El soneto a «Cervantes» de Ricardo Mujía

El abogado boliviano Ricardo Mujía Linares (Sucre, 1860-Sucre, 1938) fue profesor de Literatura e Historia en el Colegio Nacional Junín de su ciudad natal, y de Derecho Internacional en la Universidad Mayor de Chuquisaca, en la que alcanzaría el puesto de rector. Ocupó diversos cargos políticos (secretario de la Presidencia de la República, oficial mayor del Ministerio de Instrucción Pública, ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores) y, como diplomático, fue secretario de la Legación de Bolivia en Brasil, encargado de Negocios en Perú y ministro de la Legación en Paraguay y en Argentina.

En su faceta de poeta, publicó algunos libros —Ensayos literarios (1881), Poesías líricas (1898) y Penumbras (1907)— que lo sitúan en la transición del romanticismo al modernismo. Su inspiración brilla de forma especial en sus poemas épicos de tono patriótico. Así, en 1925 fue premiado con la Flor Natural y la Banda del Gay Saber en el certamen poético del primer centenario de la república por su composición titulada «La creación de Bolivia». En el terreno de la dramaturgia compuso piezas como las tituladas Orden superior, Pepetes, Bolívar en Junín o El mundo que juzga, entre otras. Cuenta además en su haber con obras didácticas y otras relacionadas con el trabajo que desarrolló en la delegación constituida en Buenos Aires para discutir la cuestión de límites territoriales entre Bolivia y Paraguay[1].

Combate naval de Lepanto (Palacio del Senado, Madrid)

En cualquier caso, en nuestro recorrido panorámico por la presencia de Cervantes y los temas cervantinos en la poesía boliviana contemporánea, debemos recordar su soneto «Cervantes», en el que se predica que la verdadera gloria de Cervantes no es su vida militar, su heroica participación en la trascendental batalla naval contra el turco de 1571 («La gloria de Cervantes no es Lepanto»), sino sus inmortales creaciones literarias, el Quijote y don Quijote, símbolo del ser humano que lucha en pos del Ideal:

La gloria de Cervantes no es Lepanto;
no es el laurel de la batalla cruenta,
conquistado al fragor de la tormenta,
entre alaridos de dolor y espanto…

Su gloria está en un libro, que es el canto
a la eterna ansiedad que el alma alienta;
su gloria está en el libro en que nos cuenta
todo lo que es la vida: Risa y Llanto…

Donde el glorioso Don Quijote, ufano
por desfacer entuertos, con su lanza,
lucha, lleno de ardor… y lucha en vano…

Ese libro de amor y de esperanza
es el poema del Delirio humano,
buscando el ideal, que nunca alcanza[2].


[1] Más datos sobre el autor pueden verse en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 270-278.

[2] Cito por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 279, con algún ligero retoque en la puntuación; mantengo las mayúsculas del original. En el verso 6 enmiendo la lectura «cierna» por «eterna». El texto se recoge también en Walter Arduz C., Antología de poetas de Chuquisaca, Sucre, Imprenta Universitaria, 1977.

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