Cronología de Francisco Antonio de Bances Candamo (1662-1704)

Bances Candamo, «escritor límite» en acertada expresión de Juan Manuel Rozas, es el autor más destacado de entre quienes escribieron en tiempos de Carlos II, valga decir en las postrimerías del Barroco. Las fechas de su biografía (1662-1704) coinciden casi exactamente con las del reinado del último Austria (1665-1700). Su figura ofrece, además, el interés de aunar la teoría y la práctica teatral. Bances Candamo defenderá en su preceptiva dramática y cultivará en sus comedias un teatro pedagógico (que se propone enseñar al rey y al pueblo), siendo el conjunto de su producción una «literatura comprometida» —podría decirse así— con su tiempo y con la situación de su país, en especial en lo concerniente al problema sucesorio al trono. El Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra desarrolla desde hace años, bajo la coordinación del Dr. J. Enrique Duarte, un proyecto de investigación que tiene como objetivo el estudio y edición crítica de sus obras.

Aquí ofrezco un resumen cronológico de este interesante escritor, heredero de Calderón en lo teatral como lo es de Góngora en lo poético; en suma, el último dramaturgo y poeta —todavía con una calidad notable— del Barroco español.

Bances_Retrato

1662 Nace, probablemente, el 26 de abril en la parroquia de Sabugo, barrio marinero de Avilés (Asturias), siendo bautizado el 4 de mayo. Sus padres, el sastre Diego de Bances Grado y María López Candamo y Fernández de Bustos, son pobres (cuando muera su padre, antes de que él cumpla un año, será enterrado de limosna), pero de ascendencia hidalga, de la que se enorgullecerá más adelante:

Noble cuna me dio Asturias
en el lugar primitivo
en que a vuestros ascendientes
hicieron reyes los míos[1].

1672 Enviado por su madre a Sevilla, para que se forme con su tío don Antonio López Candamo, canónigo de la catedral, recibe ese año las órdenes menores. Desde niño destaca por su talento, ingenio, buena memoria, elocuencia y erudición.

1677 Tras hacer estudios de Filosofía, en este año inicia los de Leyes y Cánones en la Universidad de Sevilla. Obtendrá el grado y, de dar por buena una afirmación suya, también el título de doctor.

1682 Su primera publicación es un soneto laudatorio en los preliminares del Apólogo membral: discurso jocoserio, moral y político de Francisco Godoy. Participa posiblemente en los círculos literarios de Sevilla. En su madurez reconocerá dos etapas en su producción: «Fui ruiseñor en el Betis / y en el Manzanares cisne».

1683 Escribe una comedia, El ilustre Luis de Badem, sobre el sitio de Viena, ocurrido el 11 y 12 de septiembre de este año, la cual podría haberse representado entre finales de 1683 y principios de 1684 (Gilabert).

Hacia 1684 (en cualquier caso, entre 1682 y 1685), ya licenciado en Cánones, marcha a Madrid, donde triunfará en el teatro. Su actividad se irá haciendo cada vez más intensa y a la altura de 1687 llegará a ser el dramaturgo oficial de Carlos II.

1685 El 3 de febrero participa en una academia literaria en la casa del Regidor de Madrid, Pedro de Arce. Pasa por dificultades económicas, como se desprende de estos versos del vejamen del conde de Clavijo dedicados a Bances:

No tienen hora segura
los hombres, pero tú, sabio,
conoces que los poetas
no tienen seguro un cuarto.

La primera representación teatral de una obra suya de que tenemos noticia corresponde al 15 de noviembre de este año, cuando se estrena en el Coliseo del Buen Retiro —ante los reyes Carlos II y doña María Luisa de Orleáns, y en celebración de los años del emperador de Alemania— su comedia Por su rey y por su dama, a cargo de las compañías de Manuel de Mosquera y Rosendo López. Herido gravemente en el pecho en circunstancias y por causas que se desconocen, el rey se interesa personalmente por su salud.

1686 Estreno el 26 de noviembre, en el Saloncete del Buen Retiro, de La restauración de Buda, comedia de circunstancias (sobre un hecho de actualidad histórica) que se representará también en el Coliseo, donde pueden lucir mejor sus efectos de tramoya.

