Acerca de insulabaranaria

Soy investigador y Secretario del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra (Pamplona), Secretario del Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA, Madrid / Nueva York) y Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Cervantistas. También correspondiente en España de la Academia Boliviana de la Lengua. Mis principales líneas de investigación se centran en la literatura española del Siglo de Oro: comedia burlesca, autos sacramentales de Calderón, Cervantes y las recreaciones quijotescas y cervantinas, piezas teatrales sobre la guerra de Arauco, etc. También me he interesado por la literatura colonial (en especial la de ámbito chileno), la literatura española moderna y contemporánea (drama histórico y novela histórica del Romanticismo español, novela de la guerra civil, cuento español del siglo XX…) y la historia literaria de Navarra.

«Unas palabras a don Quijote», soneto de Roberto Liévano

Roberto Liévano (Bogotá, 1894-1975) fue poeta, ensayista, historiador y traductor. Colaboró con crónicas y escritos periodísticos en publicaciones como La Patria, El Tiempo o El Espectador. Entre su producción se cuentan títulos como El mensaje inconcluso (poemas), En torno a Silva (ensayos), Viejas estampas (crónicas), La conjuración septembrina y otros ensayos (historia) o Evocación de Santafé de Bogotá (crónicas), entre otros.

En su libro de poesías El mensaje inconcluso (1947) Liévano incluye un soneto de versos alejandrinos que se presenta bajo el epígrafe «Unas palabras a don Quijote», a propósito del cual ha escrito David Jiménez:

Roberto Liévano pertenece, en este soneto, a la cofradía de los esteticistas que ven en don Quijote, no tanto el paladín guerrero, sino el poeta. Por eso, los dos símbolos que prefiere son el yelmo de Mambrino y la ínsula Barataria, algo así como los triunfos momentáneos de la fantasía sobre la realidad. Quijotes son los que van «tras la pía ínsula del Ensueño» que algunos llaman Utopía. Los demás son antiquijotes: sanchos, amas, curas, sobrinas, barberos. Extraño que, siendo Barataria una isla soñada, su soñador, Sancho Panza, se encuentre en la lista de los no soñadores[1].

Don Quijote y la utopía

Y este es el texto del poema:

Rebotan en el peto de tu recia armadura
—Padre nuestro y Maestro de la Caballería—
los dardos que te asesta la zafia hipocresía
del barbero y el ama, la sobrina y el cura.

Pero como una estrella bajo la noche oscura
el yelmo de Mambrino las almas fieles guía,
que en el vino divino de la melancolía
hallaron la embriaguez de tu sabia locura.

Y así, mientras la prole de Sancho se acrecienta
y desborda, nosotros sobre la ruta cruenta
seguimos tus pendones y vamos tras la pía

ínsula del Ensueño, donde te encontraremos.
¿Qué importa si los bárbaros la llaman Utopía?
Para que sea verdad basta que la soñemos…[1]


[1] David Jiménez (con la colaboración de Bibiana Castro), «Don Quijote en la poesía colombiana. Antología», Literatura: teoría, historia, crítica, 7, 2005, p. 279.

[1] Roberto Liévano, El mensaje inconcluso (Poesías), Bogotá, Ministerio de Educación, 1947, p. 67. Cito el texto, con algún ligero retoque, por Juan Uribe-Echevarría, Cervantes en las letras hispano-americanas (Antología y crítica), Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, 1949, p. 155 (aquí el primer verso figura con la errata «Retoban», que corrijo). Se reproduce también en Don Quijote en la poesía colombiana, compilación, presentación y notas de Vicente Pérez Silva, 2.ª ed., Bucaramanga, Sic Editorial, 2001, p. 89; y en «Don Quijote en la poesía colombiana. Antología», selección y comentarios de David Jiménez con la colaboración de Bibiana Castro, Literatura: teoría, historia, crítica, 7, 2005, p. 279.

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«Miguel de Cervantes Saavedra», soneto de José Manuel Gutiérrez Zamora

El periodista mexicano José Manuel Gutiérrez Zamora, que fue Cónsul General de México en Honduras, incluyó un soneto de elogio a Cervantes en el libro conmemorativo Fiestas celebradas en Honduras con motivo del tercer centenario de «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha». El poema ya había sido publicado previamente en el Almanaque Mexicano de Artes y Letras, donde figura bajo el epígrafe «Miguel de Cervantes Saavedra (Para el Almanaque Mexicano de Artes y Letras). Homenaje a don Gaspar Núñez de Arce». Está fechado en México, noviembre de 1894, y ahí el penúltimo verso se lee «que es mayor que el de Austria la victoria». Este es el texto del soneto, que —como otros similares— aúna la heroica participación de Cervantes en Lepanto y la redacción del Quijote, gloria de España y de todo el mundo:

Batalla de Lepanto, AndreaVicentino

¡El hispano cañón muerte y espanto
siembra ciego en la flota musulmana,
y triunfa la bandera castellana
en el rugiente golfo de Lepanto!

