Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (3)

En esta comedia[1] se dedica un largo pasaje a la descripción de la genealogía de la Casa de Cañete (vv. 950-1105[2]) en boca de don Luis (tomada de Suárez de Figueroa, como anota Patricio Lerzundi), la cual se remata con estos versos:

Y así, desta sangre el mundo
la sucesión deseada
espera, porque se hereden
en ella grandezas tantas (vv. 1106-1109).

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Con salvas de arcabuces desembarca don García. Villagrán, al darle la bienvenida, insiste en su gran valor, pese a que no está todavía en la edad madura:

Vueseñoría, señor,
sea en Chile bien llegado,
que ya viéndole, mejor
se ve que el ser deseado
fue debido a su valor;
que si no en edad madura,
con alma entendida y pura
ya deste reino parece
que con guerra y paz ofrece
la restauración segura (vv. 1114-1123).

Villagrán pone a sus pies el bastón que, según él, recibió de Valdivia, y le ofrece como regalo de bienvenida doce barras de oro. Pero don García señala que no quiere «presentes sobrados» (v. 1151) estando como está la tierra oprimida por la rebelión de los indígenas. Y, con los argumentos que siguen, esboza en su discurso las que habrán de ser las líneas maestras de su gobierno (justicia, clemencia, piedad, ejercicio del poder sin tiranía, cobro de impuestos no excesivos…). Dice don García así:

Los que en su gobierno están
deben, señor capitán,
servir solo de tutores
y no ser usurpadores
de aquello que no les dan.
Con quien tributa rendido
debe el que es obedecido
usar también de clemencia,
que nunca está la obediencia
segura en el ofendido.
Demás de que es tratar mal
al inferior, si es leal,
con intento temerario
hacer lo que es voluntario
esclavitud natural.
No ha de ejercitar tirano
su poder el poderoso,
que el príncipe soberano
no llega a ser venturoso
por serlo, si no es humano.
Demás de que el absoluto
cruel menor hace el fruto,
que yo por mi cuenta hallo
que es afligir al vasallo
dificultar el tributo.
Y así, no me he de espantar
de que se muestre al pagar
el doméstico impaciente,
procurando inobediente
morir por no tributar.
Aligerar es razón
a los que quedan amigos
el tributo y la opresión
y será en los enemigos
menor la conjuración,
que no por eso el valor
ha de faltar peleando
al castigo de su error,
que el empezar obligando
hará su culpa mayor.
Demás de que los cristianos
siempre han de mostrarse humanos,
que son prudentes acciones
conquistar los corazones
antes de rendir las manos.
Y a mí, en efecto, me envía
aquí el Marqués mi señor
con su intención y la mía,
si a castigar con rigor,
a obligar sin tiranía.
Y pues vengo a reducir,
a dar y a restituir,
mal podré en esta ocasión
cumplir con mi obligación
empezando a recibir (vv. 1154-1208).

La cita es larga, pero las palabras de don García plantean algunos puntos importantes: hay que aligerar los tributos a los indios amigos; los cristianos deben mostrarse ante ellos humanos, obrando siempre con prudentes acciones; su intención es rendir los corazones antes que las manos; su padre lo envía a «castigar con rigor», pero al mismo tiempo a «obligar sin tiranía», etc. Como sabe que hay indios enfermos que mueren por causa de su pobreza, decide que con ese dinero del tributo, unido al escaso caudal propio que puede aportar, se construya un hospital; actitud caritativa que, en cualquier caso, no le hará olvidar el castigo de los rebeldes: «que si curo los enfermos, / también sé matar los vivos» (vv. 1222-1223).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

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