El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: ruptura del decoro y reducción costumbrista

El entremés de Francisco de Ávila[1] es la parodia de una parodia, y la comicidad se logra en distintos niveles y a través de diversos mecanismos. Examinaremos en sucesivas entradas tres aspectos: la ruptura del decoro, la comicidad verbal y la comicidad escénica.

Un aspecto clave de la parodia es el brutal contraste que se establece entre el universo caballeresco en que vive don Quijote y el marco cotidiano de la venta, puesto de manifiesto por Sancho, quien sabe que llegan a «una venta / del tiempo de Pilatos» (vv. 37-38). Se introducen alusiones que, en esa atmósfera de huéspedes y comidas (cfr. la conversación inicial de los venteros), no pueden ser más burlescas: a Alejandro para connotar ‘liberalidad’ (v. 46), a Julio César como ejemplo de militar triunfador (v. 59), la mención de Jerjes (v. 89) en lo que pretende ser un saludo de paz, o la apelación «nobles Alcides» (v. 145) que dirige el ventero a amo y escudero.

Venta

La ruptura del decoro propio del mundo caballeresco se refuerza con continuas alusiones escatológicas (ámbito de lo bajo corporal, sexualidad, enfermedades…). En el terreno de lo amoroso, ya hemos visto la clara parodia en la descripción de Dulcinea; además, don Quijote declama un soneto que parodia los tópicos de la lírica amorosa (lamentos del enamorado ante las rejas de su amada). Añadamos ahora que, rompiendo su imagen de casto y continente amador neoplatónico, don Quijote se nos muestra aquí interesado en los juegos sexuales:

DON QUIJOTE.- ¡Oh, Dulcinea hermosa! ¡Oh, bella infanta!
¡Quién nos viera a los dos en una manta! (vv. 182-183)[2].

En la escena final aparece Dulcinea acompañada por su corte de caballeros, que es más bien una auténtica «corte de los milagros», a tenor de las enfermedades aludidas: catarro (v. 321), sarna (v. 326), sabañón (v. 327), modorra (v. 337). En efecto, estos son los caballeros que llegan a besar la mano a don Quijote:

Van llegando y besándole la mano con mucha cortesía.

MARINA.- Este que llega es el señor de Sarna,
sangre ilustre del Sabañón barbado.

SANCHO.- Es don Quijote muy lisiado dellos.

DON QUIJOTE.- Yo le tendré por mi pariente siempre.

MARINA.- Este es el cangilón de Capadocia;
come muy bien solomos y morcillas,
y otras cosas de puerco.

DON QUIJOTE.- Hame agradado.

SANCHO.- A mí ni más ni menos, porque gusto
de semejantes príncipes.

MARINA.- Aqueste
es el gran Condestable Papanduja.

SANCHO.- Pues échenle entre pajas, no se pierda.

MARINA.- Este es el Almirante de Modorra.

SANCHO.- Con ella estuve yo los otros días (vv. 326-338).

Añadamos la mención, en otros lugares, de palabras como regüeldo (v. 165) y gargajo (v. 256); las frecuentes alusiones a la comida (además de las intervenciones de Sancho quejándose del hambre, se mencionan: medio carnero, una pieza de vaca, seis chorizos, un pernil de tocino, palominos, gallinas, solomos, morcillas, cosas de puerco…) nos sitúan en una atmósfera carnavalesca; en fin, no olvidemos que en el estribillo del baile final se afirma que «Dulcinea y don Quijote / son dos reyes de almodrote» (vv. 312-313 y 349-350). En suma, el plano de lo físico y material predomina claramente sobre el del espíritu[3].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Chiste similar a otros presentes en comedias burlescas y que quizá se podría relacionar con la anécdota de la viuda que se casa con el mozo motilón: «—Para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe y más que Aristóteles» (I, 25, p. 285). Para la tradición erótica de la manta, ver Granja, 2005.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

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Personajes del «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: el ventero y su mujer

