El poema «Coloquio amoroso» de Santa Teresa de Jesús

En una reciente publicación sobre la poesía de la santa de Ávila, escribe Joaquín Benito de Lucas lo siguiente:

La escritura en verso […] no es el vehículo expresivo más idóneo ni el que más utiliza la Santa [para manifestar sus vivencias espirituales]. Por eso no debe extrañarnos la poca atención que han dedicado a su poesía la mayor parte de los críticos en relación con el resto de sus obras. Conviene tener en cuenta que cuando ella escribe, Garcilaso ya ha completado prácticamente su obra de tema y métrica renacentista y que será la lira, estrofa «introducida en España por Garcilaso de la Vega» (Antonio Quilis), con la que Fray Luis de León expresará sus ansias de Dios y la armónica ordenación de las esferas celestes, y san Juan de la Cruz su encendida, mística e insólita visión de[l] mundo y de la divinidad.

Santa Teresa, por el contrario, parece ignorar los logros conseguidos por la poesía renacentista. Y es dentro de lo popular y a través de lo tradicional donde encontramos la mejor explicación para su obra poética[1].

JoaquinBenitoDeLucas

Pues bien, un bello ejemplo de esa lírica que bebe en lo popular y en lo tradicional lo tenemos en su «Coloquio amoroso», una poesía tan sencilla como emotiva que, como anuncia el epígrafe, presenta una estructura dialogada[2], una conversación de enamorados entre el alma y Dios:

—Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

—Alma, ¿qué quieres de mí?
—Dios mío, no más que verte.
—Y ¿qué temes más de ti?
—Lo que más temo es perderte.

—Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear
sino amar y más amar,
y en amor toda encendida
tornarle de nuevo a amar?

—Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga[3].


[1] Joaquín Benito de Lucas, La poesía de santa Teresa. Entre la tradición y lo divino, Madrid, Ediciones Rialp, 2015, p. 13.

[2] Considero que esa estructura dialogada se extiende al conjunto del poema (como sugiere la reiteración del vocativo «Dios mío» en los versos segundo, sexto y decimoquinto), de ahí que añada los guiones indicativos de diálogo al comienzo de las estrofas primera, tercera y cuarta.

[3] Cito por Santa Teresa de Jesús, Obras completas, 16.ª ed., preparada por Tomás Álvarez, Burgos, Monte Carmelo, 2011, núm. 4, pp. 1361-1362, con algunos retoques en la puntuación. Además, en el verso 12 adopto la lectura «encendida» que traen algunas versiones para evitar la repetición de «escondida» en posición de rima; igualmente, en el verso siguiente prefiero «tornarle» a «tornarte» (entendiendo que quien enuncia estos cinco versos es la voz de la divinidad, y no el alma). Anota al pie el padre Álvarez que esta composición «Desarrolla el tema de la “igualdad de amor” entre Dios y el alma, motivo místico que será glosado por san Juan de la Cruz (Cántico 28,1; 38, 3)».

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