Cervantes, el sin par, derrama en tanto
su noble sangre por la fe cristiana,
y vibra en la galera capitana
épica estrofa de su excelso canto!

¡Oh, madre España, cuya inmensa historia
forma constelaciones deslumbrantes:
el mundo entero pedestal de gloria

erigió a tu poema de gigantes,
que es mayor que del Austria la victoria
el Quijote inmortal de tu Cervantes![1]


[1] Tomo el texto, que cito con algún ligero retoque, de Juan Uribe-Echevarría, Cervantes en las letras hispano-americanas (Antología y crítica), Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, 1949, p. 127. Uribe-Echevarría menciona al autor como Juan Manuel Gutiérrez Zamora.

«El tintero maravilloso», soneto cervantino de Justo Olarán Chans

El uruguayo Justo Olarán Chans (Paysandú, departamento de Paysandú, 1884-Buenos Aires, 1963) fue un poeta que se estableció en Argentina durante su juventud. Entre su producción se cuentan títulos como El bargueño sellado (1937), Estampas de la Boca del Riachuelo (1938), Glosario cervantino (1938), Bodega lírica (1939), Romancero uruguayo (1940) o Galería española. Sonetos (1947), libro publicado con ilustraciones de Carlos Vergottini (Marius). Su Glosario cervantino. Escolios líricos al «Quijote» (Buenos Aires, Imprenta López, 1938), un conjunto de sonetos dedicados a Cervantes y sus personajes literarios, fue una obra que alcanzó bastante popularidad en su tiempo. Sirva como pequeña muestra de su tono y contenido el que figura bajo el epígrafe de «El tintero maravilloso»:

CervantesConPluma

De aventuras de trasgos y gigantes,
de donaires y alegres devaneos,
de proverbios, sentencias y escarceos,
está lleno el tintero de Cervantes.

De don Quijote tiene los desplantes,
del malicioso Sancho los granjeos,
y las burlas y bromas y manteos
del Caballero y Escudero andantes.

Tiene también de la filosofía
de sentido profundamente humano
aquel tintero la sabiduría;

Y henchido como está, desborda ufano
y derrama en la rica escribanía
su puro contenido castellano[1].


[1] Cito, con algún ligero retoque, por Juan Uribe-Echevarría, Cervantes en las letras hispano-americanas (Antología y crítica), Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, 1949, p. 150.

Un soneto a «Cervantes» de Jacinto Gutiérrez Coll

El venezolano Jacinto Gutiérrez Coll (Cumaná, estado de Sucre, 1835-Caracas, 1901) fue historiador, político y poeta. En 1864 y 1870 ocupó el cargo de ministro de Relaciones Exteriores; también ejerció como funcionario diplomático de Venezuela en París y Nueva York. Sus poesías —que se publicaron en 1926, con prólogo de Juan E. Arcia, secretario de la Academia Venezolana— pueden adscribirse al movimiento parnasiano. Junto a poemas como los titulados «Nocturno», «A mi Ángel guardián», «Caléndulas» o «Sueño de amor», entre otros suyos, destaca el soneto dedicado a «Cervantes», que retoma el motivo clásico de las armas y las letras, concretamente, la gloria de su heroica participación en la batalla de Lepanto y la gloria literaria de la creación de su inmortal novela:

BatalladeLepanto_JuanLuna

Vertió su sangre en la feral[1] jornada
por su patria y su fe, buen caballero,
y del combate en el tropel guerrero
la frente alzó de lauro coronada.

Con su pluma, feliz más que su espada,
al mundo echó su Hidalgo y su Escudero;
y el error que campaba aventurero
murió bajo su inmensa carcajada.

Pasaron ya las rojas claridades
con que brilló en Lepanto su victoria,
timbre de España y del muslim[2] azote;

pasan los tiempos, mueren las edades;
mas del ingenio humano para gloria
como sol inmortal vive el Quijote[3].


