoserias…, p. 98b).

O en esta «Otra» que viene a continuación:

Pecador, mira lo eterno
y di, pues te estará bien:
«Si yo me condeno, ¿quién
me sacará del infierno?»
Y así, con afecto tierno,
dale a Dios tu corazón,
pide contrito el perdón,
pide, pide, clama, clama,
y pues con pasión te ama,
válete de su Pasión (Obras líricas jocoserias…, p. 99a).

Y en algunas pocas más, igualmente de temática moral-religiosa. Pero enseguida Benegasi se vuelve al territorio de la jocosidad festiva, que le es más propio y donde sin duda se siente mucho más a gusto.


[1] Las citas corresponden a estos dos volúmenes: Poesías líricas y jocoserias. Su autor, don José Joaquín Benegasi y Luján, Señor de los Terreros y Valdelosyelos, Regidor perpetuo de la ciudad de Loja, quien las dedica al Excelentísimo Señor Marqués de Villena, Duque de Escalona, Conde de San Esteban de Gormaz, caballero del insigne Orden del Toisón, etc., en Madrid, en la imprenta de José González, vive en la calle del Arenal, año de 1743; y Obras líricas jocoserias que dejó escritas el Sr. D. Francisco Benegasi y Luján, caballero que fue del orden de Calatrava, Gobernador y Superintendente General de Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes y Molina de Aragón, del Consejo de Su Majestad en el de Hacienda, Regidor perpetuo de la Muy Noble Ciudad de Loja, Patrono de la Capilla que en el Real Monasterio de San Jerónimo de esta Corte fundó la Señora doña María Ana de Luján, etc. Van añadidas algunas poesías de su hijo don Josef Benegasi y Luján, posteriores a su primer tomo lírico, las que se notan con esta señal *, con licencia, en Madrid, en la oficina de Juan de San Martín, y a su costa; se hallará en su librería, calle de la Montera, donde se vende el Mercurio, año 1746.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s