Mezcla de elementos históricos y ficticios en la novela histórica (2)

Salambó de FlaubertAsí pues, hay en esencia dos grandes formas de construir una novela histórica. Por un lado, el novelista puede reconstruir grandes cuadros históricos (entonces le importa más el marco o fondo histórico), aunque para ello no se precisa que figuren en primer plano de la novela grandes personajes o hechos históricos, como sucede en Los novios, de Manzoni o en Las uvas de la ira, de John Steinbeck; en La marcha de Radetzky, de Joseph Roth, se muestra la decadencia y descomposición de los valores del mundo aristocrático del imperio austro-húngaro, en una época que abarca desde la batalla de Solferino hasta el asesinato del heredero, el archiduque Francisco Fernando, en Sarajevo, a través de tres generaciones de una familia, los Trotta, ligada al emperador. La novela histórica puede constituir un gran fresco épico, como Guerra y paz de Tolstoi, obra que además de ser un «idilio bélico» muestra también, con implicaciones filosóficas, el derrumbamiento del orden social antiguo. El grado extremo de este tipo de novelar, en cuanto al «espesor histórico», sería la denominada novela arqueologista, como Salammbô de Flaubert o Doña Isabel de Solís de Martínez de la Rosa. En otras novelas puede ser solo una parte concreta la que destaque por su valor histórico-arqueologista, como es el caso del famoso capítulo de La cartuja de Parma, de Stendhal, en el que se describe de forma minuciosa la batalla de Waterloo.

Por el contrario, el novelista puede dar la historia a grandes pinceladas, de forma fragmentaria (le importa más el relato novelesco); así, en la novela romántica se intercalan breves capítulos o resúmenes digresivos que constituyen el esqueleto histórico. En las novelas de aventuras de Dumas y los escritores por entregas el fondo no pasa de ser un tosco decorado «de cartón piedra», con frecuentes deformaciones de la verdad histórica, en las que todo se subordina al diálogo y la acción, a la sucesión de lances y peripecias sin cuento. En el caso de la novela histórica romántica española, se puede observar en general (y pese a que las novelas del maestro escocés, Walter Scott, fueron leídas con respeto por los historiadores) una falta de rigor histórico, que parece interesar a los autores menos que los distintos recursos para mantener el interés de sus lectores. En este sentido, los novelistas españoles hicieron suya aquella otra frase atribuida a Alejandro Dumas: «La novela tiene derecho a violar la Historia si los bastardos engendrados sobreviven»; esto es, les estaba permitido todo desafuero histórico con tal de que sus novelas hallasen feliz acogida entre los lectores[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

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