El ventero y su mujer son personajes, en el entremés de Ávila[1], que se proponen burlarse de los dos nuevos huéspedes que llegan a su venta. En este sentido, el «Medraremos con ellos» del ventero en el v. 81 hay que entenderlo, no en sentido crematístico, sino como un medro de risas. Para ello, el ventero entra de inmediato en el juego caballeresco de don Quijote, y es él quien propone armarlo caballero, lo que suscita un gracioso comentario de Sancho:

VENTERO.- Por cierto, caballero, que me huelgo
de veros con tal ánimo y propósito,
que está la triste infanta deseando
que venga algún extraño caballero
a probar su ventura a este castillo,
por ver si su valor y fortaleza
le dan la libertad que ha deseado.
Mas antes que consiga aqueste intento
se ha de armar caballero en esta plaza,
porque de otra manera es imposible
desencantar la fuerza de su encanto.

SANCHO.- ¡Vive Dios, que sospecho que al ventero
le ha pegado, sin duda, don Quijote
la enfermedad que tiene aquestos días,
que todo se le va en caballerías! (vv. 105-119).

Lo que demuestra una vez más que la locura caballeresca es altamente contagiosa. El ventero aporta unas armas ridículas y le arma caballero «a sangre y fuego» (v. 188) con un estoque viejo.

Ventero3

Él es, además, el agente de la burla final. La ventera, aunque había anunciado: «soy peor que el diablo si me enojo» (v. 14), se limita a secundarle en sus acciones. En suma, el ventero y su mujer vienen a ser unos Duques en miniatura, que traman el engaño de mostrar a Dulcinea a los ojos de don Quijote:

MUJER.- La infanta Dulcinea del Toboso
viene, señor, a veros.

DON QUIJOTE.- Ella sea
como el agua de mayo bienvenida.

VENTERO.- ¿Viene todo trazado como dije?

MUJER.- Ya vienen todos con chacota y fiesta,
y Marina, la moza de la venta,
sale que es un contento.

VENTERO.- Pues ¿qué aguarda?

MUJER.- Solo el aviso tuyo.

VENTERO.- Pues comience,
que a fe que ha de ser fiesta nunca vista (vv. 303-311).

Todo preparado, una vez más, para tener un rato de alegre diversión a costa de la locura de don Quijote y la necedad de Sancho Panza. Nótese en este pasaje la acumulación de expresiones que sugieren engaño, burla y diversión: viene todo trazado, chacota y fiesta, ha de ser fiesta nunca vista… Sin olvidar lo que expresa la acotación inmediatamente posterior: «Toquen atabalillos, y salen los Músicos delante, y detrás dellos cuatro pícaros de figurillas, y otros cuatro con un palio hecho de una manta vieja, y debajo dél Marina, la moza del ventero, vestida a lo ridículo» (acot. tras v. 311).

En cuanto al arriero y Marina, no tienen una caracterización especial, tan solo sirven a la comicidad de la pieza: el arriero[2] en la pelea entremesil con don Quijote y la moza en el engaño final[3].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Se dice que el arriero es de Sevilla (vv. 19-21); y cfr. Quijote, I, 2, pp. 48-49: «Estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada».

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

Personajes del «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: Dulcinea

Aunque en el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de Francisco de Ávila[1] Dulcinea es un personaje referido, sin intervención directa —igual que en la novela cervantina—, su importancia es notoria. Aparece tópicamente descrita e idealizada por don Quijote: «sol de su belleza» (v. 138), «bella infanta» (v. 172), «sol clarífico / de aquesa bella infanta» (vv. 209-210), «la voz divina de la infanta» (v. 218), «la hembra de mis bellos ojos» (v. 224).

dulcinea

Se trata de la «Dulcinea encantada», según dice don Quijote y corrobora el ventero, que le sigue el humor; tanto es así, que dispondrá lo necesario para que la moza de la venta, Marina, represente el papel de Dulcinea. Al principio don Quijote afirma que acude al castillo para que ella le arme caballero, pero pronto se olvida de esto. Por todo el mundo corre la fama de «la beldad y gracia de la infanta / Dulcinea del Toboso» (vv. 100-101), y don Quijote desea casar con ella:

DON QUIJOTE.- Dame ya por señor deste castillo
y esposo desta infanta, por quien muero.

