Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (2)

Frente a Arauco domado de Lope de Vega y Algunas hazañas de las muchas del marqués de Cañete de nueve ingenios, que ya desde el título ponen el énfasis en el aspecto bélico de la materia (don García como capitán capaz de someter la rebelión araucana), la pieza de Gaspar de Ávila focaliza su atención —ya lo observó José Toribio Medina— en la buena gobernación de don García[1]. El título de la comedia resulta, pues, bien significativo. Recordemos que, según las teorías sobre el buen gobierno vigentes en el Siglo de Oro, la prudencia era una de las principales virtudes que debía adornar al gobernante[2]. Copiaré la definición de prudencia que trae Autoridades:

Una de las cuatro virtudes cardinales que enseña al hombre a discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. […] Se toma también por cordura, templanza y moderación en las acciones.

En la obra de Ávila, esa caracterización de don García como buen gobernante, sabio y prudente pese a su mocedad (tiene unos veintidós años a su llegada a Chile), la encontramos destacada desde su primera aparición en escena hasta el cierre de la obra. En efecto, en la escena inicial de la segunda jornada, don Luis de Toledo, Villagrán y Bocafría comentan el próximo arribo del nuevo gobernador; Villagrán dice a don Luis que la llegada causará alegría:

porque este reino os concedo
que estaba menesteroso
del gobierno y la prudencia
de un pecho tan valeroso;
si bien, en la resistencia
que hace, estoy temeroso
de que es muy poco el poder
que el nuevo gobernador
trae, si pretende poner
freno al resuelto valor
de Arauco, a mi parecer (vv. 899-909)[3].

Hurtado de Mendoza, Villagra y Quiroga

Villagrán explica que los indios rebelados son «valentísimos soldados» (v. 913), que «saben rendir y matar / y ponen al pelear / el corazón en las manos» (vv. 917-919); y comenta que tratarlos con excesivo miramiento al comienzo de su mandato será contraproducente:

Y si los va acariciando
con blandura, el daño entiendo
que se irá multiplicando,
que han empezado venciendo
y han de proseguir negando (vv. 920-924).

Cuando le pregunta por su edad, don Luis responde que don García tiene veintidós años; y sigue este diálogo entre ambos:

VILLAGRÁN.- Pedía
esta empresa más edad,
que aunque es su capacidad
tanta como su osadía,
la experiencia suele hacer
lo más por sí, cuando ya
falta al valor el poder.

DON LUIS.- Si en eso el remedio está,
menos hay ya que temer.
En el juvenil ardor
del nuevo gobernador
viene la virtud cifrada,
la experiencia anticipada,
y en su ser propio el valor.
Que esta generosa rama
el antiguo fruto aclama
de aquel árbol de Mendoza,
por quien España se goza
con los triunfos de su fama.
Y porque ya la excelencia
de su sangre en dependencia
os permita mayor fe,
mientras él llega os diré
parte de su decendencia (vv. 926b-949).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Recuérdense algunos tratados como el Oráculo manual y arte de prudencia, de Baltasar Gracián; El gobernador cristiano, de Juan Márquez; Idea de un príncipe político cristiano, de Diego de Saavedra Fajardo, etc. Entre la bibliografía existente sobre la prudencia en Gracián, Cervantes, etc., baste recordar ahora trabajos como los de Aurora Egido, Las caras de la prudencia y Baltasar Gracián, Madrid, Castalia, 2000 y El discreto encanto de Cervantes y el crisol de la prudencia, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2011, o el de Ángel Pérez Martínez, El buen juicio en el «Quijote»: un estudio desde la idea de la prudencia en los Siglos de Oro, Valencia, Pre-Textos / Fundación Amado Alonso, 2005.

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

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