Las coplas «De un pastor enamorado de una pastora muy fea», de Julián de Medrano

Estamos acostumbrados a que la poesía lírica pondere la belleza deslumbrante de las Lisis, Filis, Lauras, Galateas, Fléridas[1], mujeres idealizadas todas ellas que responden al tópico de la donna angelicata y también al de la «ingrata amada enemiga», tan crueles cuanto hermosas (más duras que el mármol a las quejas de sus lastimeros y llorosos enamorados[2]). Lo habitual es, entonces, que el poeta cante a estas damas bellísimas, insertando su composición en los cánones del amor cortés trovadoresco, o bien de los códigos petrarquistas y neoplatónicos al uso[3]. Todo eso, claro, cuando nos situamos en el registro de la poesía amorosa seria. Ahora bien, si cambiamos de tonalidad y de género, y pasamos al terreno de lo burlesco, no deberá extrañarnos que suceda lo contrario, es decir, que los poetas parodien esos tópicos convencionales, gastados por el uso reiterado, y los vuelvan del revés cantando entonces a las mujeres feas, como hicieran magistralmente Lope, Quevedo y otros muchos ingenios áureos.

Portada de La silva curiosa de Julián de MedranoEn el contexto de la historia literaria de Navarra del Siglo de Oro, también podemos encontrar algunos casos similares, esto es, algunos poetas navarros que cantan a las feas. Hoy me quiero referir a uno de ellos en concreto, Julián de Medrano (cuyo nombre aparece a veces también como Julián Íñiguez de Medrano), autor al que ya dediqué —tiempo atrás— una entrada. Su principal obra es La silva curiosa de Julián de Medrano (en París, impreso en casa de Nicolás Chesneau, en la calle de Santiago, a la insignia du Chesne verd, 1583, con una segunda edición, París, en casa de Marc Orry, en la calle de Santiago, a la insignia del Lyon Rampant, 1608[4]), que es una verdadera ensalada u obra miscelánea típica del Renacimiento que incluye refranes, anécdotas, chistes, facecias, sentencias, cuentos, motes, proverbios, epitafios, etc. en confusa mezcla (a eso alude precisamente el título del libro: es una silva, una selva de materiales entremezclados sin demasiado orden)[5]. Pero, además, se introducen en ella varias historias amorosas y de aventuras exóticas, y también bastantes composiciones poéticas, sobre todo de tema pastoril-amoroso[6].

Pues bien, de todos esos poemas de Medrano insertos en La silva curiosa, me interesa recordar ahora las coplas «De un pastor enamorado de una pastora muy fea», escritas en sesenta ágiles versos hexasílabos, cada una de las cuales se cierra con el gracioso estribillo «soy enamorado / de la fea graciosa»[7]. Este es el texto completo del poema (al que añadiré algunas pequeñas notas explicativas):

Amor me ha burlado
con burla donosa:
soy enamorado
de la fea graciosa.

Estando en mi aldea
mirando bailar,
vi una mujer fea
en el baile entrar,
fea de espantar
pero muy briosa:
soy enamorado
de la fea graciosa.

Su talle y su gesto[8]
os quiero contar,
y habéis de juzgar
si me engaño en esto;
y pues ya estoy puesto
a cualquiera cosa,
soy enamorado[9]
de la fea graciosa.

Es cariaguileña
y junta de cejas;
muy largas orejas;
la color[10], trigueña;
de cuerpo pequeña,
un poco gibosa:
soy enamorado
de la fea graciosa.

La boca, hendida;
los labios, pardillos;
los ojos, chiquillos;
la nariz, cumplida;
la fruente[11], salida;
la cara, pecosa:
soy[12] enamorado
de la fea graciosa.

Y con ver que veo
que es fea cual paresce,
en mi alma cresce
amor y deseo;
y no hay amor feo
donde Amor reposa:
soy enamorado
de la fea graciosa.

Cuando la miré
me paresció fea,
y agora Medea
no llega a su pie,
ni Penelopé,
ni Venus[13], la hermosa:
soy enamorado
de la fea graciosa.

Y lo que aprovecha
de amar feo amor
es no haber sospecha
de competidor,
ni tener temor
será codiciosa[14]:
soy enamorado
de la fea graciosa
.

Esta composición se incluye en la primera parte de La silva curiosa, concretamente en la sección titulada «Versos pastoriles de Julio M. sentidos y harto graciosos». En fin, terminaré recordando que el tema de la fea se reitera más adelante, en la parte segunda de la obra, en la que se recogen dichos, cuentos y epitafios, donde encontramos esta «Aguda respuesta de un soldado a una mujer fea»:

Fue un soldado muy feo con un guárdenos Dios[15] muy cumplido por la cara. El cual iba muerto por alcanzar una mujer, la cual no era hermosa sino muy fea, y decíale: «Perla graciosa, volveos acá y vea yo ese hermoso rostro, el cual a mí da gran pena por no poderle gozar». Volviose la mujer y desque lo vio tan feo, le dijo: «Eso no puedo decir por cierto de vuestra merced». Respondió él: «Bien pudiérades, mintiendo como yo»[16].