SANCHO.- ¿Es hermosa, señor?

DON QUIJOTE.- No hay en el mundo
mujer más celestial ni más hermosa.
Su frente es de marfil, sus ojos soles,
los cabellos son oro de la Arabia,
los labios de coral, sus dientes perlas,
la barba bella más que la escarlata,
y toda junta viene a ser de plata.

SANCHO.- Pues ¿hasla visto alguna vez por dicha?

DON QUIJOTE.- Yo, no; nunca.

SANCHO.- Pues dime, ¿cómo sabes
que tiene aquesas partes Dulcinea?

DON QUIJOTE.- Parécemelo a mí.

SANCHO.- ¡Gentil locura!
¡Plegue a Dios que no sea algo patoja,
tuerta de un ojo y de nariz longuísima,
que suele haber por estos atochares
mujer que mata de un regüeldo a un hombre.

DON QUIJOTE.- Por extremo has andado, Sancho Panza.

SANCHO.- Soy hombre de valor y de crianza (vv. 149-167).

Hay varios detalles interesantes en este pasaje, en el que se da primero la descriptio idealizadora (calcando un pasaje de Quijote, I, 13[2]) y después la parodia de la descriptio en boca de Sancho, esto es, la «Dulcinea sanchificada». Don Quijote confiesa que nunca la ha visto, y su «Parécemelo a mí» del v. 161 es similar al «píntola en mi imaginación como la deseo» (I, 25, p. 285). Por otra parte, la indicación de Sancho de que la dama pudiera ser patoja ‘con andares de pato, meneando el cuerpo de un lado a otro’, tuerta y nariguda recuerda el argumento con que se excusan los mercaderes toledanos, en I, 4, cuando don Quijote quiere que confiesen que no hay en el mundo doncella más hermosa que Dulcinea[3]; pero en esta ocasión esa suposición no suscita el enfado del colérico manchego. En fin, Dulcinea «aparece» en la secuencia final cuando, como sucede en el palacio de los Duques (Quijote, II, 35), una persona, en este caso no un paje sino la moza Marina (ridículamente vestida), interpreta el papel de princesa[4].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] «… su nombre es Dulcinea […]; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas» (pp. 141-142).

[3] Dice uno de ellos: «… aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere» (p. 69).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

Personajes del «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: Sancho Panza

En el entremés de Francisco de Ávila[1], Sancho Panza es el escudero juicioso, pragmático, que ve la realidad tal cual es (la venta como venta), y advierte a su amo de los peligros que les amenazan. Se caracteriza por su buen apetito y sus ganas de dormir «a placer como los pícaros» (v. 198). Continuamente recuerda las fatigas, palizas y penalidades (naufragios había dicho don Quijote en el v. 56) que ha sufrido por servir a su amo, por ejemplo:

SANCHO.- Lo que podré decir es que anteanoche
me dieron, por detrás, cuatro bien dados
porque quise volver por tu persona (vv. 66-68).

Un motivo recurrente es el hambre padecida estando al servicio de don Quijote:

SANCHO.- Decidle a Dulcinea del Toboso
que estamos pereciendo de hambre entrambos;
que nos envíe algunas zarandajas,
que tenemos las tripas hechas rajas (vv. 141-144).

Luego insistirá en que «nos morimos / ambos a dos de hambre» (vv. 283-284). Por supuesto, las ganas de comer van unidas a las de sestear:

SANCHO.- Yo quiero echarme
y dormir a placer como los pícaros,
que no quiero estar hecho un estafermo,
que si no como y duermo estoy enfermo (vv. 197-200).