[1] feral: cruel, sangrienta (latinismo).

[2] muslim: musulmán.

[3] Incluido en Parnaso venezolano, Barcelona, Casa Editorial Maucci, s. a., pp. 210-211. Lo cito, con algún ligero retoque en la puntuación, por Juan Uribe-Echevarría, Cervantes en las letras hispano-americanas (Antología y crítica), Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, 1949, pp. 150-151.

Sor Jerónima de la Ascensión (1605-1660) y su poema «A la circuncisión del Niño Jesús»

La corriente de poesía ascético-mística con nombre femenino está representada, en la Navarra del siglo XVII, por la carmelita descalza sor Ana de San Joaquín, a la que ya dediqué un par de entradas previas comentando sus poemas «Para gloria de Jesús…» y «¡Oh, Jesús, dulce memoria!…»; y por la clarisa sor Jerónima de la Ascensión, cuya figura evocaré brevemente hoy[1]. Nacida en Tudela en 1605, durante su juventud estuvo dirigida espiritualmente por el padre jesuita Francisco González Medrano; tomó el hábito de Santa Clara en el convento de su ciudad natal el 25 de agosto de 1633.

Tudela (Navarra)

Según recogen sus biógrafos, dentro del claustro dio permanentes muestras de gran virtud, especialmente la de la resignación. Llegó a ser abadesa de la comunidad y, por encargo de su confesor, escribió unos Ejercicios espirituales[2], obra comenzada el 7 de noviembre de 1650 en la que expone una vía de perfeccionamiento interior carente casi por completo de visiones y revelaciones, y en la que se incluyen algunos versos suyos. Falleció en su convento tudelano el 11 de octubre de 1660.

En efecto, en las páginas 150-157 de sus Ejercicios espirituales figuran recogidos varios poemas suyos («Pónense algunos versos que fervorosa escribió»): son los que comienzan «Amor, amor, amor…», «Dueño y amante mío…», «De tu divina clemencia…», «A fertilizar el mundo…», «Cuando en la noche mejor…», «Grande es nuestra dignidad…», «Al blanco, al blanco, almas limpias…», «Un enamorado amante…», «Al que en la cena legal…»). Se trata de versos sencillos que, como afirma fray Miguel Gutiérrez, compuso «sin haber estudiado el arte poética». De todos ellos, transcribiré aquí la composición dedicada «A la circuncisión del Niño Jesús»:

Aunque el amor no creció,
porque siempre fue ab eterno,
¿quién nos ha amado infinito
sin poder ser más ni menos?

Hoy se ven mayores muestras
dando su pequeño cuerpo
porque el cuchillo ejecute
la ley que es para los reos.

No atiende a lo que parece,
que quiere más mi remedio
que su propia estimación,
que es condición de su pecho.

Jesús por nombre le ponen
porque no sea manifiesto,
que aunque pecador parece,
no es sino Redentor nuestro.

Es Jesús la melodía
y panal que da recreo,
que así le llamó Bernardo,
el regalado del cielo.

Jesús enamorado,
Jesús divino,
Jesús que das vida,
¡ay, Jesús mío![3]


[1] Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.

[2] La ficha completa del libro es: Ejercicios espirituales que en el discurso de su vida, desde que tuvo uso de razón, hizo y ejercitó con el favor divino la venerable madre sor Jerónima de la Ascensión, religiosa y abadesa que fue del convento de Santa Clara de la ciudad de Tudela, de Navarra. Escribiolos la misma de su mano y letra con viva mortificación suya, por precepto de obediencia de su Provincial el M. R. P. fray Miguel Gutiérrez, letor jubilado y calificador del Santo Oficio de la Inquisición, para consuelo y aliento de las almas pías. Y para mejor inteligencia, hizo el dicho padre la Introdución, que se pondrá al principio. Contiene lo que va en este libro dotrina muy provechosa, no solo para personas que tratan de perfección, sino también para los padres espirituales que las gobiernan y para predicadores. Va dirigido a la soberana Reina de los Ángeles, María Señora nuestra, protectora de los justos, y abogada de los pecadores, Zaragoza, en la imprenta de Miguel de Luna, 1661.

[3] Cito por Antología de poetisas líricas, tomo II, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1915, pp. 23-24.

