Miguel de Unamuno, del ensayo a la novela filosófica

Miguel_de_Unamuno.jpgToda la producción novelística de Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936) se sitúa en una zona de transición entre la narrativa y el ensayo. En efecto, todas sus novelas —sus nivolas, por emplear el marbete que el escritor acuñó— destacan por su alto contenido ideológico, pues están concebidas como un vehículo para la expresión de conflictos existenciales, para el desarrollo de las inquietudes del autor, que se manifiestan en el conjunto de su producción literaria. Esta circunstancia condiciona sus características y, así, las novelas de Unamuno resultan altamente subjetivas y líricas, plenas de simbolismo; en ellas, la palabra (los diálogos o monólogos de los personajes) predomina de forma notable sobre la acción. Títulos como Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Tula (1921) o San Manuel Bueno, mártir (1931), además de algunas de sus piezas narrativas cortas, constituyen buenos ejemplos al respecto.

Es más, a veces las novelas retoman ideas que su autor ya había expuesto en sus escritos de contenido y tono filosófico. Por ejemplo, Niebla (1914) es una novela que resume, a través de las vivencias sentimentales y existenciales de su protagonista Augusto Pérez, lo expuesto en Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913). De la misma forma, hay también un claro trasvase de ideas de La agonía del cristianismo (ensayo publicado en 1931, pero escrito algunos años antes) a San Manuel Bueno, mártir (1931, fechada en noviembre de 1930). Sería interesante analizar las relaciones entre estas dos parejas de libros, si bien voy a centrarme en los dos últimos títulos citados[1]. Por supuesto, no voy a intentar un análisis exhaustivo de ambas obras —piezas claves las dos en la obra unamuniana y que cuentan con abundante bibliografía—, sino que me limitaré a compararlas, mostrando la relación de la pieza narrativa con el ensayo previo, en dos sentidos:

1) Por un lado, señalaré cómo la idea general de La agonía del cristianismo subyace también en la acción y en el pensamiento de San Manuel Bueno, mártir: la vida, la vida cristiana en concreto, se concibe como agonía (en el sentido etimológico de la palabra, ‘lucha’, que Unamuno pretendía recuperar). Esa agonía se da sobre todo en el protagonista, don Manuel, personaje que sufre en su interior la dura pugna del vivir y del creer o, mejor, del vivir queriendo creer, pero sin poder creer.

2) En segundo término, me fijaré en algunas ideas concretas de la novela que recuperan otras del ensayo, a veces, con notables coincidencias en determinados pasajes o en los intertextos citados[2].

Pero eso será ya en próximas entradas…


[1] Utilizo para mis citas estas dos ediciones: La agonía del cristianismo, presentación de Agustín García Calvo, Madrid, Alianza Editorial, 1986; y San Manuel Bueno, mártir. Cómo se hace una novela, presentación de Paulino Garagorri, Madrid, Alianza Editorial, 1989.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Unamuno, del ensayo a la novela filosófica: La agonía del cristianismo y San Manuel Bueno, mártir», Hispanica Polonorum, 3, 2001, pp. 121-130.

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