Con distintas quejas y lamentos verbaliza su esperanza de que no caigan sobre él males mayores:

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que después no lo lloremos
en algún hospital, cuando tengamos
abiertas por ventura las cabezas! (vv. 73-75).

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que con estas aventuras
no quedemos los dos después a escuras! (vv. 126-127).

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que algún día no me vea,
por tu temeridad y tu locura,
metido en una sarta de galeotes,
rapadita la barba y los bigotes! (vv. 272-275).

No podía faltar tampoco la nota de cobardía, en una reprensión de don Quijote: «De presto te acobardas, Sancho Panza» (v. 62). Y aunque apenas usa refranes (solo uno) y no comete prevaricaciones idiomáticas, Sancho es, como en el Quijote, un escudero gracioso y hablador:

VENTERO.- Vuestro paje, señor, es muy satírico.

DON QUIJOTE.- Tiene donaire en cuanto dice y habla.

SANCHO.- Y si callo, no soy más que una tabla (vv. 292-294).

sanchopanza

Por cierto, ese endecasílabo «Tiene donaire en cuanto dice y habla» es una magnífica fórmula para caracterizar al Sancho Panza cervantino. En conjunto, los dos protagonistas, amo y escudero, sufren en el entremés una constante degradación resultado de la abrasión paródica a que se ven sometidos: para el apicarado ventero, quienes llegan a la venta «dos pícaros son desarrapados» (v. 28); la acotación los presenta indicando que «salen a lo pícaro» y «lo más ridículo que ser pudiere» (acot. tras v. 30); el ventero comenta que son «linda gente» (v. 79, en sentido figurativo y negativo), y los saluda llamándolos «bribones»:

VENTERO.- Vengan muy noramala los bribones.

SANCHO.- De presto nos han dicho lo que somos (vv. 91-92);

y, en definitiva, muy bien podrían servir como bufones para entretenimiento regio, según sugiere este diálogo:

VENTERO.- ¿Qué os parece, señora, desta gente?

MUJER.- Que el rey puede gustar de sus donaires (vv. 128-129)[2].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: el personaje de don Quijote

Examinemos ahora los personajes que intervienen en el entremés[1] y su relación con los del modelo cervantino, comenzando en esta entrada por don Quijote.

En líneas generales, el personaje del entremés responde al patrón: es un loco que se cree caballero, consciente de su misión, y continuamente deforma la realidad, como revelan sus primeras palabras:

DON QUIJOTE.- Yo espero, Sancho Panza, en la fortuna
que tengo de salir con esta empresa,
sacando a Dulcinea del Toboso
del castillo encantado donde asiste
en poder de gigantes y leones.

SANCHO.- Primero quedaremos hechos piezas
a manos de villanos forajidos,
que siempre nos persiguen y atropellan
con chuzos, con ballestas y asadores (vv. 47-55).

Sancho es el encargado de poner de manifiesto con sus comentarios las locuras de su amo: «¡Plegue a Dios que no pagues tu locura!» (v. 88); «¡Gentil locura!» (v. 161); «Y yo pienso que entrambos quedaremos / con aquesta locura que emprendemos» (vv. 195-196); «Mejor fuera dejar esas locuras / y volvernos a casa poco a poco / antes que te persigan como a loco» (vv. 267-269), y alude después a «tu temeridad y tu locura» (v. 273); aunque también los comentarios de otros personajes la subrayan: «Si es loco, por la pena será cuerdo», dice el arriero (v. 242). Es, pues, un personaje cegado por su monomanía caballeresca: la venta es castillo, el ventero es castellano, el arriero con su caldero será un «gigante calderero»[2], la moza Marina aparecerá ante sus ojos como la infanta Dulcinea, etc.