«Los peligros de Madrid» (1646) de Bautista Remiro de Navarra (y 3)

En definitiva, como hemos podido ver en las dos entradas anteriores, Los peligros de Madrid de Bautista (Baptista) Remiro de Navarra constituyen una guía y aviso para forasteros, una brújula para navegar por el proceloso mar de la Corte madrileña sin naufragar en los escollos de damas pidonas, para no dejarse arrastrar por los bellos cantos de tan engañosas sirenas[1]. La crítica ha destacado la habilidad del autor en el retrato de sus personajes. Así, Antonio José Rioja Murga escribe:

A nuestro modo de ver, los personajes remirianos constituyen, sin lugar a dudas, un verdadero ejercicio de maestría literaria, ya que se muestran como auténticos paradigmas de los personajes-tipo, amén de prestar un valioso servicio a la intención de un autor que se adivina costumbrista[2].

Un costumbrista madrileñoEste estudioso aboga por rescatar esta «curiosa, misógina y divertida obra del injusto ostracismo literario al que se ha visto forzada». Reconoce que, aunque no se trata de una pieza maestra de nuestra literatura aurisecular, no por ello carece de interés y méritos literarios, y la califica de «pintoresco retablo costumbrista»[3]. Del mismo modo, José Esteban ha destacado la «excelente intuición costumbrista» del autor, que sería el «primer costumbrista madrileño». En efecto, Remiro de Navarra se adelanta a otros autores como Juan de Zabaleta (El día de fiesta por la mañana, 1654, y El día de fiesta por la tarde, 1660) o Francisco Santos (Día y noche de Madrid, 1663). Terminaré esta sucinta evocación citando de nuevo a Arredondo, quien afirma que estamos ante un libro atípico, que no es propiamente una novela cortesana, ni tampoco una grave reflexión moral sobre los vicios y pecados:

Lo más curioso de Los peligros de Madrid es, precisamente, esa mezcla de temas apicarados, estructuras narrativas y digresiones varias de un autor omnipresente, que envuelve todo en agudezas conceptistas para insertarlo en ambientes, calles, costumbres, fiestas y tipos madrileños[4].

Y más adelante, tras señalar que la obra interesa por ser pieza representativa de la prosa conceptista, añade que, desde el punto de vista del género narrativo, constituye

un curioso libro de avisos, ya que su contenido no es estrictamente noticioso, ni exclusivamente moralizador. Ese tono de Los Peligros…, ambiguo, fluctuante entre el relato apicarado y las obras de consejo y reflexión, marca un punto de inflexión entre las narraciones apicaradas de Salas Barbadillo, las digresiones de ideología conservadora de Castillo Solórzano, la vena satírica de Vélez de Guevara en El Diablo Cojuelo, y las moralizaciones dogmáticas, ejemplarizantes y “costumbristas” de Zabaleta y Santos[5].


[1] Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.

[2] Antonio José Rioja Murga, «Sobre Los peligros de Madrid de Baptista Remiro de Navarra (1646)», Angélica. Revista de Literatura, 5, 1993, p. 141. Sobre el autor y el libro, ver además Agustín G. de Amezúa y Mayo, Un costumbrista madrileño olvidado del siglo XVII, Madrid, Instituto de Estudios Madrileños, 1956; Herman Iventosch, «Spanish Baroque Parody in Mock Titles and Fictional Names», Romance Philology, XV, 1, 1961, pp. 29-39; Fernando González Ollé, «Conceptismo y crítica textual. A propósito de Los peligros de Madrid», en Studia Ibérica: Festchrift für Hans Flasche, Berna, A. Francke, 1973, pp. 189-196; Lee Fontanella, «Peligros de Madrid», en Poemas y ensayos para un homenaje, Madrid, Tecnos, 1976, pp. 67-79; Antonio María Soledad Arredondo, «Avisos sobre la capital del orbe en 1646: Los peligros de Madrid», Criticón, 63, 1995, pp. 89-101; y Alberto Rodríguez Rípodas, «Remiro de Navarra y Los peligros de Madrid», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine, Carlos Mata Induráin (eds.), Textos sin fronteras: literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 399-414.

[3] Rioja Murga, «Sobre Los peligros de Madrid de Baptista Remiro de Navarra (1646)», p. 144.

[4] María Soledad Arredondo, introducción crítica a Baptista Remiro de Navarra, Los peligros de Madrid, Madrid, Castalia /Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, 1996, p. 14.

[5] Arredondo, introducción a Los peligros de Madrid, p. 24.