1687 Estreno de su comedia El mayor monstruo de amor, cuyo protagonista es el cíclope Polifemo, quizá la misma que ¿Cuál es la fiera de mayor entre los monstruos de amor?, que refundirá años después (en 1690) en su zarzuela Fieras de celos y amor. Más importante es otro estreno del mismo año, el de Duelos de Ingenio y Fortuna, comedia mitológica de intriga, y del auto sacramental El primer duelo del mundo, que se representó (con su loa, mojiganga y el entremés de El astrólogo tunante) en Palacio el 29 de mayo, el 30 ante el Consejo de Castilla y en días sucesivos para los demás Consejos y la villa de Madrid, por las compañías de Agustín Manuel de Castilla y Simón Aguado. Probablemente es en este año cuando se convierte en el dramaturgo de cámara del rey (por un Real Decreto expedido por don Manuel de Lira, Secretario del Despacho General). Es algo de lo que se sentirá especialmente orgulloso:

… el ser únicamente nombrado del rey nuestro señor por su real decreto, para escribir sus festejos, cuyo honor por decreto (aunque ha habido otros que le mereciesen mejor que yo) ninguno hasta hoy le ha tenido[2].

1688 Estreno en Valladolid de su comedia El sastre del Campillo, refundición libre de la comedia homónima de Luis Belmonte Bermúdez.

1689 Prohibición de representaciones teatrales por la muerte de la reina María Luisa de Orleáns, fallecida el 12 de febrero. Esponsales de Carlos II con María Ana de Neoburgo y matrimonio por poderes el 24 de agosto de ese año. En el marco de las polémicas sobre la licitud del teatro, el jesuita Ignacio de Camargo publica su Discurso teológico sobre los teatros y comedias de este siglo (Salamanca, por Lucas Pérez, 1689) en el que censura las representaciones teatrales. Colabora con unos poemas para el volumen que se preparó a la muerte de la reina doña María Luisa de Orleáns, Cantos fúnebres de los cisnes de Manzanares a la temprana muerte de su mayor reina, doña María Luisa de Borbón (Madrid, Sebastián de Armendáriz, 1689).

1689-1690 Primera redacción del Teatro de los teatros de los pasados y presentes siglos, la teoría dramática de Bances Candamo, en respuesta al citado Discurso… del teatrófobo Camargo.

1690 Llega la reina a España y es ratificada la boda en Valladolid el 4 de mayo. Se reanuda entonces la actividad teatral. El 26 de julio, con motivo de la onomástica de la reina, se estrena su zarzuela Fieras de celos y amor, cuyos protagonistas son Circe y el cíclope Polifemo, a cargo de la compañía de Agustín Manuel de Castilla.

1691 Estreno de El duelo contra su dama y reposición para los reyes de El sastre del Campillo. Posible fecha de redacción de El español más amante y desgraciado Macías. El 26 de febrero nace un hijo natural, Félix Leandro José (en sus poesías amorosas Bances canta a una tal Amarili y a una Lisi, pero nada sabemos de sus amores en la vida real). Ese año presenta a la Junta del Corpus dos autos nuevos, Las mesas de la Fortuna y El gran químico del mundo (con su loa y entremés de Las visiones), pero son elegidos para su representación dos autos viejos de Calderón (si bien la Junta valora los dos de Bances como los mejores de entre los nuevos). El 10 de junio participa en unas justas con motivo de la canonización de San Juan de Dios y obtiene el primer premio en una de las categorías.

1692 El 27 de enero se estrena su auto Las mesas de la Fortuna. Segunda redacción del Teatro de los teatros. Entre el otoño de 1692 y comienzos de 1693 se representará la trilogía «maldita» (Sanz Ayán) de Bances Candamo: El esclavo en grillos de oro (20 de noviembre, en el Salón dorado de Palacio), Cómo se curan los celos (22 de diciembre, en el Coliseo del Buen Retiro) y, ya en el año siguiente (el 18 de enero, en Palacio), La piedra filosofal.

1693 En efecto, con motivo de los años de la Archiduquesa María Antonia de Baviera, la compañía de Agustín Manuel de Castillo pone en escena La piedra filosofal, que será la última representación palaciega de Bances. El estreno genera muchas protestas: al parecer, el tema de la sucesión al trono, planteado en la obra, incomoda al impotente Carlos II. Bances renuncia a su puesto de dramaturgo oficial en la Corte —o bien le obligan a dejarlo—, y con ello acaba también su ventajosa posición económica. En lo sucesivo se verá obligado a desempeñar oscuros trabajos administrativos. En uno de sus romances escribirá:

Mi nobleza solo basta
a vivir de ella impedido:
ni pobre parezco honrado,
ni honrado puedo ser rico[3].

