«A Miguel de Cervantes», de Manuel del Palacio

La figura de Manuel del Palacio y Simó (Lérida, 1831-Madrid, 1906) resulta bien conocida: destacó como periodista y dramaturgo, pero especialmente como poeta satírico. Los rasgos más notables que se aprecian en su poesía son la facilidad versificatoria y el marcado tono festivo, que le convirtieron en un autor muy popular. Cuando Clarín indicó que en la España de su tiempo solamente había dos poetas y medio, se refería a Ramón de Campoamor y Gaspar Núñez de Arce (los dos poetas) y a Manuel del Palacio (el medio)[1]. Liberal en sus inicios políticos, más tarde se hizo conservador. En 1892 ingresó en la Real Academia Española.

Estatua de Cervantes en Toledo

Entre sus obras que recopilan sus versos se cuentan títulos como Cabezas y calabazas: retratos al vuelo de las notabilidades en política, en armas, en literatura, en artes, en toreo y en los demás ramos del saber y de la brutalidad humana (1863), Cien sonetos políticos, filosóficos, biográficos, amorosos, tristes y alegres (1870), Veladas de otoño (1884), Melodías íntimas (1884) o Chispas (1894). De su producción poética, entresaco hoy su composición dedicada «A Miguel de Cervantes», ocho quintillas que ponen de manifiesto su habilidad versificatoria en las que nos ofrece la siguiente evocación del autor del Quijote:

Soldado, pobre, poeta,
sufrido, alegre, leal,
hallo en tu existencia inquieta
la encarnación más completa
del carácter nacional.

Sin mirar a dónde vamos,
sin ver lo que queda en pos,
quimeras cual tú soñamos
y al imposible aspiramos
puesta la esperanza en Dios.

Y de este o del otro modo,
rugiendo en el Sinaí,
o blasfemando en el lodo
nos parecemos a ti
menos en ingenio, en todo.

Tú, al fin, cautivo en Argel
o silbado en el corral
por muchedumbre crüel,
dejaste un libro inmortal
y un mundo pintado en él.

Nosotros sin el quebranto
de privaciones y encierros,
dejaremos en mal canto
la historia de nuestros yerros
escrita con nuestro llanto.

Por eso a tu polvo inerte
bien es que luz se demande,
pues vivimos de tal suerte
que hay que robarlo a la muerte
para tener algo grande.

Luz te pedimos, Miguel,
y juntando en este día
con su palma tu laurel,
por un libro como aquel
suspira la patria mía.

Que la discordia tenaz
crece aquí loca y audaz
desde que no da la tierra
Quijotes para la guerra
ni Sanchos para la paz[2].


[1] Palacio contestó al autor de La Regenta con el folleto titulado Clarín entre dos platos (1889).

[2] Cito, con algún leve cambio en la puntuación, por Enrique Vázquez de Aldana, Cancionero cervantino. En el cuarto centenario de don Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Ediciones Stvdivm de Cultura, 1947, pp. 102-103.

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