Diego Felipe Juárez  y su «Triunfo de Navarra y vitoria de Fuenterrabía» (1638)

El presbítero Diego Felipe Juárez[1], beneficiado de la villa de Falces, publicó Triunfo de Navarra y vitoria de Fuenterrabía. Conságrase a la Natividad de la Virgen Santísima, Madre de Dios y Señora nuestra (en Pamplona, por Martín de Labayen, impresor del reino, 1638).

Falces (Navarra)

Al decir de Manuel Iribarren[2], es obra «estimable y desigual», escrita «con épico acento», en la que se celebran las proezas de los soldados españoles en el sitio de Fuenterrabía. En su aprobación, fechada en Pamplona a 8 de octubre de 1638, el Padre Sebastián de Matienzo, escribe:

Del estilo siento que es amenísimo, con gravedad de palabras, realce de frases, claridad de voces, corriente de metros, erudición de humanas y divinas letras, a tiempo no afectada; y en fin, silva tal que cumple con las leyes de cabal poesía deleitando y moviendo[3].

La obra se compone de dos silvas, cada una de las cuales va precedida por un soneto dedicado a la Virgen María. En el primero de ellos, «El autor a la Virgen Santísima Nuestra Señora», manifiesta su deseo de contar con la inspiración de la soberana del cielo para poder cantar adecuadamente la victoria sobre los franceses:

Si el labio purifica balbuciente
de aquel profeta, serafín gallardo,
que del fuego de amor, divino dardo,
encendió en el altar la brasa ardiente,

en muda admiración, sellada Fuente,
mi labio, en tanta empresa, teme tardo
el poderla cantar, pues me acobardo
a tanto asombro como el alma siente.

¡Oh, si una gota de esa fuente bella
mereciese beber, dulce María,
mar de la gracia, si del mar estrella!

Que si alanza[4] tu gracia la voz mía,
bástame de tu amor una centella
para cantar el triunfo de tu día[5].

La «Silva primera» comienza con una fórmula usual en la épica desde el célebre «Arma virumque cano» que da inicio a la Eneida de Virgilio:

Canto las armas, la vitoria canto
del varón generoso
que a mi patria dará nombre famoso.
Oye, Navarra, pues cesó tu llanto,
mi acento numeroso[6];
oye mi canto llano
en idioma vulgar, si castellano,
que las voces confusas
ensordecen las Musas.

Más para tanta empresa, Virgen santa,
un rayo de su luz me dé tu planta,
pues la besa la luna
y los rayos del sol te labran cuna
tachonada de estrellas
más puras y más bellas
que las vio el firmamento.
Tu luz invoca mi grosero acento.

A la sazón que de los tiernos brazos
de Géminis el sol huyó los lazos
y las escamas dora
del Cancro, que atesora
el oro de sus rayos,
sintiendo junio de calor desmayos,
el francés prevenido
de estruendo militar, embravecido
con treinta mil infantes,
tres mil caballos fieros y arrogantes
escureciendo su razón la ira,
por Navarra suspira;
su sinrazón le ciega,
pues, ciego, al corazón la paz le niega[7].


[1] El apellido que figura al frente de su obra, Xuarez, se transcribe en ocasiones como Suárez. Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.

[2] Manuel Iribarren, Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Editorial Gómez, 1970, p. 192.

[3] Triunfo de Navarra y vitoria de Fuenterrabía, preliminares, «Aprobación del padre Sebastián de Matienzo, de la Compañía de Jesús», s. f.

[4] Podría pensarse que alanza es errata por alcanza (en cuyo caso el sujeto sería mi voz: ʽsi mi voz alcanza tu graciaʼ); pero alanza también hace sentido tomando tu gracia como sujeto: ʽsi tu gracia alanza (impulsa, da fuerzas a) mi vozʼ.

[5] Diego Felipe Juárez, Triunfo de Navarra y vitoria de Fuenterrabía, preliminares, s. f.

[6] numeroso: armonioso.

[7] Diego Felipe Juárez, Triunfo de Navarra y vitoria de Fuenterrabía, fol. 1r-v. El otro soneto, que precede a la segunda silva, estará dedicado «A la Natividad de la Madre de Dios». Para otras obras que cantan la victoria de Fuenterrabía, ver los estudios preliminares de Jesús M. Usunáriz a sus ediciones de José de Moret, Sitio de Fuenterrabía, Pamplona, Ediciones y Libros, 2002; y de Juan de Palafox y Mendoza, Sitio y socorro de Fuenterrabía, Pamplona, Asociación de Amigos del Monasterio de Fitero, 2003.