1694 Tercera redacción del Teatro de los teatros. Es Administrador de las rentas de la villa de Cabra, el primero de sus varios empleos como oficial de Hacienda.

1695 Como Visitador General de alcabalas, tercias, cientos y millones de Córdoba, Sevilla, Málaga, Jerez y otros lugares del sur de la Península, es enviado a abastecer la plaza de Ceuta, sitiada por el rey de Mequinez. Se representan comedias suyas en provincias. A finales de este año o a principios de 1696 regresa a Madrid e intenta reemprender su labor como dramaturgo.

1696 Estreno en el corral del Príncipe, por la compañía de Carlos Vallejo, de su comedia Más vale el hombre que el nombre, sobre diversas aventuras del duque de Osuna en Flandes.

1697 El 17 de febrero se representa la última obra dramática de Bances, ¿Cuál es afecto mayor, lealtad o sangre o amor?, por la compañía de Carlos Vallejo, en el Real Palacio, ante los reyes. El 1 de abril es nombrado Administrador General de Rentas Reales de la villa de Ocaña y su partido. Termina de escribir su Romance I.

1698 Escribe quizá su «Romance al Señor Almirante de Castilla». Sus enemigos intervienen contra él y es despedido de su cargo.

1699-1702 Pese a su delicada salud, seguirá llevando a cabo una ejemplar labor administrativa en el final del reinado de Carlos II y, muerto el rey en 1700, bajo el reinado de Felipe V. Será Superintendente de las Rentas Reales y Conservaduría de Millones de las ciudades de Úbeda y Baeza y sus Tesorerías, puesto en el que permanece hasta noviembre de 1702, cuando se le ordena trasladarse para desempeñar la Superintendencia de Rentas Reales de San Clemente (Cuenca). Dedicado al ejercicio de estos cargos administrativos, permanece de nuevo alejado del mundillo teatral y las tertulias literarias, aunque trabaja por estas fechas en la redacción de su poema épico El César africano (que quedaría inconcluso).

1704 Acude como juez pesquisidor —¿o quizá en calidad de desterrado?— a la villa de Lezuza (Albacete) y estando allí sufre una enfermedad violenta y breve (se habló, en la época, de un posible envenenamiento: «sospecha incierta de tósigo»). Muere el 8 de septiembre, habiendo dejado sus manuscritos a su antiguo amigo y protector don Antonio Martín de Toledo, duque de Alba. Es enterrado de limosna en la capilla del Santo Cristo de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Lezuza.


[1] Francisco Antonio de Bances y Candamo, «Romance II. Al Primer Ministro», en Obras lyricas, edición y prólogo de Fernando Gutiérrez, Barcelona, Selecciones Bibliófilas, 1949, pp. 121-143.

[2] Francisco Antonio de Bances Candamo, Theatro de los teatros de los pasados y presentes siglos, prólogo, edición y notas de Duncan W. Moir, London, Tamesis Books Limited, 1970, p. 93.

[3] Bances Candamo, «Romance II. Al Primer Ministro», en Obras lyricas, ed. Gutiérrez, pp. 121-143.

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Cronología de Francisco de Quevedo (1580-1645)

Quevedo

1580 Nace en Madrid, el 17 de septiembre (Lozano Cabezuelo adelanta la fecha a la noche del 13 al 14), en el seno de una familia hidalga oriunda de la Montaña de Santander (es decir, de mediana condición social y económica). Su padre, Pedro Gómez de Quevedo, es escribano real y secretario de la reina Ana de Austria, esposa de Felipe II, y su madre, María de Santibáñez, dama de la reina. Ese mismo año, Portugal se incorpora a España.

1586 Muere su padre, y su madre pasa al servicio de la infanta Isabel Clara Eugenia. Quevedo entra bajo la tutoría de Agustín de Villanueva, miembro del Consejo de Aragón (sigue familiarizándose con el ambiente palaciego en que siempre habría de vivir).

1596 Después de haber estudiado con los jesuitas en el Colegio Imperial de Madrid (1592-1596), ingresa en la Universidad de Alcalá. Se conservan sus inscripciones en Súmulas, Lógica, Física y Matemáticas.

1599 Debió de recibir su título de bachiller el 4 de octubre de ese año, pero no lo recogería hasta el 1 de junio de 1600.