[1] Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.

[2] Recuérdense los conocidos versos 57-59 de la Égloga I de Garcilaso, cuando Salicio exclama: «¡Oh más dura que mármol a mis quejas / y al encendido fuego en que me quemo / más helada que nieve, Galatea!» (Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, ed. de Elías L. Rivers, 6.ª ed., Madrid, Castalia, 1989, p. 121).

[3] Para las teorías amorosas vigentes en la literatura del Siglo de Oro, ver especialmente Guillermo Serés, La transformación de los amantes. Imágenes del amor de la antigüedad al Siglo de Oro, Barcelona, Crítica, 1996. Puede consultarse también el trabajo clásico de Joseph G. Fucilla, Estudios sobre el petrarquismo en España, Madrid, Instituto «Miguel de Cervantes», 1960; o el libro de María Pilar Manero Sorolla, Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento. Repertorio, Barcelona, PPU, 1990. También resulta de utilidad la monografía de Ignacio Navarrete, Los huérfanos de Petrarca. Poesía y teoría en la España renacentista, versión española de Antonio Cortijo Ocaña, Madrid, Gredos, 1997… entre otra mucha bibliografía posible.

[4] Hay otra edición antigua cuya portada indica: Zaragoza, Joan Escartilla, 1580 (en realidad, se trata de un estado de la de Chesneau, con falsificación de la portada); una edición del siglo XIX, a cargo de José María Sbarbi (vol. 10 de El refranero general español, Madrid, Imprenta de A. Gómez Fuentenebro, 1878); y una moderna de Mercedes Alcalá Galán, «La silva curiosa de Julián de Medrano». Estudio y edición crítica, New York, Peter Lang, 1998.

[5] No todos estos materiales son originales de Medrano. Por ejemplo, la mayoría de los cuentos recogidos en la Silva proceden de Sobremesa y alivio de caminantes de Joan de Timoneda y de la colección de Juan Aragonés. A nombre de Medrano figura también una rara obra titulada Historia singular de seis animales, d’el Can, d’el Cavallo, d’el Osso, d’el Lobo, d’el Ciervo y d’el Elephante, París, Nicolas Chesneau, 1583, pero como ya notara Menéndez Pelayo, «este libro no es más que un ejemplar, con los preliminares reimpresos, del libro Del Can y del caballo que había publicado en Valladolid el protonotario Luis Pérez en 1568, sin que para nada se hable del oso ni de los demás animales citados en la portada» (Marcelino Menéndez Pelayo, Orígenes de la novela, ed. preparada por Enrique Sánchez Reyes, vol. 3, Santander, Aldus, 1943, p. 122).

[6] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Versos pastoriles y amorosos de Julián de Medrano», Río Arga. Revista de poesía, núm. 92, cuarto trimestre de 1999, pp. 27-31.

[7] Cito por Mercedes Alcalá Galán, «La silva curiosa de Julián de Medrano». Estudio y edición crítica, New York, Peter Lang, 1998, pp. 177-179, pero modernizando grafías y puntuación y regularizando además el uso de mayúsculas y minúsculas. Como anota la editora, esta composición aparece en el Cartapacio de Francisco de Morán de la Estrella, núm. 36, fol. 62r-62v, y figura atribuido también a Diego Hurtado de Mendoza (Poesía completa, CXXXVI). Reproduje este poema en mi antología Poetas navarros del Siglo de Oro, Pamplona, Ediciones y Libros / Fundación Diario de Navarra, 2003, pp. 39-41.

[8] gesto: rostro, cara.

[9] soy enamorado: en la edición de Alcalá Galán, «Por ser ennamorado», que, además de hacer el verso largo, rompe la sintaxis de la frase. Enmiendo unificando con el estribillo repetido en las demás estrofas.

[10] la color: en la lengua clásica es normal que los sustantivos acabados en –or tengan concordancia femenina.

[11] fruente: forma usual por frente.

[12] soy: en la edición de Alcalá Galán, «Y soy», que hace el verso largo. Unifico de nuevo con la forma repetida en los demás estribillos.

[13] Medea … Penelopé … Venus: citadas aquí como prototipos de belleza femenina. La forma Penelopé, con desplazamiento acentual jocoso, es necesaria para conseguir la rima con miré y pie.

[14] ni tener temor / será codiciosa: como es fea, el yo lírico piensa que no reclamará demasiados regalos. Es bien conocido el tópico satírico de la «dama pidona», a la que su galán tenía que contentar con joyas, vestidos, etc.

[15] un guárdenos Dios: una cicatriz.

[16] La silva curiosa de Julián de Medrano, ed. de Mercedes Alcalá Galán, p. 210; pero modernizo de nuevo grafías, puntuación y uso de mayúsculas / minúsculas.

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