La «Imploración a don Quijote», de Roberto Guzmán Téllez

Como poeta, el abogado Roberto Guzmán Téllez  (Sucre, 1895-La Paz, 1957) puede adscribirse al grupo parnasiano simbolista que se formó en la capital de Bolivia en las primeras décadas del siglo XX y al que pertenecieron también poetas como Adolfo Costa du Rels, Nicolás Ortiz Pacheco o Gregorio Reynolds, entre otros. En 1923 su «Oda al silencio» fue premiada con la Flor Natural en los Juegos Florales de Cochabamba, y también obtuvo premios en los Juegos Florales de Oruro en 1928 y 1929. Su poesía se encuentra desperdigada en las páginas de periódicos y revistas, si bien en 1978 se publicaron unas Poesías escogidas (1978); inédita quedó, en cambio, la recopilación La divina emoción. Como periodista colaboró en la revista Argos, fundada en Oruro por Enrique Condarco y Antonio José de Sainz[1].

Don Quijote

Roberto Guzmán Téllez es autor de la pieza teatral Don Quijote en Sucre, sainete en dos actos y en verso que fue llevado a las tablas en agosto de 1921 por alumnos del Colegio Junín de Sucre. Aquí reproduzco otra de sus recreaciones quijotescas, esta vez en el género poético. Se trata de su «Imploración a don Quijote», que se publicó en La Razón (La Paz, Bolivia), el 12 de octubre de 1947, y que dice así:

Crece el mal siniestro segundo a segundo
en esta centuria de oprobio y dolor.
En mi angustia siento la angustia del mundo;
y ungido por ella te imploro, Señor,

Señor don Quijote, pulcro Caballero,
bueno y temerario, de alma denodada,
generoso y tierno, galante y sincero,
como el Caballero de la Ardiente Espada.

La bizarra estirpe de los Doce Pares,
de Amadís de Gaula, del Cid Campeador,
está suplantada, Señor, a millares
por gente villana sin Dios, sin honor.

Ya no hay caballeros de noble talante
que amparan a débiles y a damas que gimen.
Solo hay malandrines que ocultan con guante
sus garras dispuestas al dolo y al crimen.

Señor don Quijote: la avidez del oro
prostituye el alma y el cuerpo a la par;
ciega la conciencia, despoja el decoro.
Y se ve en la sombra la daga brillar…

La daga felona, la dama homicida
del amor, de la honra, de la gracia pura,
de todas las cosas que dan a la vida
belleza y respeto, dignidad y altura.

Señor don Quijote: revive tus dones,
propaga ese fuego que quemó tu sien
y el fervor piadoso de tus obsesiones
por el bien ajeno, por tu propio bien.

No solo se vive de lo verdadero;
cada cual reviste su aridez sombría.
Precisa el espíritu, Señor Caballero,
los razonamientos de tu fantasía.

Al final de cuentas algunos sabemos
que somos felices con solo esperar
lo que hemos soñado, lo que apenas vemos
entre nuestra ansia, sin nunca alcanzar…[2]


[1] Más datos del autor pueden encontrarse en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 198-200. Ver también Yolanda Bedregal, Antología de la poesía boliviana, La Paz / Cochabamba, Editorial «Los Amigos del Libro», 1977, p. 230.

[2] Cito por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 201, con algunos ligeros retoques en puntuación y uso de las mayúsculas. En el verso 33 enmiendo la lectura «habernos», que rompe la rima consonante, por «sabemos».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s