1600 Después de demostrar que había seguido un curso de Filosofía natural y de Metafísica, recibe la licenciatura en Arte. Tiene una gran formación humanística y filosófica; domina las lenguas clásicas y también el francés y el italiano. Se matricula en la Facultad de Teología, pero sus estudios se ven truncados al abandonar la ciudad.

1601 Marcha a Valladolid y reanuda en esa Universidad sus estudios de Teología. Allí inicia su carrera poética y también su larga y feroz enemistad con Góngora. Mantendrá correspondencia con el humanista flamenco Justo Lipsio, hasta la muerte de este en 1606. La estancia de Quevedo en la Corte vallisoletana se prolonga hasta 1605, y en ella obtendrá un empleo por mediación de la duquesa de Lerma. Llegó a recibir las órdenes menores, pero no siguió la carrera sacerdotal.

1603 Figura con dieciocho poemas en la célebre antología de Pedro de Espinosa Flores de poetas ilustres, aprobada ese año, aunque impresa en 1605. Ya ha escrito la Vida de Corte y la Premática que este año de 1600 se ordenó.

1605 Vuelve a Madrid con la Corte. Frecuenta las academias y tertulias literarias. Comienza a redactar los Sueños. Ya ha escrito probablemente El buscón y parte de las obras festivas. Se imprimen algunos romances suyos en la segunda parte del Romancero general de Miguel de Madrigal. Por estas fechas se fragua su enemistad con el famoso maestro de esgrima Luis Pacheco de Narváez, al que ridiculiza en público.

1607 Escribe el Sueño del alguacil endemoniado.

1608 Escribe el Sueño del Infierno.

1609 Envía el 1 de abril una carta a don Pedro Girón, duque de Osuna, junto con el Discurso de la vida y tiempo de Focílides, iniciando así una fiel relación de amistad con el aristócrata. Su situación económica es apurada. Comienza el pleito en torno al censo que había heredado de su madre en la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), que no terminaría hasta 1631.

1610 El Padre Antolín Montojo niega el permiso para imprimir el Sueño del Juicio final.

1611 Viaja a Toledo (donde residían Tamayo de Vargas y el Padre Mariana) por el pleito de la Torre de Juan Abad.

1612 En la Torre de Juan Abad dedica a Osuna El Mundo por de dentro.

1613 Son años de intensísima actividad literaria. El 3 de junio envía a su tía Margarita de Espinosa el Heráclito cristiano. El 12 remite al teólogo fray Lucas de Montoya las Lágrimas de Hieremías castellanas. Hacia fines de octubre está en Palermo, al servicio del duque de Osuna, que es virrey de Sicilia. La estancia en Italia supone una clave en su evolución personal (vive las intrigas de la enrevesada política italiana: Italia es uno de los escenarios de la rivalidad entre Francia y España) y, además, mantiene contactos con los poetas e intelectuales del momento.

1615 En verano es elegido embajador por el Parlamento siciliano para traer al rey los donativos ordinarios y extraordinarios, y otro donativo especial para el duque de Uceda.

1616 Recibe el hábito de Santiago y una pensión de cuatrocientos ducados. El duque de Osuna consigue el virreinato de Nápoles y, en septiembre, Quevedo se reúne con él en esa ciudad.

1617 Visita al Papa en Roma, en misión encomendada por Osuna. Viaja a España en mayo.

1618 Defiende al duque de Osuna ante el Consejo de Estado de los cargos de complicidad en la conjuración de Venecia. Regresa a Nápoles, pero no es muy bien recibido por Osuna.

1619 Regreso definitivo a España.

1621 Escribe el Sueño de la Muerte. Proceso contra el duque de Osuna. Destierro de Quevedo a la Torre de Juan Abad. Muere Felipe III: sube al trono Felipe IV y a la privanza Olivares. Quevedo deposita en el nuevo valido sus esperanzas para la regeneración de España y obtiene el favor de la camarilla real.

1622 Se traslada a Villanueva de los Infantes (Ciudad Real). Remite a «doña Mirena Riqueza» el Sueño de la Muerte.

1623 Regresa a la Corte, amistado con el privado, el conde-duque de Olivares, con quien confía que llegarán reformas y proyectos regeneradores.

1624 Muere el duque de Osuna en prisión y le dedica unos famosos sonetos, como el que comienza «Faltar pudo su patria al grande Osuna…». Acompaña al rey en su viaje a Andalucía.