Don Quijote

Otro motivo recurrente en su caracterización es el de la fama que espera alcanzar con sus hechos de armas: indica que desea «dejar nombre en la Mancha» (v. 76) y «levantar mi nombre en todo el mundo» (v. 125) a través de sus aventuras[3]. No se da la caracterización lingüística a través de la fabla medievalizante. En cuanto a su descripción física, sabemos que es flaco (cfr. los vv. 250-253); y que porta unas armas ridículas, que son una «lancilla y murrión de papel»: notemos, por un lado, el empleo del diminutivo lancilla (no lanza o lanzón), y por otro el hecho de que el morrión sea de papel, lo que recuerda la celada de cartón que Alonso Quijano se fabrica en I, 1. Igualmente ridículas son las armas «de esparto o de guadamací que provoquen la risa» que le trae el ventero para velarlas[4].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Son varias las alusiones a los gigantes: Dulcinea está «en poder de gigantes y de leones» (v. 51); don Quijote saluda al ventero y la ventera como «valerosos gigantes denodados» (v. 90); cree que el arriero que le ataca es un «gigante calderero» (v. 244); tras la batalla con el arriero, comenta a Sancho «que me cercan el cuerpo mil gigantes / y me han hecho pedazos las corazas» (vv. 247-248), lo que motiva la respuesta de Sancho: «¿Qué es eso de gigantes, señor mío?» (v. 249). Don Quijote insiste: «Heme visto cercado de gigantes, / de tigres, de leones, de panteras / y puesto en gran peligro» (vv. 259-261). En cambio, no aparece el motivo de los encantadores.

[3] La palabra ventura se reitera igualmente con frecuencia: «Quiero probar, amigo, mi ventura» (v. 87); «y así vengo / a probar, como debo, mi ventura, / que espero en la fortuna y en el tiempo / que tengo de salir con esta empresa» (vv. 101-104); «¿Qué te parece, amigo Sancho Panza? / ¿No somos de ventura?» (vv. 147-148); «Después verás el fin de mis venturas» (v. 302); mientras que la palabra aventuras aparece una sola vez (v. 126); también rastreamos la presencia de hazaña («heroica hazaña», v. 124; «hazaña famosa», v. 194) y de empresa (vv. 48, 104, 185, 348).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila, una adaptación libre del «Quijote»

Los críticos que se han ocupado del Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha[1] han señalado unánimemente los importantes cambios operados por el entremesista con relación al modelo cervantino. Así, Pérez Capo habla de las libertades que se tomó Ávila al llevar a escena el capítulo I, 3:

La presentación de don Quijote, «vestido a lo pícaro con una lancilla y morrión de papel»; la presencia de Sancho Panza, que no sirvió de escudero al héroe manchego hasta su segunda salida, lamentándose ya de sus trabajos, hambres y malandanzas, y hablando nada menos que de la venta de su rucio; las ridículas armas de esparto, que el mismo ventero proporciona a don Quijote para que las vele, cuando sabido es que éste veló las que había sacado de su casa y habían sido de sus bisabuelos; y para no cansar refiriendo todas las burdas extravagancias del entremés, la conversión de la moza de la venta en Dulcinea del Toboso, que se presenta como reina, acompañada de una corte de pícaros, y el grotesco acto de la recepción y besamanos con que la obrilla acaba, demuestran que el autor tuvo inventiva tan desdichada como falta de respeto a la novela de cuya popularidad se aprovechaba[2].

Y añade:

Francisco de Ávila, indudablemente, no se propuso llevar a la escena un episodio de la obra ingeniosa, regocijada y popular; lo que quiso fue hacer una parodia en el estilo chocarrero y disparatado de las comedias burlescas que entonces se escribían y pueden tenerse por precursoras de las obras que en nuestros tiempos hemos conocido formando parte del llamado género bufo[3].

