Versionando a Garcilaso («Cuando me paro a contemplar mi estado»)

Supuesto retrato de Garcilaso de la VegaYa en alguna entrada anterior había ofrecido un breve comentario del Soneto I de Garcilaso de la Vega, que comienza «Cuando me paro a contemplar mi estado…». En este poema, el yo lírico analiza su situación anímica, en un ejercicio de introspección que le lleva a conocer, a tener plena consciencia de que el amor le aboca a la muerte: «sé que me acabo» (v. 7), «Yo acabaré» (v. 9). El enamorado presiente, pues, la muerte, pero más que la propia muerte teme que con ella tenga fin su cuidado (palabra que, en el contexto de la poesía petrarquista, hay que entender en el estricto sentido de ‘preocupación amorosa’). Y, si su voluntad lo puede matar —argumenta—, más lo matará la de la bella ingrata amada enemiga, a la que se ha entregado por completo (el sin arte del v. 9 quiere decir ‘sin malicia’), que no es parte suya, y que por eso mismo no tendrá con él piedad alguna:

Cuando me paro a contemplar mi ’stado
y a ver los pasos por do me han traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino ’stó olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar comigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si quiere, y aun sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?[1]

Pues bien, hoy —aniversario de la muerte de Garcilaso— ofrezco tres textos diferentes que versionan su soneto desde distintas perspectivas[2]. La primera es de Lope de Vega, incluida en sus Rimas sacras (1614), colección poética en la que el Fénix hace balance de su situación personal, se humilla ante Dios y pide compungido perdón por su descarrío vital, del que ahora se da plena cuenta:

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.

Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.

Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;

mas de tu luz mi escuridad vencida,
el monstro muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida[3].

La segunda corresponde a don Gonzalo de Córdoba, duque de Sessa; se trata de un texto, del que no conocemos su datación, en el que la voz lírica corresponde a un cortesano desengañado ya de sus pretensiones, cuyos enemigos son los privados:

Cuando reparo y miro lo que he andado
y veo los pasos por donde he venido,
yo hallo por mi cuenta que he perdido
el tiempo, la salud y lo gastado.

Y si codicio verme retirado
y vivir en mi casa recogido,
no puedo, porque tengo ya vendido
cuanto mi padre y madre me han dejado.

Yo me perdí por aprender el arte
de cortesano, y he ganado en ello,
pues he salido con desengañarme.

Que, pues mi voluntad pudo dañarme,
privados, que son menos de mi parte,
pudiendo, ¿qué harán sino hacello?[4]

En fin, la tercera es una versión a lo burlesco, una parodia anónima en la que el hablante lírico, un tal Valdés, es un cornudo confeso que juega en su parlamento con diversas alusiones a los cuernos, incluyendo varios juegos de derivación (carnero, venado, toro de Jarama, cornado, Capricornio, Aries, Unicornio, cornucopia):

«Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los cuernos que en mi frente veo,
sigún tuve de cuernos el deseo,
a tener más pudiera haber llegado.

No soy carnero yo, sino venado,
y aun toro de Jarama, sigún creo;
de cuernos quise hacer un rico empleo,
doblé el caudal, y ansí gané un cornado.

Nací debajo el signo Capricornio,
el cual me influye su figura propia,
y diome el Aries al nacer un toque.

Y ansí quedé en figura de Unicornio,
y ahora soy la misma cornucopia.»
Valdés lo dijo al pie de un alcornoque[5].


[1] Cito, con ligeros retoques, por Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, ed. de Elias L. Rivers, 6.ª ed, Madrid, Castalia, 1989, p. 37.

[2] Para la fortuna de este texto ver Edward Glaser, «“Cuando me paro a contemplar mi estado”. Trayectoria de un Rechenschaftssonett», en Estudios hispano-portugueses. Relaciones literarias del Siglo de Oro, Valencia, Castalia, 1957, pp. 59-95; y Nadine Ly, «La rescritura del soneto primero de Garcilaso», Criticón, 74, 1998, pp. 9-29.

[3] Cito por Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, ed. y estudio preliminar de Antonio Carreño, Barcelona, Crítica, 1998, núm. 302, p. 621. Ver la pertinente anotación del editor sobre fuentes y motivos temáticos presentes en el soneto lopesco.

[4] Cito por Ly, «La rescritura del soneto primero de Garcilaso», pp. 18-19, modernizando las grafías.

[5] Cito por Ly, «La rescritura del soneto primero de Garcilaso», p. 18, modernizando las grafías.

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