1625 Publica Cartas del caballero de la Tenaza.

1626 Acaba el Cuento de cuentos. Se publican El buscón y la Política de Dios.

1627 Se publican en Barcelona sus Sueños y discursos, y en Zaragoza Desvelos soñolientos.

1629 Dedica al Conde-Duque su edición de las obras de fray Luis de León, que publica como antídoto contra la «pestífera» poesía gongorina.

1630 Escribe El chitón de las tarabillas.

1631 Escribe Marco Bruto y Aguja de navegar cultos. Se publican en Madrid sus Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio. Pacheco de Narváez denuncia a la Inquisición El buscón y otras obras de Quevedo.

1634 Se casa con doña Esperanza de Mendoza, pero el matrimonio fracasará al poco tiempo. Publica la Introducción a la vida devota de San Francisco de Sales y La cuna y la sepultura.

1635-1639 Vive retirado esos años en la Torre de Juan Abad.

1636 Se separa de su mujer. Trabaja en Virtud militante y dedica a don Álvaro de Monsalve La hora de todos.

1639 Es detenido en casa del duque de Medinaceli en Madrid y, confinado a León, se le encarcela en el convento de San Marcos.

1643 Al producirse la caída del conde-duque de Olivares, es puesto en libertad y puede trasladarse a Madrid, aunque ya muy enfermo y quebrantado.

1644 Dedica la Vida de San Pablo a don Juan Chumacero.

1645 En enero se traslada a Villanueva de los Infantes, y allí muere el 8 de septiembre, en una celda del convento de Santo Domingo[1].


[1] La bibliografía sobre Quevedo es muy abundante. Una magnífica aproximación a su vida y obra puede verse en Ignacio Arellano, Francisco de Quevedo, Madrid, Síntesis, 2006. El Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra edita desde 1997 La Perinola. Revista anual de investigación quevediana (ISSN: 1138-6363), donde el lector interesado encontrará la bibliografía más completa y actualizada sobre el escritor.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (4)

La escena que sigue al pasaje de la genealogía de los Mendoza resulta muy significativa porque en ella la actuación de don García como gobernador se imbrica con el elemento religioso[1]. Ocurre que se ve pasar el Santísimo Sacramento que un sacerdote lleva a algún indio, y don García decide que vayan todos acompañándolo, porque el recibimiento preparado para él es mejor que se dedique a Dios; además, considera el encuentro como un buen pronóstico. Acto seguido, don Luis detiene a Villagrán por haberse alzado con el poder (vv. 1314 y ss.)[2], por orden de don García, quien en la escena anterior lo había tratado con mucha cortesía y miramiento. Inmediatamente después vemos a don García postrado en el suelo para que el Santísimo pase por encima de él. Entonces el propio Villagrán, al ver tal rasgo de piedad y humildad, reconoce la justicia de su detención, «que el que tanto en Dios se ajusta / con humilde corazón / no puede hacer cosa injusta» (vv. 1320-1322)[3].

Santísimo Sacramento

En este pasaje se da la autocaracterización de don García: sus hechos y palabras lo retratan en escena. En el siguiente bloque escénico será presentado por otros, concretamente desde el punto de vista araucano. En efecto, Caupolicán reprocha a Lautaro que esté descuidado en amores cuando ya se halla en Chile quien viene a combatirlos; los que le han visto llegar afirman que «es un valiente español» (v. 1396), pero Tucapel se pregunta:

¿Qué valiente puede ser
el que entra en Chile acortando
sus tributos y obligando
con blandura y sin poder? (vv. 1397-1400).

Por su parte, Colocolo menciona su «prudente valor» (v. 1405), con el que gana amigos y rinde enemigos. Hay un elogio indirecto en las palabras del anciano araucano, pues aunque pretenden generalizar, en realidad se inspiran en la actitud mostrada por don García al llegar a territorio chileno. Así le advierte a Caupolicán:

Si hay algo que os pueda dar
en su venida cuidado,
es solo el haber entrado
empezando a granjear,
que ese prudente valor
ha entrado ganando amigos
para hacer los enemigos
menos y rendir mejor.
Y cuidado es menester,
que los capitanes sabios
que entran deshaciendo agravios,
muy cerca están de vencer (vv. 1401-1412).

Entonces Caupolicán manda en embajada a Colocolo, para que diga a don García que se vuelva al mar si no quiere morir como Valdivia:

que solo le advierto yo
que ya el tiempo se acabó
en que estuvo introducida
su tirana potestad
y su ambiciosa intención
por divina imposición
de alguna oculta deidad (vv. 1422-1428).