Notemos que, aunque Pérez Capo apunta muy bien el contexto en que se produce el entremés (el auge de la literatura burlesca), interpreta los cambios en sentido muy negativo, hasta el punto de calificarlos de «despropósitos, incongruencias y frialdades»[4]. Muy distinta es la actitud de Luciano García Lorenzo, quien considera la pieza como «una valiosa muestra de las habituales parodias que, desde principios del XVII, se realizaron por muy diferentes escritores de comedias y entremeses»[5]. Dice así:

En esta misma línea de obras bufas y disparatadas, el Entremés de Francisco de Ávila no desmerece lo más mínimo. Compuesto totalmente en endecasílabos (excepto el baile final), la pieza dramatiza muy libremente el capítulo III de la Primera parte de la novela cervantina, aunque es evidente también el recuerdo de los episodios narrados en los capítulos XVI y XVII y XXXII y siguientes, también en la Primera parte. Efectivamente, recordemos que Sancho no acompaña al hidalgo hasta que éste inicia la segunda salida, aunque sí tiene el escudero participación (y destacada) en los sucesos que acaecen posteriormente en la venta, precisamente «espanto y asombro de Sancho Panza» (cap. XXXII). La comicidad es manifiesta en la pieza, y los recursos para conseguirla son tanto de tipo lingüístico como por el juego escénico y también (las acotaciones ya lo indican) por los vestidos y objetos que completan las figuras de los personajes[6].

Vilches de Frutos, tras comentar que este entremés es «el primer testimonio teatral impreso en España que dé prueba de la creciente atracción por parte del público hacia la obra» cervantina, insiste en su relación con el auge de la comedia burlesca; esa influencia se muestra en que Ávila opta por la utilización de técnicas paródicas en su adaptación teatral. También pondera la libertad del autor a la hora de llevar a cabo su adaptación:

La base de esta pieza se encuentra fundamentalmente en los capítulos dos y tres de la primera parte del Quijote, a los que se le añaden pasajes del resto de la novela y algunos hechos de absoluta invención. Argumento, estructura, caracterización de personajes y lenguaje, sufren una extraordinaria deformación paródica que evidencia una gran libertad en la adaptación por parte de este autor, del que apenas se conoce algún dato. De esta manera, se convierte en uno de los primeros representantes del género burlesco, siendo fundamental reconocer su mérito al haber sabido captar y transmitir la vis comica de la obra cervantina[7].

No me propongo una comparación detenida del esquema argumental del entremés con el modelo cervantino[8]. Me limitaré a señalar que los personajes de don Quijote y Sancho Panza responden, en su caracterización general, a los cervantinos, como tendremos ocasión de ver en próximas entradas. También es importante la evocación de Dulcinea, con una función similar a la del Quijote. Entre esas libertades del autor entremesil, una de las más notables es que don Quijote llega a la venta donde va a ser armado caballero acompañado de Sancho (recordemos que en la novela cervantina es precisamente el pícaro ventero quien le recomienda llevar un escudero; una posible explicación de esto es que el público deseaba ver juntos a don Quijote y Sancho Panza, que forman la pareja protagonista del libro, y que igualmente aparecían juntos en bailes y mascaradas). Este detalle ya había sido notado por la crítica; pero hay además una incoherencia temporal, pues don Quijote va a recibir la caballería después de mucho tiempo de andanzas, según sugieren sus palabras en un par de ocasiones: «después del discurso de mi vida, / donde he peregrinado tantas veces» (vv. 32-33), «los muchos trabajos que he pasado / en el largo discurso de mi vida» (vv. 317-318).

Don Quijote es armado caballero

En el entremés no se menciona a Rocinante y, en cuanto al rucio, Sancho alude a su venta (no a su robo). La recompensa de Sancho por sus servicios queda sugerida en los vv. 70-72, cuando don Quijote le asegura que «ninguna cosa perderás conmigo», pero no se concreta en la promesa de una ínsula o gobierno. Hay, en fin, algunos ecos textuales de detalle; por ejemplo, don Quijote llama a su escudero «amigo Sancho Panza» (vv. 31, 147 y 245), «amigo» (v. 87), «Sancho querido» (v. 39), como ocurre en la novela cervantina en los momentos de mayor sintonía espiritual entre amo y escudero[9].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Felipe Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro. Repertorio cronológico de 290 producciones escénicas relacionadas con la inmortal obra de Cervantes, Barcelona, Editorial Millá, 1947, p. 14.