Colocolo le previene de nuevo sobre la resuelta determinación de don García y le aconseja que no lo incite pasando al ataque:

Ya que siempre me decís
que en este valle araucano
sirvo de oráculo humano,
hoy mal camino elegís
si queréis amedrentar
al que de suyo nació
altivo y se resolvió
a morir o a conquistar (vv. 1437-1444).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[3] El episodio del paso del Santísimo está también en el Arauco domado de Oña, y Lope lo incluye asimismo en su comedia homónima, donde el gesto de don García sirve como ejemplo de piedad y humildad, tanto para los indios como para los españoles.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (2)

Frente a Arauco domado de Lope de Vega y Algunas hazañas de las muchas del marqués de Cañete de nueve ingenios, que ya desde el título ponen el énfasis en el aspecto bélico de la materia (don García como capitán capaz de someter la rebelión araucana), la pieza de Gaspar de Ávila focaliza su atención —ya lo observó José Toribio Medina— en la buena gobernación de don García[1]. El título de la comedia resulta, pues, bien significativo. Recordemos que, según las teorías sobre el buen gobierno vigentes en el Siglo de Oro, la prudencia era una de las principales virtudes que debía adornar al gobernante[2]. Copiaré la definición de prudencia que trae Autoridades:

Una de las cuatro virtudes cardinales que enseña al hombre a discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. […] Se toma también por cordura, templanza y moderación en las acciones.

En la obra de Ávila, esa caracterización de don García como buen gobernante, sabio y prudente pese a su mocedad (tiene unos veintidós años a su llegada a Chile), la encontramos destacada desde su primera aparición en escena hasta el cierre de la obra. En efecto, en la escena inicial de la segunda jornada, don Luis de Toledo, Villagrán y Bocafría comentan el próximo arribo del nuevo gobernador; Villagrán dice a don Luis que la llegada causará alegría:

porque este reino os concedo
que estaba menesteroso
del gobierno y la prudencia
de un pecho tan valeroso;
si bien, en la resistencia
que hace, estoy temeroso
de que es muy poco el poder
que el nuevo gobernador
trae, si pretende poner
freno al resuelto valor
de Arauco, a mi parecer (vv. 899-909)[3].

Hurtado de Mendoza, Villagra y Quiroga

Villagrán explica que los indios rebelados son «valentísimos soldados» (v. 913), que «saben rendir y matar / y ponen al pelear / el corazón en las manos» (vv. 917-919); y comenta que tratarlos con excesivo miramiento al comienzo de su mandato será contraproducente:

Y si los va acariciando
con blandura, el daño entiendo
que se irá multiplicando,
que han empezado venciendo
y han de proseguir negando (vv. 920-924).

Cuando le pregunta por su edad, don Luis responde que don García tiene veintidós años; y sigue este diálogo entre ambos:

VILLAGRÁN.- Pedía
esta empresa más edad,
que aunque es su capacidad
tanta como su osadía,
la experiencia suele hacer
lo más por sí, cuando ya
falta al valor el poder.

DON LUIS.- Si en eso el remedio está,
menos hay ya que temer.
En el juvenil ardor
del nuevo gobernador
viene la virtud cifrada,
la experiencia anticipada,
y en su ser propio el valor.
Que esta generosa rama
el antiguo fruto aclama
de aquel árbol de Mendoza,
por quien España se goza
con los triunfos de su fama.
Y porque ya la excelencia
de su sangre en dependencia
os permita mayor fe,
mientras él llega os diré
parte de su decendencia (vv. 926b-949).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Recuérdense algunos tratados como el Oráculo manual y arte de prudencia, de Baltasar Gracián; El gobernador cristiano, de Juan Márquez; Idea de un príncipe político cristiano, de Diego de Saavedra Fajardo, etc. Entre la bibliografía existente sobre la prudencia en Gracián, Cervantes, etc., baste recordar ahora trabajos como los de Aurora Egido, Las caras de la prudencia y Baltasar Gracián, Madrid, Castalia, 2000 y El discreto encanto de Cervantes y el crisol de la prudencia, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2011, o el de Ángel Pérez Martínez, El buen juicio en el «Quijote»: un estudio desde la idea de la prudencia en los Siglos de Oro, Valencia, Pre-Textos / Fundación Amado Alonso, 2005.

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (1)

Como ya anticipé en alguna entrada anterior, en esta comedia el elogio de don García Hurtado de Mendoza es total y abarca diversos aspectos: todo serán encomios, salvo alguna acusación aislada por parte de los indios, que en realidad se refiere más bien a la actuación de los gobernadores anteriores (codicia de Valdivia, imposición de tributos excesivos…)[1].

caupolican4En la Jornada I solo encontramos una alusión a don García, en el tramo final. Ocurre que este primer acto dramatiza los hechos históricos anteriores a su llegada a Chile, esto es, la rebelión araucana y la muerte de Valdivia. Se muestra en las escenas iniciales la elección de Caupolicán como capitán de los araucanos; se plantea la rivalidad amorosa de Tucapel y Lautaro por Guacolda; y apunta ya la importancia del binomio religión / superstición (episodios de las consultas al mágico Fitón y a Eponamón, divinidad araucana equiparada por los cristianos al Demonio). Esa primera alusión a don García tiene lugar precisamente cuando, tras su victoria, los araucanos acuden a honrar a su «Eponamón soberano» (v. 838[2]), quien les pide que se aperciban de nuevo para la pelea porque a los españoles les viene socorro desde el Perú:

… el hijo de aquel virrey
que allí gobierna prudente,
a su rey tan obediente
como observante en su ley,
viene ya surcando el mar.
Preveníos a la defensa,
porque es arrogante y piensa
que os ha de poder domar (vv. 862-869).

Como vemos, además del elogio al gobierno prudente del padre como virrey del Perú, obediente a su monarca (don García va a tener ese modelo), esta primera alusión —hecha desde el punto de vista del enemigo— presenta a don García como arrogante, pues «piensa / que os ha de poder domar». Las palabras resultarán proféticas a la larga, y la elección del verbo domar en esta primera alusión a don García no me parece gratuita, pues los espectadores ya sabían que su actuación daría como resultado final un Arauco domado.

En la segunda y la tercera jornadas la figura de don García dominará por completo el panorama, bien por su presencia efectiva en escena, bien por los elogios a su persona puestos en boca de los españoles y también de sus enemigos araucanos. Así, al comienzo del tercer acto se producirá un significativo diálogo entre los indios, que creen que don García ha quedado engañado y descuidado tras la falsa embajada de paz que le han enviado con Colocolo:

CAUPOLICÁN.- ¿Qué talle tiene?

COLOCOLO.- Valiente
parece.

RENGO.- ¿El rostro?

COLOCOLO.- Excelente.

LAUTARO.- ¿Airoso cuerpo?

COLOCOLO.- Bizarro,
aunque sin mucho desgarro,
que es reportado y prudente.
Con particular destreza
parece que en sus acciones
se extremó naturaleza
compasando sus razones,
su ingenio y su gentileza.
Y si puede el enemigo
obligarnos a respeto
y amor, claramente os digo
que le soy en lo secreto
del alma inclinado amigo (vv. 1814-1828).

Colocolo le pide que, si lo atrapa vivo, no lo mate, y Caupolicán así lo promete. A tal punto llega la admiración despertada por el enemigo español.

Tres son los aspectos del personaje de don García Hurtado de Mendoza que iremos examinando en sucesivas entradas: 1) su faceta como buen gobernante, destacada desde el propio título; 2) los elogios que se le dedican como militar; y 3) por último, pero muy importante, los aspectos religiosos unidos a su persona y actuación.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

El enfrentamiento entre Alonso de Ercilla y don García Hurtado de Mendoza (1)

Para comprender la razón última de la redacción de las diversas obras dramáticas del Siglo de Oro español que versan sobre las guerras de Arauco, varias de las cuales fueron un encargo por parte de la familia Hurtado de Mendoza, debemos remontarnos a algunos sucesos históricos anteriores[1]. Recordemos que La Araucana de Ercilla presenta la peculiaridad de ser un poema épico sin héroe: quien debería, sobre el papel, ser el protagonista principal de la epopeya tras la muerte de Valdivia, el nuevo capitán de las huestes españolas, don García Hurtado de Mendoza, aparece, sí, mencionado elogiosamente en algunas ocasiones, pero en modo alguno alcanza la categoría de héroe épico. Si queremos buscar un héroe en La Araucana, este sería colectivo: el pueblo mapuche en defensa a ultranza de su libertad; y, si hubiera que individualizarlo en la persona de uno de sus protagonistas, entonces tendríamos que pensar, sin duda, en el toqui Caupolicán.