[3] Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro…, p. 14.

[4] Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro…, p. 149.

[5] Luciano García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de don Francisco de Ávila», Anales Cervantinos, XVII, 1978, p. 260.

[6] García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote…», p. 260.

[7] María Francisca Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila: dos exponentes del paso de la novela al entremés a través de la parodia», Criticón, 30, 1985, p. 185.

[8] Ver Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha…», pp. 186-191.

[9] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: resumen de la acción

Examinaré ahora la relación con el modelo cervantino. El entremés de Francisco de Ávila[1] tiene evidentes puntos de contacto con el Quijote (sobre todo, con los capítulos I, 2-3), pero se aparta del modelo en otros momentos. En cualquier caso, creo que no debemos juzgarlo por su mayor o menor fidelidad al texto cervantino: el Quijote es el punto de partida, que proporciona los personajes y algunos detalles de la acción (la llegada de don Quijote a la venta para ser armado caballero); pero, a partir de ahí, Ávila opera con libertad creadora, componiendo una pieza dramática independiente, que debe ser estimada en sí misma, por sus valores dramáticos y literarios. Para el análisis posterior, tal vez no esté de más ofrecer un breve resumen, no tanto del argumento, sino de las secuencias de acción que se pueden deslindar dentro del entremés. Son las siguientes:

1) Vv. 1-30. Breve diálogo entre el ventero y su mujer, que podríamos subdividir en dos micro-secciones: vv. 1-14, enfado de la ventera por las pullas que le echan en la venta; y vv. 15-30, repaso de la situación de la venta (huéspedes y alimentos) y anuncio de la llegada de dos personajes. Es una secuencia mínima, pero importante porque nos sitúa en un contexto de burlas y bromas, subrayado por algunas palabras del diálogo: bernardinas (v. 5), disparates (v. 7), regodeo (v. 10), echar pullas (v. 12). Esta concentración de expresiones procedentes del campo léxico de la burla nos anticipa que la venta —como ocurría con frecuencia— va a constituir un espacio especialmente apto para las bromas.

2) Vv. 31-78. Diálogo entre don Quijote y Sancho, en el que el hidalgo manchego anuncia su misión caballeresca, que consiste en liberar a la infanta Dulcinea, encantada en el castillo, y ser armado caballero por ella.

3) Vv. 79-146. El ventero y la ventera comentan la aparición de los dos nuevos personajes con estas palabras:

VENTERO.- Digo que es linda gente, por mi vida,
la que ha llegado agora a nuestra venta.
Medraremos con ellos.

MUJER.- Por tus ojos,
que procures hacer que aquí se alleguen,
pues reposan agora nuestros huéspedes
y está la venta quieta.

VENTERO.- ¡Que me place! (vv. 79-84).

A continuación, el ventero se ofrece a armar caballero a don Quijote (que de inmediato acepta la propuesta, olvidando lo dicho poco antes de que sería Dulcinea quien le armase) y a llevar un recado para la dama.

4) Vv. 147-167. Don Quijote y Sancho conversan acerca de Dulcinea; se contrapone la visión idealizada de don Quijote y la Dulcinea «sanchificada».

5) Vv. 168-188. El ventero trae unas armas (ridículas) para que don Quijote las vele.

7) Vv. 189-214. Mientras Sancho se duerme, don Quijote vela las armas y recita un soneto pseudo-amoroso de ridículas rimas esdrújulas.

VelaArmas

8) Vv. 215-275. Riña con el arriero (don Quijote cree que es un gigante) y posterior comentario con Sancho acerca de la pelea sostenida.

9) Vv. 276-302. El ventero arma caballero a don Quijote.

10) Vv. 303-358. Según la traza dispuesta por el ventero, secundado por su mujer, aparece la moza Marina en el papel de Dulcinea, vestida ridículamente y acompañada de un cortejo de «caballeros» igualmente ridículos, rematándose todo con un baile final[2].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.