Pues bien, la razón de ese retrato «de bajo perfil» —por así decir— con que aparece caracterizado el marqués de Cañete en La Araucana la tenemos en el enfrentamiento personal que tuvo lugar entre don García y Ercilla en la ciudad de La Imperial en 1558, que recogen los cronistas y que se menciona también en el juicio de residencia al gobernador, y que el propio soldado-escritor evoca en un par de ocasiones en su poema (se refiere a ello como «un caso no pensado»).

Alonso de Ercilla

En efecto, después del regreso de las tropas españolas de su expedición al canal de Chacao y el archipiélago de Chiloé, se celebraron en La Imperial unas fiestas y justas, en las que se produjo cierto incidente como resultado del cual Ercilla fue detenido por orden de don García y condenado a muerte, aunque luego esa pena le fue conmutada por la de destierro. Así lo evoca Góngora Marmolejo en su crónica:

Don García, estando en este tiempo en la Ciudad Imperial regocijándose en juegos de cañas y correr sortija, con otras maneras de regocijo, quiso un día salir de máscara disfrazado a correr ciertas lanzas en una sortija por una puerta falsa que tenía en su posada, acompañado de muchos hombres principales que iban delante, y más cerca de su persona don Alonso de Arcila, el que hizo el Araucana, y Pedro Dolmos de Aguilera, natural de Córdoba. Un otro caballero llamado don Juan de Pineda, natural de Sevilla, se metió en medio de ambos; don Alonso, que le vido venía a entrar entre ellos, revolvió hacia él echando mano a su espada; don Juan hizo lo mismo. Don García, que vido aquella desenvoltura, tomó una maza que llevaba colgando del arzón de la silla y, arremetiendo el caballo hacia don Alonso, como contra hombre que lo había revuelto, le dio un gran golpe de maza en un hombro, y tras de aquel otro. Ellos huyeron a la iglesia de Nuestra Señora y se metieron dentro. Luego mandó que los sacasen y cortasen las cabezas al pie de la horca; y él se fue a su posada y mandó cerrar las puertas, dejando comisión a don Luis de Toledo que los castigase; mas en aquella hora muchas damas que en aquella ciudad había, queriendo estorbar el castigo o que no fuese con tanto rigor, quitándole alguna parte del enojo, con algunos hombres de autoridad entraron por una ventana en su casa y se lo pidieron por merced. Condescendiendo a su ruego, los mandó desterrar de todo el reino[2].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Alonso de Góngora Marmolejo, Historia de todas las cosas que han acaecido en el Reino de Chile, ed. de Miguel Donoso, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2010, pp. 286-287.

Don García Hurtado de Mendoza en las comedias del Siglo de Oro sobre la guerra de Arauco (y 2)

En sus cuatro años de gobernación[1], 1557-1561, don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, había avanzado notablemente en la pacificación de aquel «Flandes indiano»[2] que fue Chile. Las tres obras dramáticas de encargo presentan, como es natural en piezas que nacen con voluntad panegírica, varios puntos en común a la hora de trazar la figura de don García con perfiles positivos, si bien cada una de ellas presenta sus propias peculiaridades o focaliza su atención en determinados aspectos.

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No voy a detenerme ahora en un comentario detallado de lo que sucede en Arauco domado y en Algunas hazañas, pero baste decir que en estas piezas —y lo mismo sucederá en El gobernador prudente— el elogio de don García lo vamos a encontrar puesto en boca de distintos personajes y se va a llevar a cabo desde múltiples perspectivas. Todos, hasta sus enemigos, ponderarán su nobleza, prudencia, valor, generosidad, espíritu de justicia, etc. Y, por supuesto, también sus propios hechos y sus palabras en escena servirán para trazar su idealizado retrato. Las palabras elogiosas, el reconocimiento de sus méritos y virtudes, aparecen continuamente y vienen de todas partes: lo elogiarán amigos y enemigos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con frases y expresiones que forman un panegírico completo. En efecto, todas las comedias nos lo presentan como un general valiente y previsor, generoso, nada codicioso (no son posibles las acusaciones de codicia porque, se insiste, la tierra de Chile es pobre), un magnífico gobernador, piadoso y cristiano, fiel a su rey y con un firme proyecto de pacificar el rebelde territorio araucano para lograr la consecución de una monarquía católica y universal. Lo vamos a ver con más detalle en las sucesivas entradas que dedicaremos al análisis de El gobernador prudente.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Por denominarlo con el sintagma que figura en el título de la crónica de Diego de Rosales. Para más detalles sobre la comedia que nos ocupa ahora, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.